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Han conseguido encerrar la energía de las estrellas durante 22 minutos: un reactor en Francia acaba de batir el récord del ‘sol artificial’ y acerca como nunca la energía limpia y casi infinita

Han conseguido encerrar la energía de las estrellas durante 22 minutos: un reactor en Francia acaba de batir el récord del ‘sol artificial’ y acerca como nunca la energía limpia y casi infinita

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 04.06.2026 18:00

La ruta de los científicos hoy en día está clara. Se está recorriendo un camino cada vez más decidido hacia energías limpias y sostenibles. El objetivo es claro: se buscan alternativas que reduzcan la contaminación y ayuden a cuidar el planeta, pero algunas de esas soluciones parecen sacadas de una novela de ciencia ficción. Y es que la energía no siempre tiene que generarse únicamente aquí, en la Tierra. De hecho, gran parte de la energía que utilizamos tiene su origen, directa o indirectamente, en las estrellas. El Sol, por ejemplo, alimenta la energía solar y también influye en procesos naturales que dan lugar a otras fuentes renovables. Así, mirar al cielo puede ser también una forma de imaginar el futuro energético.

Durante más de 22 minutos, un reactor en Francia contuvo plasma a 50 millones de grados. El logro no es solo un récord: es la prueba de que confinar la energía de las estrellas de forma sostenida es posible, un paso imprescindible en el camino hacia una electricidad inagotable y sin emisiones.

No deja de ser sorprendente que, en términos mundanos, podamos pensar en encender una pequeña estrella en una caja y usar su calor para producir luz y electricidad en casa. Todo esto sin riesgo de explosión, sin humo, sin residuos que duren milenios. Ese sueño científico está hoy más cerca que nunca. Un reactor experimental en el sur de Francia, llamado WEST, mantuvo el 12 de febrero de 2025 un plasma durante 1.337 segundos: casi 22 minutos y medio. Con ello superó en un 25 % la marca mundial que China había fijado pocas semanas antes con su reactor EAST (1.066 segundos), y multiplicó por más de tres su propio récord anterior, de 364 segundos en 2024.

Vamos a intentar explicar este gran hito para que todos lo entendamos. Pensemos en la fusión nuclear como si fuese el proceso que enciende el Sol. Dentro del astro Rey los átomos de hidrógeno se unen entre sí para formar helio. Cuando ocurre esa unión, se libera muchísima energía, que es la que hace que el Sol brille. Los científicos quieren reproducir ese proceso en la Tierra para obtener energía limpia. Para ello usan dos tipos especiales de hidrógeno, llamados deuterio y tritio.

El problema es que, para que se fusionen, hay que calentarlos a temperaturas extremadamente altas (más calientes que el centro del Sol). A esa temperatura se convierten en un plasma, que es un gas tan caliente que sus átomos se separan en partículas cargadas eléctricamente. El reto está en controlar ese plasma el tiempo suficiente para que sea útil.

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Este nuevo logro, aunque 22 minutos no pueda parecer mucho, demuestra que se están dando pasos para encerrar la energía de las estrellas el tiempo suficiente para abrir la puerta a que la energía de fusión deje de ser un experimento de laboratorio y se convierta en una futura central eléctrica real.

Conviene matizar una cosa importante para no confundirse: WEST no llegó a producir energía de fusión en esta prueba. Lo que mantuvo durante esos 1.337 segundos fue un plasma de hidrógeno corriente, no la mezcla de deuterio y tritio que sí «quemarán» las futuras centrales. El objetivo no era generar electricidad, sino comprobar hasta cuándo se puede sostener el plasma estable y cómo aguantan los materiales del reactor ese castigo. Es un récord de duración y control, no de potencia. El récord de energía producida lo sigue teniendo el reactor europeo JET (Reino Unido), que llegó a 69 megajulios en un pulso de apenas cinco segundos. Son dos retos distintos: uno mide cuánto aguanta el plasma; el otro, cuánta energía suelta. Una central comercial tendrá que ganar los dos a la vez.

RÉCORD MUNDIAL
DURACIÓN DEL PLASMA
1.337 s
22 min y 17 s de plasma estable
TEMPERATURA
50 millones °C
unas tres veces el núcleo del Sol
ENERGÍA INYECTADA
2,6 GJ
para calentar y sostener el plasma
REVESTIMIENTO
Tungsteno
funde por encima de 3.400 °C

Un horno de 50 millones de grados que no derrite la caja

El mayor desafío técnico para la fusión nuclear es el calor extremo. Para que los núcleos de hidrógeno se fusionen, hay que calentar el plasma a unos 50 millones de grados Celsius. A esa temperatura, cualquier material conocido se vaporiza al instante. Entonces, ¿cómo se puede contener algo así sin que todo se derrita?

