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La UE prohibió el uso de este material tóxico en los coches y combustibles. Ahora una empresa lo ha convertido en oro gracias a la fusión nuclear y ha hecho tambalear las bolsas de medio planeta

La UE prohibió el uso de este material tóxico en los coches y combustibles. Ahora una empresa lo ha convertido en oro gracias a la fusión nuclear y ha hecho tambalear las bolsas de medio planeta

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Por: Luis Reyes

Publicado: 26.10.2026 12:09

Pocas sustancias han caído en desgracia tan rápido en la industria del motor como el mercurio. Lo que un día fue una solución ingeniosa para encender luces o afinar sensores terminó en la lista negra de Bruselas. Ahora, ese mismo elemento protagoniza uno de los anuncios científicos más comentados del año.

Una joven empresa californiana, Marathon Fusion, asegura haber logrado lo que los alquimistas persiguieron durante siglos sin éxito: obtener oro auténtico a partir de mercurio.

Un veto europeo con más de dos décadas

Desde julio de 2003, Europa no permite que los vehículos que salen a la venta incorporen mercurio. La misma restricción alcanza al plomo y al cadmio, dos metales pesados con una reputación igual de dudosa. En España, el marco que ordena esta cuestión es el Real Decreto 265/2021, que adapta a la legislación nacional lo fijado por las directivas comunitarias.

Cualquier vehículo veterano que acabe sus días en un desguace, debe pasar antes por una descontaminación a fondo. Los operarios tienen que localizar y extraer las piezas que contienen este metal antes de que la carrocería se convierta en chatarra reciclable.

Las mil vidas del mercurio bajo la chapa

¿Y dónde se escondía exactamente? En lugares que ni siquiera se te pasarían por la cabeza. Uno de sus usos más curiosos tenía que ver con la bombilla que se enciende al levantar el capó o abrir el portón trasero. Dentro de un recipiente minúsculo, una gota de metal líquido rodaba con la inclinación de la tapa y cerraba el circuito.

Hubo fabricantes que también lo emplearon en los sistemas antibloqueo de frenos de ciertos todoterrenos antiguos, donde unos interruptores basados en mercurio ayudaban a calcular con qué intensidad perdía velocidad el coche. Los primeros faros de xenón guardaban vapor de mercurio en sus lámparas, aunque las generaciones posteriores ya prescinden de él. Incluso las pantallas de los primeros navegadores integrados escondían pequeñas cantidades en los tubos fluorescentes que las iluminaban.

Qué ha conseguido exactamente Marathon Fusion

La compañía, afincada en San Francisco, defiende que su resultado supera en diez veces la marca alcanzada por el CERN en 2025, considerada hasta ahora el referente en producción artificial de oro. Hay quien ya habla del primer oro verdadero «cosechado» en un laboratorio.

Conviene tomarlo con pinzas porque hay algo peligroso en el método usado. Que la transmutación es posible desde el punto de vista científico no lo discute nadie; lo que está por demostrar es su alcance real y su seguridad.

Una metamorfosis que dura menos de tres días

El procedimiento arranca con un isótopo muy concreto, el mercurio-198. Cuando recibe el impacto de los neutrones que libera una reacción de fusión, ese núcleo pasa a ser mercurio-197, una variante inestable. A partir de ahí solo hay que esperar. En unas 64 horas, ese mercurio se desintegra y da lugar a oro-197, el mismo oro estable que se trabaja en joyería o se funde en lingotes. El oro resultante es idéntico al de toda la vida.

El principal problema de este hallazgo es que Marathon Fusion no ha precisado qué cantidad de oro obtuvo en la prueba. Lo que sí ha trascendido es que se mueve en el orden de los picogramos, una cifra inapreciable para el ojo humano.

Tras esto y como cabria esperar, por internet han proliferado mensajes que vaticinan un oro tan barato como el latón pero esto hay que cogerlo con pinzas también.

Dos toneladas que hay que poner en contexto

El dato que ha desatado la imaginación de los inversores procede de un trabajo publicado en 2025, en el que se basan los cálculos de la empresa. Según esas estimaciones, una central de fusión de un gigavatio podría generar cerca de dos toneladas de oro cada año pero el problema no es que se pueda hacer realidad, sino que el material resultante sería radioactivo durante al menos 14 años.

Las minas de todo el planeta producen alrededor de 3.600 toneladas anuales. Una única planta de fusión apenas arañaría una fracción minúscula de ese volumen, y harían falta cientos de instalaciones similares para notar algo en los precios. A eso se suma un problema mayor, porque la fusión comercial todavía queda a 10 o 12 años vista.

Los más alarmistas recuerdan lo que ocurrió con los diamantes. Las gemas creadas en laboratorio desembarcaron en el mercado, su fabricación creció a toda velocidad y el precio de las piedras naturales se hundió. De repente, estas tuvieron que medirse con un rival prácticamente idéntico en su composición y mucho más económico.

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