Pegaso es una de esas marcas que en España llevamos grabadas, aunque no hayamos subido nunca a la cabina de uno de sus camiones. Por eso me ha llamado tanto la atención encontrarla en la ficha técnica de un barco de la Armada que sigue en servicio. Según la propia Armada, el patrullero Cabo Fradera (P-201) se mueve con dos motores diésel Pegaso-Guascor. Y su amarre está en Tui, en la orilla gallega del Miño, con Valença al otro lado del agua.
Es el único patrullero fluvial de la Armada.
Su trabajo tiene bastante menos épica de lo que sugiere la palabra «patrullero». Controla quién pesca en un río que hace de frontera, cómo lo hace y si alguien está tocando el cauce o las orillas de una forma que pueda complicar la navegación. Para entender por qué un barco así tiene las medidas que tiene, hay que empezar por el río.

Qué pinta la Armada en un río
La pregunta es lógica. Cuando uno piensa en la Armada, piensa en Rota, en Ferrol o en Cartagena. Pero el tramo final del Miño separa Galicia del norte de Portugal, y su pesca se rige por un acuerdo entre los dos países. En los papeles oficiales tiene hasta siglas propias: TIRM, Tramo Internacional del Río Miño. La ficha oficial del Cabo Fradera resume su misión en dos ideas: ayudar a regular el aprovechamiento público del río y «mantener las condiciones de navegabilidad del TIRM».
Bajado a tierra, eso son cuatro encargos. El primero es vigilar y fiscalizar la pesca, la caza y las actividades deportivas en ese tramo, las haga quien las haga y venga de la orilla que venga. El segundo, detectar cualquier obra en el cauce o en las márgenes que pueda afectar a la navegación y acabar en un accidente. Los otros dos son hacer presencia y colaborar con otros organismos del Estado.
Ojo, que el ámbito tiene límites claros. El Cabo Fradera vigila las 20 millas navegables que van de Tui a la desembocadura, no el Miño entero, y el río tiene dos orillas con dos administraciones. Según el último edicto de pesca, las licencias de pesca recreativa desde embarcación las expide la Comandancia Naval del Miño o la Capitanía Marítima de Caminha, y la Policía Marítima portuguesa tiene un puesto en la punta de Cabedelo, ya en la boca del río.
En el Miño, la Armada vigila las reglas y además se sienta en la mesa donde se escriben. Los periodos de pesca los aprueba cada temporada la Comisión Permanente Internacional del Río Miño, con una delegación española y otra portuguesa, y el edicto de la campaña pasada lo firmaba el Comandante Naval del Miño como presidente de la delegación española.
17,85 metros de eslora y 90 centímetros de calado
Ahora, el barco. Según la Armada, el Cabo Fradera mide 17,85 metros de eslora y 4,25 metros de manga, desplaza 28 toneladas y tiene un calado de 0,9 metros. Para que os hagáis una idea de la escala, la fragata que acaba de echarse al agua en Ferrol desplaza 6.100 toneladas y el patrullero del Miño, 28. La fragata pesa casi 218 veces más.
El calado es la parte del casco que queda por debajo de la línea de flotación. En el Cabo Fradera son 90 centímetros, más o menos la altura de una encimera de cocina.
Y aquí conviene no pasarse de listo. Que el barco cale 90 centímetros no quiere decir que pueda navegar por cualquier sitio donde haya 90 centímetros de agua. Ningún patrón con dos dedos de frente va con la quilla rozando el fondo: hace falta un margen bajo el casco, y ese margen cambia con la corriente, la marea, el estado del fondo o la carga. La Armada no publica la profundidad mínima con la que trabaja el Cabo Fradera, y yo no la sé.
Lo que sí está documentado es que el fondo del Miño se mueve. El último edicto de pesca enumera las islas del tramo que se consideran internacionales, sin nacionalidad reconocida, y mete en el mismo saco a «otros nuevos bancos de arena en formación» hasta que la comisión de límites entre España y Portugal decida de quién son. Mi lectura es sencilla: en un río en el que siguen apareciendo bancos de arena, un casco que pide poca agua es casi una obligación.
También encaja con lo que lleva a bordo. La ficha incluye dos embarcaciones semirrígidas, una Valiant 350 y una Valiant 450. La Armada no explica cómo las usa en el día a día. Yo entiendo que son las que permiten arrimarse a una barca de pesca o a una orilla donde el patrullero no llega, pero eso lo deduzco yo; la ficha no lo dice.
De armamento va justito: dos ametralladoras ligeras de 7,62 milímetros. Lo suyo es inspeccionar.
Angula y lamprea marcan el calendario
La Armada cifra en unos 140 días al año la vigilancia del Cabo Fradera en el tramo internacional, y dice que la aprieta entre diciembre y abril, cuando se concentran las campañas de pesca de la angula y la lamprea. Es la descripción de su actividad habitual que publica en la ficha; no he encontrado un balance oficial cerrado de este año.
La angula es la cría de la anguila europea, una especie con un plan de gestión propio en el Miño, y eso se nota en la letra pequeña. Según el último edicto, las licencias para pescarla estaban limitadas a 100, cada pescador podía capturar como máximo 2 kilos al día y está prohibido pescarla aguas arriba de la línea que une los fondeaderos de Amorín, en la orilla española, y Montorros, en la portuguesa.
