ES NOTICIA
¿Ya nos sigues en Google? Síguenos en tu feed de Discover Seguir
Mientras las marcas presumen de motores eléctricos en sus barcos de lujo, un agricultor chino demuestra con 40.000 yuanes que su submarino casero también navega bajo el agua

Mientras las marcas presumen de motores eléctricos en sus barcos de lujo, un agricultor chino demuestra con 40.000 yuanes que su submarino casero también navega bajo el agua

{{author_name}}

Por: Autonoción Redacción

Publicado: 06.06.2026 11:00

Si pensamos en innovación pensamos en grandes inversiones y laboratorios, pero a veces solo hace falta tener una idea y pensar la forma más sencilla de llevarla a cabo. Eso ha sucedido en China con un jubilado que ha dado en las narices a la industria. Mientras los magnates de la tecnología compiten por ver quién tiene el mayor yate de lujo con propulsión eléctrica, en una remota provincia de China, un agricultor de 60 años acaba de meter un submarino casero en el agua. Y funciona.

Se llama Zhang Shengwu, vive en Anhui, y jamás pisó una facultad de ingeniería. Pero tras una década de trabajo, soldaduras nocturnas y un presupuesto total de 40.000 yuanes (unos 5.600 dólares), ha logrado lo que muchas empresas no consiguen: que su sumergible, bautizado como «Big Black Fish» («Gran Pez Negro»), navegue sumergido, respire bajo el agua y regrese a la superficie sin ayuda externa.

Esta historia no es una rareza más. Es una lección de ciencia aplicada, de perseverancia y, sobre todo, de cómo entender las leyes de la física puede ser más valioso que un gran presupuesto. Porque para que un objeto de cinco toneladas de acero se hunda y vuelva a flotar a voluntad, no hacen falta ordenadores ni titanio. Hace falta un principio tan sencillo como el de una bañera.

El reto de lo imposible: hacer flotar (y hundir) cinco toneladas de chatarra

Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos visto jugando en la piscina o la playa con una pelota que hemos intentando hundir y que ha salido disparada hacia arriba de vuelta. Lo hace porque el aire dentro de ella la empuja hacia arriba. Esa fuerza se llama empuje hidrostático. Un barco flota porque, aunque sea de acero, su forma hueca desplaza mucha agua, y el peso del agua desplazada es mayor que el peso del barco.

Un submarino, en cambio, quiere ser un camaleón y adaptarse a muchas situaciones: a veces flota como una pelota, a veces se hunde como una piedra. ¿Cómo lo logra? Aquí aparece el concepto estrella: los tanques de lastre. Estos tanques funcionan como si fuesen unos pulmones, cuando el submarino tiene que sumergirse, abren unas válvulas dejando entrar agua y así volviéndose más pesado. Cuando quiere subir, inyecta aire a presión para expulsar esa agua, se aligera y asciende.

Únete a la conversación · El Garaje
227 propietarios compartiendo experiencias reales

Zhang, que fue carpintero en astilleros, lo resolvió con dos tanques laterales de agua y dos toneladas de hormigón fijas en el fondo. El hormigón actúa como un ancla interna: baja el centro de gravedad y evita que el submarino dé vueltas. Los tanques de agua hacen el resto. Un mecanismo tan simple como efectivo.

El ‘Big Black Fish’: especificaciones de un submarino nacido en un taller rural

El resultado de todo este ingenio artesanal es una nave de siete metros de eslora, 1,8 metros de alto y cinco toneladas de peso. Tiene capacidad para dos personas (el propio Zhang y un acompañante) y, tras las pruebas realizadas en el río cercano a su casa, ha demostrado unas prestaciones que sorprenderían a más de un ingeniero titulado.

Puede descender hasta los 8 metros sin sufrir filtraciones. Para que te hagas una idea, es la altura de un edificio de tres plantas. Por otro lado, se mantiene sumergido durante 30 minutos. No es un mes como los submarinos nucleares, claro, pero es más que suficiente para demostrar que el concepto funciona.

En cuanto a velocidad, alcanza los 4 nudos (unos 7,4 km/h), la velocidad de una persona caminando apresuradamente bajo el sol. Lo más sorprendente de todo es que el submarino usa un motor eléctrico alimentado por baterías, y Zhang ha logrado que todo el sistema eléctrico funcione de forma hermética y segura bajo el agua.

Más que ciencia, perseverancia

Lo que hace especial a esta historia no es solo la hazaña técnica, sino el contexto humano. Zhang Shengwu no tiene un laboratorio ni inversores. Aprendió a soldar, a calcular la flotabilidad y a gestionar baterías él solo, a base de manuales, foros de internet y noches enteras de prueba y error.

Recordando su infancia junto al río y los barcos que construía de madera, se respondía a sí mismo con una frase sencilla ante las peticiones de su entorno de parar: «Si otros pueden hacerlo, yo también puedo». Esa convicción le llevó a invertir más de una década de su vida en un sueño que muchos calificarían de locura.

Es inevitable hacer una comparación. Mientras marcas de lujo presentan yates eléctricos de fibra de carbono con acabados de lujo y precios millonarios, un jubilado chino con chatarra y baterías ha conseguido un hito que muy pocos ingenieros navales han logrado: que una nave de superficie se convierta en submarino por voluntad propia.

La tecnología es el futuro, sin duda, pero no hay que olvidar que la esencia de la ingeniería no es el dinero, sino entender los principios básicos: el empuje de Arquímedes, la presión hidrostática y la gestión del lastre. Con eso, y una buena dosis de paciencia, se pueden hacer cosas increíbles.

Zhang ya tiene nuevos planes. Quiere instalar un sistema de purificación de oxígeno y un periscopio con un alcance de dos kilómetros. Habrá que seguir las evoluciones del «Gran Pez Negro».

EL GARAJEvia El Garaje

¿Acertamos o la liamos?

Entras con Google al publicar
NOVATOPROPIETARIOVETERANOEXPERTOLEYENDA ★
EL GARAJEComunidad del motor
Visitar →
autonoción · El Box