La transición hacia el coche eléctrico sigue su curso, paso a paso, quizá más lento de lo que esperaban las instituciones y los gobiernos de toda Europa. El cambio viene dado por la contaminación de los vehículos de combustión tradicional, y hay de todo, quienes afrontan el cambio con optimismo desde un punto de vista ambiental, a favor de esta nueva forma de concebir la conducción, y otro sector al que no le queda otra que aceptar los cambios. En lo que coincide la mayoría de personas, aun estando a favor o en contra, es que la conducción de combustión tradicional era más divertida, más auténtica, mientras que la eléctrica, aunque va mejorando con el paso del tiempo, se percibe más como una simple herramienta para desplazarse.
La movilidad eléctrica tiene un punto débil que, aunque va mejorando, sigue siendo deficiente si se compara con la movilidad tradicional, y no es otra que la autonomía y el tiempo de carga. Eso ha provocado que la transición esté pasando por los modelos híbridos, que, gracias a la gasolina, mantienen una autonomía que les permite viajar y repostar sin problema, porque las opciones 100% eléctricas, aunque cada vez con más autonomía, sigue ofreciendo menos kilómetros, y lo que es peor, cuando toca cargar, y más durante un viaje, hay que planificar las paradas para saber dónde se puede recargar, y además, el proceso de carga en mucho, mucho más lento, que echar gasolina.
Pero en cuanto a la carga, hay otro gran problema que sufren los coches eléctricos y del que se habla muy poco en comparación con lo que acabamos de mencionar, un problema que alarga aún más los tiempos de carga y que merece una consideración, y cambios entre los proveedores de estaciones eléctricas. No es otro que las diferentes opciones existentes de carga, y cada una funciona de una manera diferente.
Demasiadas apps para cargar
Quienes ya tienen un coche eléctrico, cada vez más personas, se quejan de los mismo, y tiene que ver con la recarga pública. Quienes no tienen un coche eléctrico o no han vivido este momento de tener que recargar en la calle, creen que cargar el coche es tan simple como llegar, y enchufarlo a la máquina, al igual que haríamos en una estación de servicio con la gasolina. Y una vez que esté cargado, se nos cobraría lo que marque el contador. Pero este no siempre es así con los eléctricos.
En España y en Europa, la infraestructura de carga está gestionada por muchas empresas diferentes, y cada una, tiene su propia aplicación móvil, su propio sistema de registro y su propia forma de pago. Como consecuencia, si el propietario quiere cargar en cualquier punto, deberá tener cada una de las apps correspondientes. Esto conlleva a sobrecargar el móvil con apps de redes eléctricas, gasolineras reconvertidas, plataformas de movilidad o empresas especializadas. Y tanta app lo hace, como es obvio, muy poco intuitivo.
El problema es quizá más evidente al viajar, ya que en el día a día, salvo raras excepciones, las cargas en el hogar suelen cubrir todos los trayectos, y en caso de tener que cargar en la vía pública, los usuarios suelen tener identificados puntos que ya conocen. Pero al viajar, estás obligado a parar donde te lleve el camino. Y muchas veces, llegas a una estación nueva, no tienes la app, debes descargarla, crear la cuenta, introducir los métodos de pago, validar el registro… y todo ello, no es rápido, alguno es más ágil que otro con el móvil, pero el proceso no será menor a cinco minutos, estando más cerca de los diez minutos hasta que finalmente logras enchufar el vehículo.
Frustración para el conductor
No todas las apps son iguales ni funcionan igual, algunas son más antiguas, otras más modernas y no toda la información sobre el tipo de cargador es clara, un aspecto clave. El problema viene, sobre todo, cuando hay prisa, donde estos momentos puede acabar provocando un ataque de nervios.
App todo en uno
Para intentar solucionar esta serie de problemas, hay varias plataformas que buscan juntas todos los cargadores en una sola aplicación. Estas apps muestran todos los puntos de carga disponibles y compatibles con la app. El problema es que estas apps, al no ser oficiales, no siempre muestra información actualizada o fiable, mostrando puntos de carga fuera de servicio o que no son hábiles para todo el mundo. Por otro lado, estas aplicaciones sobreviven aplicando un sobrecargo al precio de la carga. Es decir, pagas más por un servicio más cómodo.
Una de las soluciones que reclama la comunidad es que los puntos de carga funcionen como las gasolineras low cost, donde llegas, metes las tarjetas, te cobran una cantidad determinada (suele ser más alta de lo que te vayas a gastar), recargas, y luego te devuelven lo que no has consumido. Del mismo modo, estas estaciones podrán mantener sus aplicaciones activas con descuentos y promociones más atractivas, como ocurre en las estaciones de servicio tradicionales, cuyas empresas tienen su propio sistema de puntos y sus propias apps con importantes ventajas.
Por el momento, toca llenar el móvil de aplicaciones si quieres cargar tu coche eléctrico en cualquier estación pública, con todo el tiempo que eso conlleva.





