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Si practicas mal la conducción eficiente, puedes tener una avería gorda

En estos tiempos de crisis se oye mucho hablar de la conducción eficiente, el ahorro de combustible y sus beneficios con la mecánica, así como de su relación íntima con la conducción defensiva o preventiva. Se organizan rallyes de eficiencia como las ECOSeries, las autoescuelas empiezan a inculcar y a valorar la eficiencia en la conducción de los aspirantes a conductor… y en muchas ocasiones se tiende a aplicar al extremo los consejos de conducción eficiente, y ello nos pasa factura en forma de averías con las que no contábamos.

Muchas veces cuento (a quien quiere escucharme) que la conducción eficiente es una especie de conducción lógica: uno va en el régimen al que está más cómodo el coche, y procura no maltratarlo con “cortes de inyección”, o muerte por ahogamiento a demasiado bajas revoluciones; uno no clava frenos en cada ocasión que se encuentra, no ataca los resaltos con el espíritu vivo del WRC, no golpea los bordillos, no abrasa los neumáticos en acelerones estilo cuarto de milla. Al contrario, y por eso la conducción preventiva y la eficiente se llevan tan bien.

Hace unos meses, Luis Reyes nos contaba los 20 consejos básicos de la conducción eficiente y, como supondrás, no voy a llevarle la contraria, sino más bien lo opuesto: partiremos de esos 20 consejos básicos para añadir un punto de profundidad y ver cuáles de ellos pueden perjudicar a nuestro coche cuando los llevamos al extremo. Como os podéis imaginar, los extremos nunca son buenos, y sí que ahorramos si llevamos un régimen lo más bajo posible, pero la dificultad real es entender bien ese “posible”.

Mantén el régimen más bajo al que el motor opera sin sobreesfuerzo

Cada coche es un mundo. Hay personas que solamente llevan un modelo durante el tiempo que les dura hasta que han de cambiarlo, y otras que cambian constantemente de modelo ya sea porque conducen su coche y otros de alquiler, solo coches de alquiler, o bien porque hacen pruebas de coches ya que trabajan en un medio…

Lo importante es enfocar la situación desde el punto de vista de quien conduce un único coche durante años, un coche que conoce como la palma de la mano. Se supone que quien cambia muy habitualmente de coche se puede adaptar rápido y tiene más experiencia, pero al fin y al cabo no es el usuario normal, al que queremos llegar nosotros.

Conducción eficiente en ciudad de un E500

Como digo, cada coche es único, y no es igual llevar de forma eficiente un pequeño Opel Corsa, que un BMW X3: los dos se pueden conducir muy eficientemente, pero como hablamos de dimensiones distintas, diferencias importantes de peso, relaciones de cambio que no tienen nada que ver, distintas potencias…, entonces no nos encontraremos con los mismos resultados. En resumen, si condujésemos de la misma forma el X3 que nuestro pequeño Corsa, probablemente le provocaríamos un colapso al pobre BMW.

¿A qué régimen debemos conducir? ¿Qué significa eso de que el coche vaya “cómodo” o “desahogado”? Veamos en qué regímenes podemos operar:

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  • Bajo régimen: el coche no puede “ratear”, ni vibrar en exceso. Si vibra estamos forzando al motor y, una de dos, o está a punto de calarse, o el exceso de vibraciones nos perjudicará a largo plazo, tanto al motor como a otras piezas aledañas.
  • Alto régimen: si debemos apretar el acelerador más de dos tercios de su recorrido, malo, porque estaremos gastando combustible en exceso, sobrecalentando diversas partes del motor, y probablemente no estaremos consiguiendo nada útil más que mucho ruido, y pocas nueces.
  • El motor debe permanecer ágil, y esto significa que no debe ir al límite, ni a punto de “colapsar”. El régimen más adecuado es el segmento de revoluciones que coinciden con el máximo del par motor, y como sabes, éste es (muy) diferente en cada coche.

No podemos confundir conducción eficiente con “el único modo de conducir”. La conducción eficiente es la que para un trayecto concreto, a una hora concreta, con condiciones de tráfico y de tiempo atmosférico determinadas y un montón más de variables que no conocemos, pero que están, conseguimos consumir el mínimo posible (en esas condiciones) y, realmente, tardamos lo menos posible.

Tardar lo menos posible con un consumo óptimo

No podemos negar que la vida actual sea un trajín sin pausa, que muchos vivamos con la prisa instalada en nuestro interior y que necesitemos que los desplazamientos sean óptimos en tiempo, más que en consumos. Cualquiera consigue un consumo ridículo por autovía si se planta en sexta a 90 km/h de media en determinados modelos, pero de Cádiz a Gijón tardaría una eternidad más (una hora más que a 100km/h de media; hora y media más que a una realista media de 105 km/h). Estamos neutralizando el ahorro en combustible con la pérdida de tiempo: no hay que volverse loco con la conducción eficiente.

Podemos plantearnos los viajes con antelación, con margen y sin prisas: iremos más relajados, disfrutaremos más, nos arriesgaremos menos,… y está claro que tardaremos algo más. Pero ese algo más, en vacaciones nos supone 15 minutos de diferencia, 30 a lo sumo en todo el viaje: no lo notaremos apenas. En viajes de trabajo la cosa cambia, pero yo creo que no cambia tanto. La anticipación es una aliada impagable de la conducción eficiente.

Con una conducción despreocupada estaremos consumiendo más combustible del que sería óptimo. Con una conducción pausada normal y sin forzar el coche, ya ahorramos combustible. Practicando correctamente la conducción eficiente tenderemos al consumo óptimo en cada situación, pero si exageramos y nos “pasamos”, acabaremos sufriendo averías con las que no contábamos.

Averías que pueden estar derivadas de una conducción eficiente llevada al extremo

En los diésel, las averías más comunes derivadas de llevar el motor siempre a bajo régimen son las que se derivan de la acumulación de suciedad: hollín, carbonilla, etc. Circular en ciudad al 100%, siempre a bajas revoluciones, significa que esa suciedad no se va a evacuar bien, que quedará acumulada y que podemos llegar a tener una avería importante si no se le pone remedio. Las averías más comunes son en las válvulas EGR, los turbos y los sistemas anticontaminación.

Todo ello está provocado por el diésel no consumido, y se evita o corrige subiendo de vueltas el motor cuando corresponde, es decir, por ejemplo al incorporarse a las autovías (no vale incorporarse a ritmo de tortuga milenaria). Es el punto más habitual para todos en el que nos podemos permitir acelerar sin miedo y subir de vueltas por encima de las 3000 hasta las 3500 rpm, por ejemplo, algo más que suficiente para quitar las telarañas del motor y desprender ese hollín que puede acabar costándonos muy caro.

No se recomienda, lógicamente, ir siempre por encima de 3000 rpm (¡eso es ser extremista en el otro lado!), sino llegar a un equilibrio. En ciudad podemos circular sin muchas pretensiones, manteniendo las rpm en buena zona, pero cuando debamos acelerar, hacerlo sin miedo y estirando algo las marchas. Eso te lo agradecerá tu bolsillo, pero sobre todo, tu coche. Ya sabéis, conducción eficiente sí, pero no conducción extremadamente ineficiente, que es la que conseguimos cuando nos dejamos llevar por el extremismo.

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