Europa lleva tres años repitiendo la misma frase: hay que dejar de depender de China para fabricar los motores del coche eléctrico. China controla el 92% del refinado mundial de tierras raras y el 60% de la minería, las dos llaves que abren el grifo de los imanes permanentes que mueven cualquier motor eléctrico moderno y cualquier aerogenerador.
Mientras Bruselas mantiene aranceles vigentes a los eléctricos chinos y negocia con Pekín los precios mínimos para sustituirlos, una minera estatal sueca lleva tres años perforando un túnel a casi un kilómetro bajo tierra, en el norte ártico, para confirmar un yacimiento que podría cambiar el equilibrio europeo. El expediente judicial entra ahora en una fase decisiva. La letra pequeña es lo que se cuenta menos: cuándo, exactamente, va a empezar a salir mineral de allí.
Qué es Per Geijer y por qué lleva el nombre de un geólogo sueco
El yacimiento se llama Per Geijer y está en Kiruna, Norrbotten, unos 200 kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico. Lo descubrió y lo está desarrollando LKAB, la minera estatal sueca Luossavaara-Kiirunavaara AB, fundada en 1890 y operadora del mayor complejo de extracción de mineral de hierro de Europa. El nombre del depósito es un homenaje al geólogo Per Geijer.
La historia empieza en enero de 2023, cuando LKAB anunció que había encontrado, justo al lado de la mina activa de Kirunavaara, un cuerpo mineral con más de un millón de toneladas in situ de óxidos de tierras raras. Era ya entonces el mayor yacimiento conocido de tierras raras en Europa. Desde entonces, dos campañas de exploración sucesivas han ido elevando la cifra. En la última actualización de recursos minerales, comunicada por LKAB al cierre de 2025, Per Geijer contiene aproximadamente 1.300 millones de toneladas de mineral de hierro y fósforo, con un recurso inferido de 2,2 millones de toneladas de óxidos de tierras raras in situ. Esa cifra ha doblado la estimación de 2022.
Per Geijer no es un yacimiento puro de tierras raras. Es básicamente un depósito de hierro con concentraciones excepcionalmente altas de fósforo y tierras raras dentro del mineral apatita. Esa peculiaridad geológica es lo que abre la puerta económica al proyecto: las tierras raras saldrían como subproducto del mineral de hierro que LKAB ya extrae, sin necesidad de abrir una mina dedicada solo para ellas. La concentración de óxidos de tierras raras es diez veces superior a la del mineral que se procesa hoy en Kiruna. Según declaraciones de la propia LKAB a Reuters, el yacimiento tiene potencial para cubrir hasta el 18% de la demanda europea de tierras raras cuando alcance plena producción.
Para qué sirve esto en el motor de tu próximo coche eléctrico
Las tierras raras son un grupo de diecisiete elementos químicos con propiedades magnéticas, ópticas y catalíticas que no tienen sustituto industrial conocido. En el coche eléctrico la pieza clave es el imán permanente del motor síncrono, que es lo que mueve la mayoría de eléctricos en circulación. Ese imán se fabrica fundamentalmente con dos elementos: neodimio y praseodimio, dos tierras raras ligeras. Hay otras aplicaciones técnicas, como las trampas catalíticas y los sensores, pero el grueso de la demanda automovilística viene por la vía del imán.
El problema lo conoce cualquier ingeniero del sector. Europa apenas extrae tierras raras y prácticamente no las refina. El mineral, aunque salga de Suecia, tiene que viajar fuera de la Unión para acabar dentro de un imán. China ha construido durante tres décadas la cadena industrial completa, desde la mina hasta la planta de imanes, y hoy domina el segmento. Cualquier rotura geopolítica afecta directamente al precio y al plazo de entrega de los motores eléctricos que se fabrican en España, Alemania o Francia.
