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Prueba Mazda CX-5 SKYACTIV-G 2.0 165 cv: Elegancia probada

Esta semana hemos traído a nuestra sección de pruebas el Mazda CX-5, el primer modelo de la marca en incorporar la tecnología SKYACTIV, y el primer hijo del sistema de diseño KODOS. El modelo que probamos es un SUV compacto de sólida presencia, que alberga bajo el capó un motor de gasolina de dos litros y 165 CV (versión 2WD), o de 160 CV si es la versión 4WD. La primera impresión al verlo es que es un coche realmente imponente. De grandes dimensiones, un frontal muy atractivo y una altura muy considerable, por poner alguna comparación tangible, este Mazda…

Resumen de Prueba

Equipamiento - 8
Diseño - 8.5
Confort - 8.5
Consumo - 6.5
Motor - 7

7.7

Notable

Un gran coche en tamaño y en su conjunto, con un motor poderoso al que hace falta pisarle bien para sacarle todo el jugo. Un SUV muy solvente si no hacemos mucho caso al consumo de combustible.

Esta semana hemos traído a nuestra sección de pruebas el Mazda CX-5, el primer modelo de la marca en incorporar la tecnología SKYACTIV, y el primer hijo del sistema de diseño KODOS. El modelo que probamos es un SUV compacto de sólida presencia, que alberga bajo el capó un motor de gasolina de dos litros y 165 CV (versión 2WD), o de 160 CV si es la versión 4WD.

La primera impresión al verlo es que es un coche realmente imponente. De grandes dimensiones, un frontal muy atractivo y una altura muy considerable, por poner alguna comparación tangible, este Mazda CX-5 es 12 cm más alto que el Nissan Qashqai (ver prueba), por ejemplo, y apenas 5 cm más bajo que un BMW X5 (que se define como un SUV de grandes dimensiones). Para ser un coche del segmento C es realmente grande.

Ese tamaño se traduce en un peso considerable, llegando a la tonelada y media en orden de marcha en su versión 4WD, y adelgazando 80 kilos en la versión dos ruedas motrices para parar la báscula en los 1.420 kilos (siempre en orden de marcha). Como es lógico, esos pesos se notan a la hora de conducir, pero también a la hora de los consumos, sobre todo en ciclo urbano que no es, para nada, su medio idóneo.

Diseño exterior

El Mazda CX-5 es el primer modelo de la marca en aplicar la filosofía de diseño KODOS, que se aplica ya a todos los nuevos modelos de la marca (como el Mazda3 que probamos la semana pasada, el Mazda2 y también el Mazda6), y que se reconoce perfectamente por el frontal del coche, dominado por esa parrilla en forma de ala que se extiende por el lateral hasta llegar a la parte trasera.

Las medidas del Mazda CX-5 son: longitud de 4.555 mm, anchura total de 2.168 mm de espejo a espejo, una altura de 1.710 mm, y cuenta con una distancia entre ejes de 2.170 mm. Los anchos de vía delantero/trasero son 1.585mm y 1.590 mm respectivamente. Tiene un coeficiente aerodinámico Cx=0,33, y su peso en orden de marcha es de 1.420 kg.

El maletero cubica un mínimo de 463 litros, que puede incrementarse hasta los 1.620 litros con la segunda fila de asientos abatida y aprovechando de suelo a techo. El Mazda CX-5 viene de serie con unos neumáticos Yokohama GEOLANDER 225/55 R17 102V. 

Por decirlo con mis propias palabras, la imagen exterior del Mazda CX-5 es muy característica y transmite fuerza, es decir, se ve un coche de apariencia sólida y fuerte, y a la vez es un coche elegante y que transmite sensación de calidad. Los laterales sugieren de forma más sutil esa fuerza y una sensación de velocidad, y esos pasos de rueda tan espectaculares, ya sea con llanta de 17″ o de 19″, lo hacen muy atractivo.

Para un SUV compacto no nos podemos esperar una gran eficiencia aerodinámica, pero el Cx de tan solo 0,33 contribuye a no disparar los consumos (pero sabemos que no es un buen Cx, como no lo es en ningún SUV) que ya podemos intuir que no serán como los de un mechero en esta ocasión, sobre todo teniendo en cuenta el peso, los neumáticos (que tampoco son tan, tan anchos) y la caballería del modelo de la prueba.

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Lo que sí podemos afirmar es que se hizo un esfuerzo importante por aligerar el conjunto, desde los paragolpes de resina que son un 20% más ligeros que los convencionales, sin perder eficacia, pasando por el motor (un 10% más ligero) y la caja de cambios, y llegando a los asientos, por ejemplo, todo para reducir el peso total.

Diseño interior

Pasamos al interior y nos encontramos con un habitáculo espacioso, de fácil acceso tanto delante como en las plazas traseras, que se facilita bastante gracias al rediseño de las puertas y los pilares B. La apertura de la puerta trasera hace que acomodar a un bebé en su SRI sea algo más cómodo de lo habitual, sin grandes esfuerzos ni tensiones en cuello y espalda.

Los asientos son envolventes y firmes, pero cómodos. En viaje largo se agradece esa sujeción, y tanto la visibilidad, como los asientos como la postura de conducción contribuyen a llegar al destino razonablemente descansados, y sobre todo sin “estrés postural”. Y hablando de la posición de conducción, es bastante erguida y nos encontramos altos, por decirlo así, vamos “más sentados”, pero se hace cómoda y el reposabrazos central está razonablemente accesible, pero sin que tengamos que descuidar el volante.

Los pedales están accesibles sin mucha complicación, y sobre todo sin tener que forzar una postura incómoda de los pies, algo que en otros coches del segmento (y hablando en primera persona) me resultaba difícil, o al menos, algo más laborioso. En este Mazda CX-5 fue coger la postura la primera vez y sentirme muy cómodo. Será que es un coche de mi tamaño (es solo 14 cm más bajo que yo).

La posición de conducción, el acceso a todos los mandos y en especial el uso de HMI Commander, y la visibilidad al volante son sobresalientes en el Mazda CX-5. La pantalla táctil y la lentitud de carga del ordenador le resta puntos.

La visibilidad desde el puesto de conducción es muy buena, con un amplio campo visual que no se ve demasiado entorpecido por los pilares A. Los retrovisores están ligeramente separados de estos pilares, y nos permiten ver por ese resquicio, algo que parece una tontería, pero que aporta un punto adicional de visión.

Tanto el volante como los mandos al alcance del conductor acentúan la sensación de comodidad. El primero por su tacto y su manejo, suave y preciso, con una sensación al maniobrar muy progresiva y decidida; los mandos, por su posición y su facilidad de manejo, aunque quizás el elemento de menor comodidad de manejo sea la pantalla táctil, que hace la tarea de seleccionar una emisora, por ejemplo, un poco imprecisa en movimiento. A la hora de cargar un lápiz USB con música, por ejemplo, el sistema es un pelo lento, pero no es nada que reste demasiados puntos.

El cuadro de instrumentos hereda las formas y disposición del MX-5, y la tapicería del acabado que probamos, el Style, es de tela negra y cuenta con un acabado correcto. Los componentes más utilizados del cockpit tienen acabados cromados, y el tacto del resto de superficies del habitáculo es suave y da una sensación buena también a la vista.

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