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Las averías y defectos más frecuentes en los coches actuales

Las averías amargan la vida de cualquier conductor, sobre todo porque tienen la mala costumbre de presentarse en el peor momento (¿cuándo es un buen momento para tener una avería?). Lamentablemente, algunas de las averías más frecuentes están relacionadas directamente con nuestra forma de conducir, con vicios heredados o adquiridos con los kilómetros a nuestras espaldas, y éstas son las que peor llevamos, porque no nos encaja muy bien eso de decir que hemos hecho algo mal. Sin embargo, ahí están.

Si recordáis, hace unos meses revelábamos la inquietante cifra de 10 averías que se producen por despiste o negligencia del conductor, entre las cuales podíamos encontrar el no hacer caso de los testigos de aviso en el cuadro de mandos (¿por qué?) o el estilo de conducción propio, que nos puede salir caro. Hoy vamos a enfocar el tema desde otro punto de vista, que es el de los defectos que llevamos en el coche y que no sabemos, y las averías más frecuentes desde el punto de vista “estadístico”.

Defectos en los coches que puede que no sepamos

Neumaticos desgastados

 

Hace unos meses, la Fundación MAPFRE sacaba un estudio en el que se enumeraban los defectos más comunes en los coches que circulan por las carreteras. Hay que decir que este estudio se basó en aproximadamente 18.000 revisiones voluntarias en las que se revisaron 62 puntos clave, entre los que se encontraban elementos básicos de seguridad, elementos de acondicionamiento o el estado interior y exterior del vehículo.

Los defectos en los coches se refieren a elementos que se desgastan sin que lo advirtamos, producto del tiempo y del uso (ya sea buen o mal uso), o de la falta de un mantenimiento adecuado, consciente o inconsciente.

También hay que anotar que los resultados se clasificaron en defecto, posible defecto (y por tanto es algo que se sugiere vigilar) y sin defecto. Pues bien, se encontró que un 60% de los coches que circulan por las carreteras españolas cuentan con, al menos, un defecto que puede ser de poca importancia, hasta los de gran importancia, los que implican un riesgo serio en la conducción. Veamos un pequeño resumen de lo más granado (y lo más importante) en defectos del coche, que normalmente no sabemos que tenemos:

  1. El estado de ruedas y neumáticos es uno de los defectos más comunes entre los señalados por el estudio: la profundidad del surco, los desgastes irregulares, las presiones incorrectas (que ganan por goleada), y también los daños que no se ven, que se producen a partir de golpes con bordillos u otros elementos de la vía.
  2. Defectos en los sistemas de iluminación, es decir, todo lo que tiene que ver con las luces y el sistema de alumbrado del coche. En general es un defecto que se nota, pero por ejemplo en el caso de las luces de freno, los pilotos traseros o la luz de marcha atrás, es más complicado y podemos despistarnos.
  3. Defectos en el sistema de frenado: esto es importante y serio, porque el defecto más inadvertido, y más presente a la vez es el de un líquido de frenos en mal estado, o al menos, no en óptimas condiciones. Es impactante saber que ese defecto lo tuvieron el 88% de todos los coches de gasolina con problemas de frenos, y el 74% de los diésel.

Como siempre anotamos, los defectos referidos a los neumáticos son fácilmente detectables por nosotros mismos, a poco que tengamos presente revisar las presiones cada dos o tres semanas, o un mes máximo, que tengamos cuidado a la hora de circular y que no nos “subamos a la acera”. En el caso de las luces, siempre podemos comprobar que las tengamos todas operativas (podrá más la pereza que la dificultad para hacerlo), y los frenos es ya algo más delicado. Hemos de estar atentos al tiempo que lleva ese líquido sin ser repuesto, y en caso de dudas consultar a nuestro mecánico de confianza.

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Los fallos que provocamos nosotros mismos…

Cambio de aceite del motor

No nos podemos esconder: que levante la mano quien no se haya despistado alguna vez (aunque solo sea una, ¡y leve!), o a quien no le suene de algo alguno de los siguientes escenarios, que posiblemente pueden llevarnos a sufrir algún tipo de avería. O no, pero si no lo hiciesen debemos saber que podemos estar jugando con fuego.

Estiramos el cambio de aceite hasta el infinito, y más allá. Ya lo comentamos cuando hablamos de los aceites long life: todos los aceites pierden sus propiedades lubricantes cuando vence el plazo marcado por el fabricante. Cierto es que hay casos de personas que dicen haber estirado muchos kilómetros más el cambio de aceite y no les ha pasado nada. Bien, hasta que les pase. Y cuando les pase…

El climatizador o el aparato de aire acondicionado apesta. Esto es también un hecho que sucede cuando más lo necesitamos, y que se provoca por falta de mantenimiento o limpieza en ese sistema. Y sí, es culpa nuestra en la mayor parte de los casos.

Un neumático revienta porque está en las lonas: de nuevo salen los neumáticos a la palestra. Y es que no les prestamos demasiada atención, o bien nos lanzamos a lo loco a montar una oferta de segunda mano que no es otra cosa que una bomba de relojería (y algo que nadie con dos dedos de frente va a recomendar). Cuida tus neumáticos antes de que te dejen tirado de mala manera.

La batería agotada

La batería se queda más seca que una esponja al sol. Reconozco que a mí la batería me dejó tirado, hace tiempo, por no hacer caso de sus avisos y pensar que “mañana es un buen día para ir a revisarla”. Bien, al final me dejó tirado, y en el peor momento posible. Si notas pereza al arrancar, sobre todo si tienes las luces encendidas, alerta: tu batería puede estar llegando al final de su vida útil. No lo dejes para mañana.

Bordillazos, badenes y bandas sonoras. Esto no son defectos, pero sí son la causa de muchos perjuicios que le provocamos a nuestros coches. Los bordillazos pueden hacer daño en las llantas, o en la carcasa de los neumáticos, que puede quedar tocada. En ese casi hay que saber que el neumático puede “rajarse” literalmente, si la herida es grave. En cuanto a badenes y bandas sonoras, ahí sufre todo: suspensiones, neumáticos… Tómalos a la velocidad adecuada, aunque te parezca extremadamente lenta.

Por último, no nos queda otra que hacer referencia a la conducción eficiente mal hecha. Esa que entendemos no del todo bien y que nos hace creer que circular por debajo de 1.500 rpm en un diésel va a hacer bien al motor… y no es verdad. La conducción eficiente, o se hace bien, o mejor no se hace.

Las averías amargan la vida de cualquier conductor, sobre todo porque tienen la mala costumbre de presentarse en el peor momento (¿cuándo es un buen momento para tener una avería?). Lamentablemente, algunas de las averías más frecuentes están relacionadas directamente con nuestra forma de conducir, con vicios heredados o adquiridos con los kilómetros a nuestras espaldas, y éstas son las que peor llevamos, porque no nos encaja muy bien eso de decir que hemos hecho algo mal. Sin embargo, ahí están. Si recordáis, hace unos meses revelábamos la inquietante cifra de 10 averías que se producen por despiste o negligencia…

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