La Dirección General de Tráfico (DGT) sigue avanzando en su estrategia de digitalización vial. Tras la implantación de las controvertidas señales luminosas V16, ahora homologa los primeros conos conectados.
Junto a las V16, esta tecnología busca mejorar la seguridad tanto de operarios como de conductores, aunque levanta dudas sobre su prioridad real en el contexto actual de las carreteras españolas.
Una evolución lógica… pero con matices
La idea de base no es mala. En un mundo cada vez más conectado, que las infraestructuras avisen en tiempo real a los vehículos de obras, incidencias o cortes de tráfico parece un paso natural hacia una conducción que cada vez estará más automatizada y “robotizada”. Estos conos no solo señalizan físicamente como los que todos conocemos, sino que transmiten datos de forma automática a paneles informativos y a los vehículos compatibles, permitiendo que los conductores reciban alertas antes de llegar al problema y puedan reaccionar con mayor margen.
Los conos conectados permiten enviar información inmediata sobre la presencia de obras o incidencias, facilitando que los conductores se anticipen a obstáculos o trabajadores en la vía.
Además, cada dispositivo incorpora GPS, conectividad SIM y más de diez días de autonomía, e integra perfectamente con la plataforma para su seguimiento en tiempo real desde los centros de control.
Después de la V16, ¿era lo siguiente?
Esta homologación llega poco después de la obligatoriedad de las luces V16, un dispositivo que generó debate precisamente porque muchos vehículos ya incorporaban el sistema eCall (llamada automática de emergencia).

La realidad es que España se sitúa como el primer país de Europa en impulsar esta homologación oficial. Aunque el avance tecnológico es destacable y se enmarca en el nuevo marco normativo de los Sistemas Inteligentes de Transporte (SIT) aprobado recientemente, surgen preguntas sobre los plazos, las prioridades y sobre todo el coste.
Coste elevado y las necesidades más básicas
Implantar una red de señalización inteligente no es barato, y en un país con miles de kilómetros de carreteras convencionales, yo me pregunto si no sería más urgente destinar recursos primero a mejorar el pavimento y la señalización horizontal y vertical de numerosas vías que presentan deficiencias evidentes.
Según datos de la propia DGT, en 2024 se registraron 142 siniestros relacionados con trabajos de mantenimiento en carretera, de los cuales 23 afectaron directamente a operarios. La velocidad sigue siendo uno de los principales factores porque ocho de cada diez conductores superaban los límites en zonas de obras durante los controles realizados ese año.
Los conos conectados pueden suponer una herramienta útil para reducir riesgos, especialmente en las casi 23.000 obras anuales que requieren señalización temporal. Pero para muchos, este salto tecnológico llega antes de resolver problemas más básicos de mantenimiento vial.
La integración de estos conos en el ecosistema DGT 3.0 permite que la información fluya de manera automática entre infraestructuras, vehículos y centros de control. Esto representa un paso hacia una movilidad más cooperativa y preventiva.
Nadie duda de que hay que empezar por algún sitio. La cuestión es si España, siendo pionera en esta tecnología, está priorizando correctamente los recursos o si sería más sensato consolidar primero las bases físicas de la seguridad vial antes de apostar fuerte por la digitalización total.













