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Del tejado a la fachada: SolarSlide integra 25 células monocristalinas en contraventanas correderas de hasta 4,2 m², bloquea la radiación antes de que caliente el interior y produce electricidad al mismo tiempo

Del tejado a la fachada: SolarSlide integra 25 células monocristalinas en contraventanas correderas de hasta 4,2 m², bloquea la radiación antes de que caliente el interior y produce electricidad al mismo tiempo

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 07.10.2026 16:00

Hay un gesto que se repite cada mañana de verano en millones de casas del sur de Europa. Alguien se levanta, mira por la ventana, ve que el sol ya aprieta, y baja la persiana. Ese gesto, tan antiguo como las casas con ventanas, tiene un propósito claro: bloquear el sol antes de que entre y convierta el salón en un horno. Durante siglos, la persiana ha sido un escudo pasivo. No hace nada. Solo está ahí, impidiendo que la luz y el calor pasen. Hasta ahora.

Un fabricante alemán, EHRET, ha decidido que esa persiana puede hacer algo más que proteger. Su nuevo sistema, SolarSlide, integra 25 células solares monocristalinas en contraventanas correderas de hasta 4,2 metros cuadrados. En lugar de colocar un panel sobre la fachada, o encima del tejado, la propia contraventana se convierte en un generador. Cada metro cuadrado de superficie fotovoltaica produce hasta 141,67 vatios pico de potencia. La contraventana sigue dando sombra, sigue protegiendo del sol, sigue siendo un elemento arquitectónico de la fachada. Pero ahora, además, genera electricidad .

La idea tiene una lógica que, vista en retrospectiva, parece obvia. Durante el verano, la radiación solar que entra por las ventanas se convierte en calor y obliga a encender el aire acondicionado. La estrategia más eficaz para evitarlo es bloquear esa radiación desde fuera, antes de que atraviese el cristal. Y ahí está la paradoja: esa misma radiación que queremos bloquear contiene energía que podríamos aprovechar. SolarSlide hace las dos cosas a la vez. Bloquea la radiación antes de que caliente el interior y convierte una parte de ella en electricidad. No es refrigeración, es sombreado exterior con generación. Pero el efecto combinado —menos calor dentro, más electricidad disponible— es difícil de ignorar.

25 células en una hoja de 4,2 metros cuadrados

La integración arquitectónica es uno de los puntos más cuidados del sistema. Cada hoja corredera puede alcanzar unas dimensiones máximas de 1,5 por 2,8 metros, lo que equivale a 4,2 metros cuadrados de superficie. Es una medida generosa, pensada para cubrir grandes ventanales, esos que a menudo dejan pasar tanta luz que en verano resultan insoportables.

Los módulos utilizan una construcción vidrio-vidrio, con células monocristalinas integradas. La tecnología fotovoltaica queda visualmente mucho más disimulada que en un panel convencional, porque no se ve la cuadrícula de células que caracteriza a los módulos tradicionales. El fabricante ofrece ocho colores estándar: negro, antracita, gris, gris claro, azul, verde, terracota y dorado. También hay acabados personalizados bajo pedido y distintos tratamientos superficiales: satinado, brillante o estructurado.

Esa variedad de colores no es un capricho. Es una condición para que la fotovoltaica integrada en edificios sea aceptada. Durante décadas, los paneles solares han sido un elemento ajeno a la arquitectura, algo que se añade después, no algo que forma parte del diseño. SolarSlide intenta lo contrario: que el elemento fotovoltaico sea indistinguible de una contraventana convencional, o casi. Que el edificio no parezca una central eléctrica, sino un edificio con persianas bien diseñadas.

Dos versiones para dos formas de gestionar la electricidad

EHRET comercializa el sistema en dos configuraciones. La versión estándar, SolarSlide, está concebida para integrarse en una instalación fotovoltaica más amplia. Los módulos se conectan mediante el sistema eléctrico de la fachada y necesitan un inversor central instalado en el edificio. Es una solución para quien ya tiene o planea tener una instalación solar en el tejado y quiere ampliarla usando la fachada.

La versión Pro incorpora un microinversor en cada panel. Eso permite convertir directamente la corriente continua generada por las células en corriente alterna y conectar varios elementos para formar una instalación distribuida, con configuraciones de hasta 800 vatios pico. Es una solución más sencilla de instalar, más modular, y adecuada para quien no tiene espacio en el tejado o no quiere hacer una obra grande.

Conviene aclarar una cosa: el microinversor no es una batería. SolarSlide genera electricidad, pero para almacenarla y usarla por la noche haría falta un sistema de baterías independiente. La electricidad puede destinarse al autoconsumo inmediato o, según la normativa de cada país, verterse a la red.

Cuando el tejado se queda pequeño, queda toda la fachada

Hay un problema que afecta a millones de edificios y que la fotovoltaica convencional no puede resolver. En un bloque de viviendas, en un hotel, en un hospital, en una oficina de varias plantas, la superficie del tejado es limitada. Hay que repartirla entre muchos usuarios, y a menudo está ocupada por climatización, ascensores, antenas, depósitos de agua. No cabe una instalación solar grande. Y sin embargo, esos mismos edificios tienen cientos o miles de metros cuadrados de fachada, expuestos al sol, que no generan nada.

SolarSlide no va a resolver ese problema por sí solo. La orientación vertical recibe menos irradiación anual que un panel inclinado y orientado al sur. Pero su ventaja está en añadir superficies productivas allí donde antes no había ninguna. No compite con el tejado. Lo complementa.

Además, el perfil horario de generación de una fachada puede ser diferente al del tejado. Una fachada orientada al este produce por la mañana, cuando el consumo doméstico empieza a subir. Una orientada al oeste produce por la tarde, cuando el aire acondicionado está a pleno rendimiento. Esa distribución temporal puede mejorar el autoconsumo, aunque la producción total anual sea menor que la de una instalación en cubierta.

Lo que aún falta por demostrar

El sistema es técnicamente atractivo. Pero hay preguntas sin respuesta que conviene no ignorar.

La primera es el precio. EHRET no publica el coste de SolarSlide. La comparación no es sencilla, porque no se trata solo de un panel fotovoltaico: es también una contraventana, un elemento de sombreado, un acabado arquitectónico. En obra nueva o en una rehabilitación donde ya estuviera previsto instalar contraventanas, la comparación no es contra cero, sino contra el coste del elemento convencional que se habría instalado de todos modos. En ese caso, el sobrecoste podría ser asumible. En una vivienda existente que ya tiene persianas y no necesita cambiarlas, el cálculo es distinto.

La segunda es el rendimiento real. Los 141,67 vatios pico por metro cuadrado son una potencia nominal en condiciones de ensayo estándar. La producción real dependerá de la orientación de la fachada, la latitud, la época del año, las sombras de edificios cercanos, la temperatura de las células y, muy importante, la posición de las propias contraventanas. Si el usuario las deja cerradas, producen. Si las abre, no. El comportamiento del ocupante condiciona la generación.

La tercera es la durabilidad y el mantenimiento. Una contraventana está expuesta a la intemperie, al polvo, a la lluvia, a los golpes. Los módulos de vidrio-vidrio son resistentes, pero el cableado y las conexiones eléctricas en un elemento móvil son un punto débil potencial. Y si algo falla, reparar una contraventana fotovoltaica no es lo mismo que reparar una persiana convencional.

EL GARAJEvia El Garaje

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