Se pesca con una red llamada tela, que puede tener 8 metros de alto y 10 de largo, y se pesca por «lunas»: periodos de siete u ocho días que empiezan y acaban a mediodía. De noche, cada extremo de la tela tiene que llevar una luz blanca encendida, y si una se funde hay que dejar de faenar. Eso ya dice mucho del horario.
Fíjate en las fechas. En la campaña pasada hubo cuatro lunas de angula: del 16 al 24 de noviembre, del 16 al 24 de diciembre, del 15 al 22 de enero y del 14 al 21 de febrero. La primera cayó antes de la ventana de diciembre a abril que la Armada marca como de vigilancia reforzada. El calendario de la nueva temporada no lo he encontrado publicado todavía, así que no puedo deciros cuándo arranca la de este invierno.
La lamprea va por otro lado. La red lampreeira, de tres paños y 120 metros de largo, se pudo calar entre el 5 de enero y el 4 de abril desde las islas de Verdoejo, río arriba de Tui, hasta el mar. Más arriba todavía, en las pesqueras, que son construcciones fijas en las márgenes, el periodo fue del 15 de febrero al 30 de abril. Y es que ese tramo alto ya queda fuera de las 20 millas del patrullero: los diarios de capturas de las pesqueras se entregan en el Destacamento Naval de Arbo. La pesca recreativa de lamprea, por cierto, está prohibida en todo el tramo internacional.
¿Y en qué consiste una inspección? El edicto da una pista bastante concreta. Cuando llega una, el patrón apunta en su diario de pesca lo capturado desde que salió, y la casilla de la firma la rellena el equipo inspector. Esos diarios se presentan cada mes, como tarde el día 15, en la Comandancia Naval del Miño o en el Destacamento Naval de Camposancos.
Sobre el volumen de trabajo hay pocas cifras públicas. Según publicó Infominho con motivo del relevo de mando del pasado 22 de julio, durante el mando del teniente de navío Ignacio Grueiro Méndez el patrullero hizo 146 singladuras, recorrió más de 2.500 millas náuticas y realizó más de 450 inspecciones.
Echad cuentas: sale una media de algo más de 17 millas por singladura, lo que me cuadra con salidas cortas y repetidas por el mismo tramo. La crónica no dice cuántos meses duró ese mando, así que no puedo daros una media anual. Desde aquel 22 de julio, el barco lo manda el teniente de navío Javier Sánchez-Tembleque Sánchez.
Los dos Pegaso del Cabo Fradera
Vuelvo a los motores, que es por donde empezó todo. La ficha habla de dos motores diésel Pegaso-Guascor con una potencia total de 550 CV, la suma de los dos, y una velocidad máxima de 10 nudos, unos 18,5 km/h. La electricidad de a bordo sale de otra máquina: un generador diésel Vetus-Mitsubishi de 6 kW que no interviene en la propulsión.
Guascor, la firma con sede en Zumaia que pone la segunda mitad del nombre, se fundó en 1966, según cuenta la propia empresa. El Cabo Fradera se entregó a la Armada el 25 de febrero de 1963. Con esas dos fechas encima de la mesa, la denominación Pegaso-Guascor tiene que ser posterior a la entrega del barco.
Lo que no sé es qué pasó entre medias. No sé si se cambiaron los motores, si se rehicieron ni en qué año. La Armada no lo cuenta en la ficha, tampoco el modelo exacto ni si tienen relación con los motores de los camiones Pegaso, y prefiero decíroslo a inventarme una genealogía bonita.
Lo que sí consta es que la propulsión sigue recibiendo cuidados. Según el anuncio de formalización publicado en el BOE, el Intendente de Ferrol adjudicó el 11 de junio un contrato de varada, obras derivadas de la varada y mantenimiento de la propulsión del Cabo Fradera. Se lo llevó Astilleros Guardamar, de A Guarda, en la boca del Miño, y fue la única oferta presentada.
Antes de este barco hubo otro Cabo Fradera
El nombre tiene su historia. Recuerda al cabo de mar Esteban Fradera i Bohigas, al que la Armada presenta como héroe del Callao. Y Tui ya tenía un Cabo Fradera antes que este: un cañonero con el mismo nombre que estuvo allí desde 1928 hasta 1963, año en que se dio de baja en la Lista Oficial de Buques de la Armada.
El actual lo construyó la Empresa Nacional Bazán en su factoría de La Carraca, en Cádiz, entre 1961 y 1962. Es la misma Bazán de la que salieron las corbetas Descubierta. Se entregó en Cádiz el 25 de febrero de 1963 y viajó hasta Vigo a bordo de otro barco, el buque de transporte Almirante Lobo.
Con esa hoja de servicios, la Armada lo presenta como el segundo buque más antiguo en servicio, solo por detrás del buque escuela Juan Sebastián de Elcano. En Tui trabaja desde el 10 de septiembre de 1963.
En el último calendario publicado por la Comisión Permanente Internacional del Río Miño, la cuarta luna de angula se cerró el 21 de febrero y la red lampreeira pudo calarse en el tramo internacional hasta el 4 de abril.














