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Barcelona se pone a enfriar la ciudad con agua del mar: 47 millones, 26 km de tuberías bajo tierra y 192 edificios que dejarán de sudar, con un 90% menos de gas

Barcelona se pone a enfriar la ciudad con agua del mar: 47 millones, 26 km de tuberías bajo tierra y 192 edificios que dejarán de sudar, con un 90% menos de gas

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 11.10.2026 11:00

Hay algo que casi nadie sabe cuando pasea por el Poblenou, ese barrio de Barcelona que huele a mar y a modernidad. Bajo sus aceras, a quince metros por debajo del nivel del mar, hay una máquina gigantesca que respira agua salada. No se ve. No se oye. Pero está ahí, en una central subterránea construida en el parque de Poblenou, frente a la playa de Bogatell. Y desde el pasado mes de septiembre, esa máquina invisible está enfriando edificios. Muchos. Casi doscientos.

Desde el año 2002, Barcelona despliega una infraestructura invisible pero vital: la red de frío y calor de Districlima. Su última incorporación, la Central de Bogatell, demuestra cómo la ingeniería moderna puede aliarse con la naturaleza. El mecanismo consiste en captar agua marina a 700 metros de la línea de costa para refrigerar un circuito cerrado de agua dulce que recorre 26 kilómetros de tuberías subterráneas. Tras el proceso, el agua retorna al Mediterráneo limpia, filtrada y con un incremento térmico de apenas cinco grados. El resultado es un climatizador gigante a escala urbana que hace innecesarias las ruidosas máquinas individuales en los balcones.

El edificio que hay encima de la central no es más que una pequeña estructura de acceso. Todo lo demás está bajo tierra. Los equipos de producción de frío, el sistema de captación de agua de mar, el depósito de agua helada de 14.000 metros cúbicos. Una obra de ingeniería faraónica que ha costado 47 millones de euros y que ha sido diseñada para integrarse en el barrio sin molestar. Sin ruido, sin torres de refrigeración visibles, sin el zumbido constante de los aires acondicionados individuales.

56 megavatios de frío que llegan a 192 edificios

Detrás de la nueva central de Bogatell hay una obra de ingeniería monumental. Cuando esté a pleno rendimiento, sumará una potencia de 56 megavatios para enfriar la ciudad, dividida entre producción directa y un sistema de almacenamiento. Para lograrlo, se ha desplegado una impresionante red subterránea y marina: una potente estación de bombeo es capaz de mover 11.100 metros cúbicos de agua por hora a través de enormes tuberías de captación (que alcanzan más de dos metros de ancho bajo el mar) y casi un kilómetro de conducciones que conectan con la red actual. Esta infraestructura ha requerido una inversión total de 47 millones de euros y se construirá en cuatro etapas, con las dos primeras listas antes de 2032.

El impacto sobre la ciudad es directo y medible. Con Bogatell en marcha, la red de Districlima pasa de climatizar 1,8 millones de metros cuadrados a cerca de 2,5 millones. Eso equivale a doscientas cincuenta islas del Eixample, o a la superficie de casi 350 campos de fútbol. El número de edificios conectados crece de los 192 actuales a 262 en 2032. Hoteles como el Hilton Diagonal Mar, el Hospital del Mar, el centro comercial Glòries, el Museu del Disseny, y cientos de viviendas, oficinas y equipamientos del 22@.

Y lo más importante: la red reduce el consumo energético de origen fósil en aproximadamente un 90% respecto a los sistemas convencionales de climatización. Solo en 2025, sin contar Bogatell, Districlima evitó la emisión de 36.000 toneladas de CO₂ a la atmósfera, el equivalente a retirar 47.000 vehículos de las calles de Barcelona.

La física del agua de mar: por qué funciona mejor que un aire acondicionado normal

La clave de la eficiencia de esta central está en algo que cualquiera que haya nadado en el Mediterráneo en septiembre entiende instintivamente: el agua del mar tiene una inercia térmica enorme. Le cuesta calentarse y le cuesta enfriarse. Eso la convierte en un sumidero de calor ideal.

La clave del sistema de Bogatell está en una especie de «abrazo térmico»: unos intercambiadores ponen en contacto el agua marina con el circuito cerrado de agua dulce que enfría la ciudad. El agua del Mediterráneo, recogida a 700 metros de la costa, absorbe el calor acumulado y regresa al mar un poco más cálida, pero respetando siempre los límites necesarios para no alterar la vida marina. El truco funciona tan bien porque, incluso en pleno verano, el agua del fondo del mar está muchísimo más fría que el sofocante aire de la superficie, lo que hace que todo el proceso sea increíblemente eficiente.

