Singapur.- El momento de mayor presión si sales en la pole en Marina Bay es la salida. Ahí está media victoria. O tres cuartos de ella. Si llegas por delante a la sección de la uno y dos, lo tienes hecho si luego no hay sobresaltos. Los primeros metros son cruciales. Verstappen sufrió cuando se apagaron los semáforos y salió peor que Leclerc, que ya se estaba relamiendo, pero se rehizo como pudo para mantener el liderato.
El neerlandés mantuvo el pie abajo en la uno y, con más de medio coche fuera, le cerró la puerta al monegasco para amarrar el liderato. Leclerc, que también tenía blandos, se pegó a Verstappen todo lo que pudo durante varias vueltas pero luego el ritmo del Red Bull se impuso. Se le puede llamar carrera estratégica o aburrida, sea como sea, no pasaron muchas cosas más allá de luchas entre compañeros, como los Haas.
Cada uno en su lugar y tratando de pasarse sin espacio. En la lucha por el triunfo, ni la variedad de estrategia de los Ferrari pudo con la velocidad de Verstappen, que cruzó meta delante de Leclerc y Hamilton. Unas posiciones más atrás, un duelo morboso: el de los McLaren. Viendo su accidente en al sprint, había que estar muy atentos a Piastri y Norris.
En la parte trasera, Russell y Hadjar estaban fuera de posición y se fueron abriendo paso por la parrilla ante coches más lentos. El top seis era otra historia y rodaban en otra liga, con Lawson formando un tren, a 15 segundos de Piastri, sexto clasificado. Como a Hamilton se lo estaban comiendo Antonelli y Norris y no tenía más ritmo, lo pararon pronto. Fue el primero en hacerlo, en la vuelta diecinueve.
El británico puso blandos y empezó a remar hasta el podio. En lo más alto, Verstappen había abierto un hueco de siete segundos con Leclerc y de doce segundos con Antonelli, tercero. Como suele ser habitual en Singapur, carrera más bien estratégica y sin demasiada acción en pista. Solo Russell, remontando desde atrás, animó la prueba lo que pudo ganando ocho posiciones en 24 vueltas.
En el ecuador de la prueba, Verstappen lideraba y todavía no se había quitado los blandos con los que empezó. Alonso era P16 y no tenía ritmo para abrirse paso a su alrededor. Más que ritmo, el motor, del que se quejó llamándolo «ridículo» en plena resalida. No le otorgó potencia en ese momento, a pesar de haber cambiado el turbo, y le pasaron como aviones. El asturiano mantuvo el blando más que nadie y tardó mucho en parar.
No pasó por boxes hasta la vuelta 37 para hacer su única parada de la carrera y volver a incrustarse en el grupo de Albon, Peréz y Lindblad en la parte trasera. Un poco más adelante estaba Carlos Sainz, en la decimocuarta, que es donde terminó la carrera. Su compañero formaba parte de ese pelotón hasta que se retiró en la vuelta 39 por un problema en el embrague, según le dijeron por radio al canadiense. Al final, Alonso fue decimosexto en una carrera en la que poco pudo hacer.
En la vuelta 32, el Alpine de Colapinto dijo basta y le dejó tirado. Ya había sufrido problemas similares durante el fin de semana y tuvo que abandonar el Gran Premio cuando rodaba a unas posiciones de los puntos. Durante la carrera, se había quejado del despliegue de energía en alguna radio. Alpine informó de un posible problema en la transmisión del monoplaza del argentino pero tendrá que ser investigado. Lástima para Colapinto, que ha sufrido de lo lindo en cuanto a fiabilidad este finde.