Per Geijer no es la única respuesta europea. Noruega anunció en 2024 un depósito todavía más grande en la región de Telemark. Pero Per Geijer es el más maduro, el primero con permisos en curso y el primero al que Bruselas ha dado luz verde estratégica. El 25 de marzo de 2025, la Comisión Europea otorgó al proyecto el estatus de «Proyecto Estratégico» dentro del marco del Critical Raw Materials Act, lo que en teoría acelera los plazos de permiso a un máximo de 27 meses.
De dónde sale el cálculo de 64.000 millones de euros
La cifra que ha popularizado la prensa europea estos meses es 64.000 millones de euros, una estimación de valor del yacimiento que conviene leer con cuidado. No es una cifra oficial de LKAB. Es un cálculo periodístico que aplica los precios actuales de los óxidos de tierras raras en el mercado internacional a la cantidad de mineral inferido in situ. Lo que LKAB sí ha publicado son las toneladas y los grados de concentración. Lo que la empresa va a poder extraer económicamente del subsuelo, y a qué precio, depende de variables que todavía no están cerradas: viabilidad técnica del procesado, evolución de precios, costes de extracción a casi un kilómetro de profundidad y, sobre todo, los permisos.
92%
60%
hasta 18%
prácticamente 0%
LKAB ha invertido aproximadamente 800 millones de coronas suecas, en torno a 70 millones de euros al cambio actual, en una planta de demostración en Luleå que debería entrar en operación a finales de 2026, según el calendario que la empresa sigue manteniendo a mayo de este año. Esa planta no es la mina. Es la instalación que va a validar el proceso químico de separación de fósforo y tierras raras a partir del concentrado de apatita procedente del mineral de hierro. Solo cuando esa validación esté hecha, LKAB tomará la decisión de inversión final sobre el complejo industrial completo, valorado en hasta 10.000 millones de coronas suecas y unos 500 empleos. La puesta en marcha del primer arranque industrial está fechada en 2027. La producción a plena capacidad no llegaría hasta bien entrada la década de 2030. El concentrado refinado, además, viajará a Noruega, a la planta que la empresa REEtec está construyendo en Herøya y de la que LKAB es socio mayoritario.
Los renos, los samis y por qué la cuenta atrás del permiso no es lineal
LKAB todavía no tiene el permiso minero. Y la teoría regulatoria del CRMA, esos 27 meses como plazo máximo, choca con la realidad sobre el terreno. La directiva sueca de minas obliga a un proceso que incluye consulta a las comunidades afectadas, evaluación ambiental y revisión por el Tribunal de Tierras y Medio Ambiente, cuya audiencia principal sobre el complejo industrial de Luleå está fijada precisamente para finales de este mes de mayo de 2026. La decisión judicial se espera durante o después del verano.
La voz que más ruido está haciendo en ese expediente es la de la comunidad indígena sami de Gabna, cuyas rutas tradicionales de pastoreo de renos atraviesan exactamente la zona del yacimiento. Lars-Marcus Kuhmunen, presidente de la comunidad Gabna, lleva más de un año advirtiendo de que si Per Geijer avanza, la ruta de migración entre los pastos de verano en la montaña y los pastos de invierno se cortará. La comunidad maneja entre 2.500 y 3.000 renos y ha llevado el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Ingenieros de LKAB familiarizados con el proceso administrativo sueco han llegado a hablar de plazos reales de hasta diez años para conseguir el permiso, más un par de años adicionales para construir la mina. El cálculo optimista coloca el primer mineral de Per Geijer en el mercado europeo bien entrada la próxima década.
Para el comprador de hoy, la conclusión práctica es seca. Si te compras un coche eléctrico en 2026 o 2027 en España, los imanes permanentes de su motor casi con toda probabilidad llevan tierras raras refinadas en China. Si el próximo coche eléctrico llega en 2032 o 2033, la cuenta puede haber empezado a cambiar. Pero entre la cifra del titular y el imán dentro del motor hay un túnel ártico, una planta de demostración, un complejo industrial todavía sin permiso, una refinería noruega en construcción y una comunidad sami que está peleando por no ser arrollada por la transición energética europea. Que no es poco.













