El intento de salvar a Varta ha durado menos de dos años. La empresa de Ellwangen, referente en el mundo de las pilas y las baterías, anunció hace unas horas que se acoge a un procedimiento de insolvencia. El objetivo declarado es asegurar el futuro económico de la compañía y mantener vivas sus operaciones de la forma más sostenible posible. En la práctica, sin embargo, el movimiento abre la puerta a un desmantelamiento casi inevitable del grupo.
La joya de la corona se queda fuera del naufragio
La división de pilas de consumo, la más rentable del holding, no entrará en los procesos de insolvencia ni de la matriz ni de tres de sus filiales. Los acreedores, encabezados por Deutsche Bank y varios fondos de cobertura, tienen ya la intención de quedarse con Varta Consumer Batteries. Según el comunicado oficial, esta unidad está configurada de forma separada legal y operativamente, además de ser financieramente independiente. Su valoración ronda los 240 millones de euros, una cifra que la convierte en el activo más atractivo del grupo en estos momentos.
Apple corta el grifo y el mercado se complica para Varta
Varta atribuye la nueva crisis a un empeoramiento significativo de las condiciones del mercado, una menor demanda, efectos cambiarios negativos y, sobre todo, la decisión de un cliente clave de poner fin a su colaboración. Ese cliente es Apple. El gigante tecnológico estadounidense dejará de comprar las pilas de botón recargables CoinPower para sus AirPods en la planta de Nördlingen (Baviera) y pasará a adquirirlas en China. La fábrica bávara había sido ampliada de forma masiva hace solo unos años precisamente para atender este tipo de pedidos de alto volumen.
La empresa subraya que no se encuentra en situación de impago, pero advierte de que se dirige hacia el sobreendeudamiento si no recibe capital. Los actuales propietarios —Porsche y el empresario austriaco Michael Tojner— no han estado dispuestos a realizar una nueva inyección.
Las baterías europeas pierden la batalla de la competitividad
La pérdida del contrato con Apple no es un hecho aislado. Refleja un problema estructural más profundo y es que las baterías fabricadas en Europa siguen sin ser competitivas frente a las producidas en China. Costes laborales más elevados, mayor carga regulatoria y una escala de producción inferior hacen que los fabricantes del Viejo Continente tengan dificultades para igualar los precios y los plazos que ofrece la industria asiática. Cuando un cliente del tamaño de Apple decide trasladar sus pedidos a China, el golpe no solo reduce ingresos de forma inmediata, sino que confirma la debilidad de la posición europea en un mercado cada vez más dominado por los proveedores orientales. Para un fabricante histórico como Varta, esta pérdida de contratos ha acelerado el deterioro de sus cuentas y ha dejado al descubierto la fragilidad de su modelo de negocio en un entorno donde la competitividad en precio, innovación y volumen se ha convertido en el factor decisivo.
El rescate de 2024 no fue suficiente
Varta ya se había sometido en 2024 a un proceso de saneamiento bajo la ley de reestructuración StaRUG. Tras una serie de malas y costosas inversiones, la empresa no fue capaz de atender a sus deudas. En aquel momento, Porsche entró en el capital y tomó el control mayoritario del negocio de celdas de iones de litio (V4Smart), necesario para sus modelos eléctricos. Tojner, entonces accionista mayoritario, y Porsche aportaron una inyección de 60 millones de euros, excluyeron al resto de accionistas y retiraron a la compañía de bolsa. Los acreedores renunciaron a algo más de la mitad de sus créditos a cambio de participar en los beneficios futuros.
Ahora esos mismos acreedores se disponen a hacerse con la división de pilas de consumo.













