La Fórmula 1 vive un momento de fractura total entre sus dirigentes y la afición. Tras un inicio de 2026 marcado por el rechazo al nuevo reglamento, Stefano Domenicali, presidente del Gran Circo, ha decidido dar un golpe sobre la mesa.
Y es que en lugar de buscar el consenso, el responsable del campeonato ha lanzado un mensaje que ha incendiado las redes sociales. Según él, la categoría está en plena forma y quienes se quejan son, simplemente, una minoría que no entiende el negocio actual.
El italiano ha aprovechado el parón de abril para analizar el impacto de las nuevas reglas. Y lo ha hecho preguntado en The Race, debido a la frustración por un reglamento lleno de normas que muchos consideran indescifrables. El verdadero conflicto no es la velocidad punta, sino el fenómeno del clipping, ese momento en que el coche agota su reserva eléctrica y sufre una caída de potencia repentina en plena recta o curva. Esta situación provoca que los adelantamientos se produzcan de forma totalmente artificial, casi por accidente, cuando el piloto de delante se queda sin energía de golpe.
Una caída de velocidad repentina que incluso, propicia accidentes como el de Bearman ante Colapinto en Japón. Para el espectador (y los pilotos), entender estas reglas se ha vuelto una tarea imposible, convirtiendo la competición en un proceso confuso donde la destreza al volante queda en segundo plano frente a una gestión de batería que nadie alcanza a explicar con claridad.
«La mayoría no sabe lo que es el superclipping»: La postura de Domenicali y la F1 ante el rechazo a las nuevas reglas
Sin embargo, para Domenicali es solo «una obsesión de los más puristas» de la competición. Según sus propias palabras, el público general no percibe los fallos que pilotos como Max Verstappen o Lando Norris denuncian cada fin de semana.
El punto más caliente de la entrevista con The Race llegó cuando se le preguntó por el descontento de los seguidores ante el comportamiento de los nuevos motores. La respuesta de Domenicali fue demoledora para el sector más fiel. Aseguró que «la F1 actual está perfecta» y que a la mayoría de la gente le da igual lo que ocurra con la entrega de potencia.
«La inmensa mayoría de la gente que nos ve en todo el mundo no se preocupa por los julios, megajulios o si hay clipping o superclipping. No saben de qué estamos hablando», sentenció el dirigente. Para Domenicali, la complejidad de los monoplazas actuales es un tema que debe quedarse en las reuniones de ingenieros, lejos del interés del fan medio que solo busca entretenimiento rápido.
Esta postura choca frontalmente con la realidad de los circuitos, donde el público ha notado cómo los coches pierden fuerza en mitad de las rectas. No obstante, Domenicali se apoya en las cifras de venta de entradas para justificar su inmovilismo. Mientras los eventos sigan llenos, considera que el producto es el adecuado, independientemente de lo que piensen los que él llama «muy puristas».
«Si te molesta, es que eres muy purista»
Domenicali no ha tenido reparos en señalar a quienes critican el rumbo de 2026. En su visión, el rechazo a las nuevas reglas no es una señal de alarma, sino un síntoma de que ciertos sectores no quieren evolucionar. El mensaje es transparente: si te molesta el estado actual de las carreras, es que no encajas en el modelo de éxito que busca la F1.
El italiano insiste en que el foco debe estar en la acción y no en el funcionamiento interno de los coches. «Los adelantamientos que hemos tenido hasta ahora son maravillosos», afirmó con rotundidad. Para el responsable del mundial, el hecho de que un coche pase a otro es suficiente para validar el reglamento, sin entrar a valorar si esas maniobras son reales o fruto de una gestión de energía que muchos consideran artificial.
Esta defensa a ultranza del espectáculo visual busca silenciar las voces que piden volver a una competición más pura, donde el piloto tenga más peso que el sistema de almacenamiento de energía. Domenicali prefiere centrarse en la narrativa de éxito comercial, recordando que la Fórmula 1 es hoy una plataforma global que va mucho más allá de lo que sucede en la pista.
Domenicali señala a los redactores de las normas de F1 por centrarse «en el lugar equivocado»
A pesar de su tono desafiante, hay una parte del discurso donde Domenicali admite que las cosas no se han hecho bien. No se refiere al contenido de las reglas, sino a cómo se han presentado al mundo. El italiano reconoce que la imagen de la categoría ha sufrido por no haber controlado el mensaje desde el principio.
«Eso es algo de lo que hemos aprendido la lección. Este tipo de cosas deberían haberse gestionado de otra manera. Eso es seguro», confesó en relación con las reuniones que se han mantenido este mes para retocar el reglamento antes de llegar a Miami. El CEO admite que el debate público se le escapó de las manos y que permitieron que las quejas de los pilotos tuvieran demasiado peso en la opinión pública.
Además, señaló directamente a los órganos encargados de redactar las normas: «Creo que los responsables de nuestro deporte se centraron en el lugar equivocado. Eso es lo que puedo decir. Sí, sin duda alguna».
La agenda del campeonato llega marcada por la ausencia de los Grandes Premios de Arabia Saudí y Bahréin, un vacío que ha desplazado todo el foco hacia las tensiones políticas y el malestar de la afición. Con este clima de fondo, la F1 confía en la cita de Miami para validar su apuesta comercial y silenciar las dudas sobre el reglamento.
La dirección de la categoría no oculta su prioridad: potenciar la expansión digital y captar nuevos perfiles de audiencia, aunque eso suponga restar peso a las exigencias del sector más veterano. El negocio se centra en el crecimiento de la marca, dejando en manos de los cambios previstos para Miami la tarea de calmar las aguas en lo deportivo.





