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Francia se gastó 5 millones en la primera carretera del mundo que daba electricidad al pisarla y le salió el tiro por la culata: prometía alimentar un pueblo entero y en tres años daba la mitad, hacía ruido y se caía a pedazos

Francia se gastó 5 millones en la primera carretera del mundo que daba electricidad al pisarla y le salió el tiro por la culata: prometía alimentar un pueblo entero y en tres años daba la mitad, hacía ruido y se caía a pedazos

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 06.06.2026 13:00

En un mundo que avanza con marcha firme hacia la sostenibilidad con la electrificación del parque automovilístico e industrial, buscando energías cada vez más sostenibles y baterías más duraderas y menos contaminantes, en muchos casos los avances llegan con el método prueba-error. Es decir, hay muchas ocurrencias e innovaciones que en teoría van a ser revolucionarios y cambiar la realidad tal y como la conocíamos, pero en la práctica se convierten en un fiasco. A gran escala y con todos los elementos en juego, no todo sale bien. 

Si no que se lo digan a los franceses que invirtieron 5 millones de euros en construir un tramo de carretera que generaba electricidad al circular por ella, pero, spoiler, no salió bien. En 2016, el mundo miraba fascinado a Normandía. Allí, la entonces ministra de Medio Ambiente francesa, Ségolène Royal, inauguraba el que sería el primer tramo de carretera solar del mundo. Un kilómetro de longitud, 2.800 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos adheridos al pavimento, capaces de soportar el peso de los coches y, al mismo tiempo, generar suficiente electricidad para alimentar un pueblo entero de hasta 5.000 habitantes.

Sobre el papel sonaba de lujo y prometía ser una revolución energética. Pero la realidad, como suele ocurrir en ingeniería, fue mucho más prosaica. Menos de tres años después, el proyecto era un desastre: la producción eléctrica era ridícula, el pavimento se desmoronaba, el ruido de los coches era insoportable y los tractores agrícolas de la zona habían terminado de destrozar la instalación.

El fracaso en cifras: de prometer un pueblo a alumbrar media docena de casas

Cuántas veces nos habrá pasado en nuestra casa de pensar un invento para solucionar un problema cotidiano del hogar. En nuestra cabeza suena a solución mágica y perfecta, pero cuando la ponemos en práctica… la historia cambia. En ese caso, no afecta a los demás y la inversión está muy lejos de los 5 millones de euros que gastaron en Francia en una carretera que fue un fracaso total.

Lo más espectacular del fracaso es la diferencia entre lo prometido y lo obtenido. El tramo, construido por la empresa Colas Wattway, debía producir nada menos que 790 kilovatios hora (kWh) al día. Con esa energía se podía iluminar un municipio de 3.000 a 5.000 habitantes. Sin embargo, ya en su primer año solo generó 149.459 kWh en todo el año, es decir, una media de 409 kWh al día. Solo el 52% de lo esperado.

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Pero lo peor vino después: en el segundo año cayó a 78.397 kWh (215 kWh/día) y en los primeros siete meses de 2019 solo produjo 37.900 kWh (unos 180 kWh/día). Es decir, al final apenas generaba. Este desplome progresivo de la producción ya daba una pista de lo que pasaba: los paneles se iban degradando a gran velocidad.

Problema 1: el desgaste físico. El asfalto no está hecho para ser frágil

Una carretera normal debe aguantar el paso de miles de vehículos al día, incluyendo camiones pesados y, en este caso, tractores agrícolas que circulaban por la zona. Los paneles solares llevan una capa superficial de vidrio (o un material transparente especial) para proteger las células fotovoltaicas. Pero ese material, por muy resistente que sea, no está diseñado para soportar el rozamiento continuo de los neumáticos, el impacto de las piedras que saltan o la abrasión de la suciedad.

El resultado fue que, a los pocos meses, el pavimento comenzó a desprenderse en trozos. En mayo de 2019, tuvieron que eliminar un subtramo de 100 metros que estaba tan dañado que ni siquiera valía la pena repararlo. Además, las tormentas eléctricas y las hojas de los árboles caídas que se pudrían sobre los paneles aceleraron el deterioro. Una carretera no es una azotea donde alguien limpia las placas cada cierto tiempo. Nadie barre un kilómetro de autovía a diario.

Problema 2: el ruido. Conducir sobre una tabla de rallar

Otra consecuencia imprevista fue el ruido. Al pasar los vehículos sobre la superficie rugosa y con pequeñas juntas entre paneles, el sonido era muy superior al de un asfalto convencional. Los vecinos de la zona se quejaron y la solución fue reducir la velocidad máxima en ese tramo a 70 km/h, en lugar de los 90 km/h habituales.

Problema 3: la eficiencia energética

Una placa solar funciona mejor cuando está orientada al sol con un ángulo determinado. Una carretera, en cambio, es completamente plana y, salvo curvas, mira hacia arriba sin orientación preferente. Esto ya supone una pérdida de entre el 20% y el 40% de la energía capturable.

Además, los paneles de las carreteras necesitan una protección extra para aguantar el peso de los coches. Esa capa adicional reduce la luz que llega a las células solares. Los ingenieros calculan que esta sobrecubierta resta otro 10-15% de eficiencia. Algo a lo que hay que añadir la suciedad, barro, hojas… que fueron acumulando.

Un experimento útil para aprender lo que no hay que hacer

Los propios responsables de Colas Wattway terminaron admitiendo el error. Étienne Gaudin, jefe de la compañía, declaró sin ambages: «El sistema no está maduro para tráfico de larga distancia y la lógica de la producción de energía es, de hecho, irrelevante».

Cualquier persona con dos dedos de frente se pregunta: si tienes 5 millones de euros para instalar placas solares, ¿por qué demonios las pones en el suelo, donde las aplastan los coches, se ensucian, se rompen y reciben el sol en mala posición?. En ciencia y en ingeniería, los fracasos también son lecciones. El experimento de la carretera solar de Normandía sirvió para demostrar de forma concluyente que mezclar tráfico rodado y generación fotovoltaica en la misma superficie es una pésima idea.

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