Carlos Sainz vivió en la clasificación del Gran Premio de Miami la cruda realidad de su nueva etapa. En el segundo corte se quedó el madrileño, 14º. Ese es el techo de Williams ahora y parecería que también el suelo, gracias a las evoluciones aerodinámicas que ha presentado la escudería de Grove en Florida.
Un paso adelante que, sin embargo, sigue siendo insuficiente para pelear con los «gallos» de la parrilla en un sábado donde la igualdad volvió a ser la tónica dominante.
Y aquí es donde Carlos analiza con frialdad el momento del equipo, alejándose del pesimismo que suele rodear a un resultado fuera del ‘top 10’. «Lo veis por el lado negativo porque estamos a solo una décima de la P11, pero en las primeras carreras estábamos a seis o siete décimas», explicaba Sainz a este medio al bajarse del coche. Para el español, el avance es real y tangible, aunque la tabla de tiempos no siempre sea justa con el esfuerzo realizado en la fábrica durante las últimas semanas.
El madrileño no oculta que la frustración de quedarse fuera de la Q3 existe, pero prefiere mirar el dibujo completo de la temporada. «Hemos dado un paso razonable, es una pena que solo una décima te deje fuera de la Q3, pero al menos ya estamos en la pelea con los Haas, los RB y los Audi», señaló.
Sin embargo, el madrileño no se ha mostrado plenamente satisfecho. Reconoce que errores propios y falta de ejecución les ha costado posiciones clave. «Seguimos este fin de semana sin hacer las cosas perfectas y nos hemos dejado una decimita o dos que nos podían haber puesto undécimo«, ha dicho.
De todos modos, la situación en Williams ha cambiado drásticamente respecto al inicio del mundial en Australia, donde entrar en la segunda fase de la clasificación era poco menos que un milagro.
Carlos Sainz y Williams, todo un rompecabezas en Miami
Si antes la batalla era cerrar la clasificación junto a los equipos del fondo de la parrilla, ahora el objetivo es consolidarse como líderes de la zona media. «Antes ni siquiera podíamos pelear, estábamos Alex y yo solos atrás», recordaba Carlos con sinceridad. El paquete de mejoras funciona, ha dado estabilidad al eje delantero y ha mejorado la entrada en curva, pero aún falta entendimiento técnico para exprimir cada pieza nueva.
«Estamos teniendo algunos problemas para saber qué pieza entrega qué exactamente, necesitamos una semana para entender el paquete», admitió Sainz. Es el peaje habitual de introducir grandes novedades en un formato de Gran Premio con poco margen de maniobra. Williams ha apostado fuerte por Miami, pero el tiempo mantiene que todavía hay una brecha importante frente a los equipos con mayores recursos. El coche es más noble, sí, pero le sigue faltando recorrido.
Pese al optimismo moderado por el rendimiento, Carlos Sainz no oculta que el monoplaza todavía tiene deberes pendientes que lastran cada vuelta. «Sabemos que tenemos sobrepeso y que todavía faltan cosas por llegar, así que hay que mantenerse positivos», confesó. El lastre sigue siendo el gran enemigo del FW46, una herencia de un diseño invernal complicado que el equipo está limando carrera a carrera.
La mirada de Sainz está puesta ahora en la carrera del domingo. Sabe que el ritmo de carrera suele ser un aliado más fiel para Williams que la explosividad a una sola vuelta. «Salimos 14º, a solo tres o cuatro posiciones de los puntos. Si llueve, cualquier cosa puede pasar», avisó. En un circuito urbano tan propenso a los incidentes y a las banderas amarillas, la gestión de los neumáticos y la estrategia desde el muro serán vitales para que Carlos pueda remontar y pescar en río revuelto.