La respuesta ingeniosa es no dejar que el plasma toque las paredes. El reactor WEST utiliza unos imanes gigantes que crean un campo magnético en forma de rosca (un diseño llamado «tokamak»). Ese campo actúa como una jaula invisible que mantiene el plasma flotando en el centro de la cámara. Pero por muy bien que funcione la jaula, siempre hay pequeñas partículas que escapan y golpean las paredes. Ahí es donde entra el material.

El récord se ha logrado gracias al uso de tungsteno para revestir el interior del reactor. De hecho, WEST significa precisamente «Tungsten (W) Environment in Steady-state Tokamak», es decir, un tokamak diseñado en torno a este metal. El tungsteno es el metal con el punto de fusión más alto de todos los que conocemos (más de 3.400 °C). Es como si forráramos el horno con un material que aguanta el calor de un volcán. Sin embargo, el tungsteno tiene una trampa: si alguna partícula de este metal se desprende y cae dentro del plasma, lo enfría inmediatamente y apaga la reacción. Para calentar y estabilizar el plasma durante todo ese tiempo, los técnicos inyectaron 2 megavatios mediante una antena de radiofrecuencia que acelera los electrones y mantiene la corriente dentro del reactor.

¿Por qué 22 minutos son mucho más que un récord?

El reto en la fusión nuclear ha sito mantener la reacción de forma estable durante minutos o, en el futuro, durante horas. Porque una central eléctrica no puede encenderse y apagarse cada pocos segundos; necesita producir energía de manera continua.

El récord de 1.337 segundos supera la barrera psicológica de los 20 minutos y aporta datos cruciales sobre cómo se comporta el plasma en lo que llaman «fase estacionaria». Ese control durante algo más de veinte minutos hace que los ingenieros puedan estudiar fenómenos que antes eran imposibles de observar, como la erosión del tungsteno a largo plazo o la acumulación de impurezas.

Merece la pena entender el contexto de esta carrera, porque va a velocidad de vértigo. El reactor chino EAST había pasado de 403 segundos en 2023 a 1.066 segundos en enero de 2025, y semanas después WEST le arrebató la corona con sus 1.337 segundos. No es una rivalidad estéril: cada salto enseña a la comunidad internacional algo nuevo sobre cómo domar un plasma durante más tiempo, y todos esos datos terminan alimentando el mismo proyecto, ITER.

Para que te hagas una idea, durante la prueba se inyectaron 2,6 gigajulios de energía. Esto es suficiente para alimentar a varios cientos de hogares durante esos mismos 22 minutos. Pero ojo: la prueba no estaba diseñada para producir electricidad, sino para demostrar estabilidad. Es decir, es como si probaras el motor de un coche pero sin hacer girar las ruedas: sabes que funciona, pero no lo has puesto en práctica.

El trampolín hacia ITER y la electricidad limpia

Junto al reactor WEST se está construyendo ITER, el proyecto internacional de fusión más ambicioso del mundo. Lo impulsan siete miembros —la Unión Europea, China, Estados Unidos, Rusia, India, Japón y Corea del Sur— con la participación de más de 35 países. ITER es mucho más grande que WEST y estará diseñado para producir, por primera vez, mucha más energía de la que consume: el objetivo es generar unos 500 megavatios de potencia de fusión a partir de apenas 50 de calentamiento, una relación de diez a uno. Pero para que ITER funcione correctamente, necesita saber cómo se comportan los materiales y el plasma durante periodos largos. Lo aprendido en WEST es como las pruebas de choque de un coche nuevo antes de lanzarlo al mercado.

El propio calendario de ITER da una idea de lo difícil que es esto. En 2024 el proyecto rehízo su hoja de ruta: el arranque de las operaciones científicas, con plasmas de hidrógeno y deuterio, se trasladó a 2034, y la fase con el combustible real de deuterio y tritio no llegará hasta 2039. En esa misma revisión decidieron, además, sustituir el berilio por tungsteno en la primera pared del reactor, justo el material que WEST está ayudando a poner a prueba. Los responsables esperan que los primeros prototipos de centrales eléctricas de fusión lleguen alrededor de 2050.

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