Al final, el impacto en el día a día es enorme. En lugar de que cada bloque de pisos tenga su propio aparato de aire acondicionado rugiendo en la fachada, gastando luz sin parar y lanzando aire caliente a la calle, la central se encarga de todo de forma centralizada y eficiente. El frío viaja discretamente por tuberías subterráneas y el resultado se nota a simple vista: menos cables, menos averías, calles más silenciosas y un ambiente mucho más fresco en la ciudad.

Una idea que ya funcionaba en el Fòrum y el 22@

Bogatell no es un experimento aislado. Es la tercera pieza de una red que lleva más de dos décadas funcionando. Districlima nació en 2002 para aprovechar el vapor de la incineradora de TERSA en el Fòrum y usarlo para generar calor y frío. La primera central se construyó allí, y ya entonces se usaba agua de mar para condensar los equipos, obteniendo rendimientos cuatro veces superiores a los convencionales. En 2005, la red se extendió al distrito tecnológico del 22@, con una segunda central en la plaza de las Glòries. Y ahora, con Bogatell, la red cubre el eje Fòrum-22@-Poblenou, la zona de mayor crecimiento urbano de Barcelona.

Lo que hace especial a Bogatell no es solo su capacidad, sino su ubicación. Está soterrada en un parque, frente a la playa, en un barrio residencial y turístico. Construir una central de estas dimensiones bajo tierra, con un sistema de captación de agua de mar que requiere un microtúnel de 677 metros bajo el lecho marino, es una obra de ingeniería civil de primer orden. El túnel de captación se excava desde tierra, con una tuneladora, y emerge en el fondo marino a 700 metros de la costa. La torre de captación, sobre el agua, tiene que resistir el oleaje, la salinidad y los temporales. El retorno del agua de mar se hace por un emisario que la devuelve al mar a varios metros de profundidad, evitando cualquier impacto visual.

La zanja que nadie quiere abrir: el coste de las redes urbanas

Hay un dato que no aparece en los titulares y que conviene tener presente. Districlima es la mayor red urbana de calor y frío del sur de Europa, con más de 25 kilómetros de tuberías, pero no es la única. París, Copenhague, Viena, Helsinki tienen redes similares, algunas con más de un siglo de historia. La diferencia es que en el sur de Europa, el frío es tan importante como el calor, y la climatización de verano es un desafío creciente.

El modelo de Districlima se basa en una concesión público-privada. ENGIE, TERSA y el IDAE son los socios principales. La red está financiada en parte con fondos públicos y en parte con capital privado, y opera bajo una concesión municipal. El ayuntamiento no pone el dinero directamente, pero facilita el suelo, los permisos y la integración urbana. A cambio, la ciudad obtiene una infraestructura energética que reduce emisiones, mejora la eficiencia y libera a los edificios de la necesidad de tener sus propios equipos de climatización.

El reto, como siempre, es el coste. Una red urbana de calor y frío requiere una inversión inicial enorme, una planificación a largo plazo y una masa crítica de edificios conectados para que sea rentable. Districlima ha tardado más de veinte años en llegar a 192 edificios. Bogatell añadirá 70 más, pero el objetivo final es conectar 262. Y para que eso ocurra, los edificios tienen que estar dispuestos a pagar la conexión y a firmar contratos de suministro a largo plazo.

Lo que aún falta por demostrar

La central de Bogatell ha sido inaugurada, pero no está operando a plena capacidad. El proyecto se desarrolla en cuatro fases. Las dos primeras deberían estar completas antes de 2032, y las otras dos después. La capacidad final de 56 megavatios frigoríficos no se alcanzará hasta que todas las fases estén terminadas. Y el impacto real sobre la factura energética de los edificios conectados dependerá de muchos factores: el precio de la electricidad, el coste del agua de mar, el mantenimiento de los intercambiadores, la evolución de la demanda de frío.

Tampoco hay datos públicos sobre cuánto cuesta conectar un edificio a la red, ni sobre si los edificios existentes pueden adaptarse sin obras costosas. Un hotel o un hospital moderno puede integrar la conexión sin demasiados problemas. Un bloque de viviendas antiguo, con instalaciones individuales, requiere una reforma que puede ser prohibitiva.

Y luego está la pregunta que muchos vecinos se hacen: ¿por qué no puedo tener esto en mi casa? La respuesta es que las redes urbanas de calor y frío son eficientes en zonas de alta densidad, donde hay muchos edificios juntos y la demanda es estable. En un barrio disperso de casas unifamiliares, el coste de las tuberías por usuario sería insostenible.

Bogatell es una pieza más de un modelo que Barcelona lleva construyendo desde 2002. No va a resolver el problema del calor urbano por sí sola, pero sí demuestra algo importante: que se puede enfriar una ciudad sin llenarla de aires acondicionados individuales, sin quemar gas, sin emitir CO₂. Solo con agua de mar, tuberías y una idea que ya funciona.

EL GARAJEvia El Garaje

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