En las Montañas Nevadas de Nueva Gales del Sur, Australia, se está gestando una obra de ingeniería faraónica. Se llama Snowy 2.0 y es, en esencia, una gigantesca batería de agua. El proyecto, una ampliación del histórico Snowy Mountains Scheme de los años 50 y 60, conectará dos grandes embalses, Tantangara y Talbingo, mediante 27 kilómetros de túneles subterráneos y una central eléctrica construida a 850 metros bajo la superficie.
Su funcionamiento es tan brillante como sencillo: cuando hay excedente de energía solar o eólica (por ejemplo, al mediodía o en días muy ventosos), se usa esa electricidad sobrante para bombear agua desde el embalse inferior al superior. Cuando la demanda eléctrica se dispara (por la noche, sin sol), se suelta el agua almacenada arriba, que cae por los túneles moviendo turbinas y generando electricidad. Es como una inmensa pila hidráulica que permite guardar la energía renovable para usarla cuando realmente se necesita.
Pero antes de que esa montaña pueda almacenar y generar energía, hay que perforarla. Y para eso se necesitan tuneladoras gigantes. La pieza central del cabezal de corte de la tuneladora ‘Monica’ pesaba 137 toneladas y medía 7 metros de ancho: más que 20 camiones cargados juntos. Su traslado nocturno por las calles de Cooma, Australia, requirió un vehículo de 152 ruedas y meses de planificación. No era una mudanza cualquiera: era el pistoletazo de salida para la construcción de Snowy 2.0, una megabatería de agua limpia que dará energía a 3 millones de hogares.
Una mole de acero imposible de mover de una pieza
El componente más crítico de cualquier tuneladora es su cabezal de corte, el enorme disco frontal giratorio lleno de discos de metal que tritura la roca. Es el ‘corazón’ de la bestia. En el caso de Monica, ese cabezal completo pesa la friolera de 380 toneladas y mide 11 metros de diámetro. Obviamente, por carretera es imposible transportarlo así.
Por eso, los ingenieros lo dividieron en cinco grandes fragmentos. Pero incluso uno solo de esos fragmentos sigue siendo un monstruo de la ingeniería. Según los datos oficiales de Snowy Hydro, este bloque central pesa más de 137 toneladas (o 151 toneladas americanas) y tiene 7 metros de ancho.
137 toneladas equivalen al peso de 20 camiones de 7 toneladas completamente cargados sumados. O al de una manada de 20 elefantes africanos adultos. Esa mole de acero tuvo que ser transportada desde el puerto de Port Kembla (al sur de Sídney) hasta la remota obra de Marica, en lo alto de las Montañas Nevadas.
152 ruedas y un convoy de 73 metros: el vehículo que parecía una fábrica con patas
Para mover semejante peso, no vale cualquier camión. Hace falta una bestia especialmente diseñada. El transporte que se utilizó fue una carreta modular de 152 ruedas, un vehículo especial que se ensambla bajo pedido para cada carga extrema. El convoy completo medía 73 metros de largo. Eso es más que un campo de fútbol o que siete autobuses urbanos en fila.
Las 152 ruedas no son un adorno: distribuyen el peso colosal de la carga para no hundir el asfalto y poder maniobrar. Cada par de ruedas gira de forma independiente, lo que permite que el vehículo, pese a su tamaño, describa curvas imposibles y se adapte al terreno.
Pero este traslado no fue simplemente enganchar y arrancar. Fue una operación quirúrgica que duró varios meses de planificación. Y tuvo un ingrediente muy especial: se realizó de noche.
El sueño de la batería infinita
El traslado complicado, de madrugada y tras meses de planificación fue crucial para realizar un sueño. Una vez finalizado (previsiblemente en diciembre de 2028), este sistema, el Snowy 2.0., de almacenamiento tendrá una capacidad de 2.200 megavatios y podrá suministrar energía a tres millones de hogares australianos durante una semana entera.
Es como haber construido una presa, pero al revés: no solo genera electricidad, sino que guarda los excedentes de las renovables, que son intermitentes por naturaleza. Cuando hace viento de día, se bombea agua arriba; cuando hay una ola de calor por la noche y todo el mundo enciende el aire acondicionado, se suelta esa agua y se genera electricidad al instante.
Monica, una vez ensamblada y puesta en servicio en febrero de 2026, se encargará de excavar el tramo más complicado del túnel, atravesando la zona de falla de Long Plain, un terreno geológicamente muy inestable.
El traslado del cabezal de ‘Monica’ nos recuerda una lección fundamental: en la ingeniería a gran escala, a veces la logística es tan impresionante como la propia obra. Construir la batería de agua más grande del mundo no solo implica perforar montañas, sino también saber cómo mover 137 toneladas de acero por las calles de un pueblo sin romper ni un farola.













