Europa está viviendo un periodo de transición que inevitablemente, nos llevará a automóviles mucho más respetuosos con el medio ambiente. La electrificación sigue avanzando paso a paso y, quizá junto al hidrógeno, en unos años será la forma habitual en la que nos movamos por las carreteras del continente.
Las normativas comunitarias y las restricciones en las ciudades de Europa están empujando a los ciudadanos y a los fabricantes hacia una nueva movilidad, por eso, sorprende que en mitad de este proceso, haya firmas que sigan apostando por el desarrollo de combustión interna. Pero lo cierto es que hay muchas alternativas con motores térmicos, no solo que siguen siendo válidas, también respetuosas. Estos carburantes aún tienen mucho que decir, y Mazda quiere exprimir esta mecánica al máximo, y por eso, lanza un SUV seis cilindros diésel eficiente, potente y con etiqueta ECO, el Mazda CX-60.
Mazda y el diésel
Mazda mantiene su filosofía histórica, una estrategia que resulta coherente para ellos, y lejos de abandonar el diésel, la marca ha desarrollado un nuevo motor seis cilindros en línea, de 3.3 litros, capaz de combinar rendimiento y eficiencia con un sistema mild-hybrid (MHEV).
El motor para el Mazda CX-60 ofrece una versión capaz de alcanzar los 254 CV y tracción total, otra un poco más ligera, de 200 CV con tracción trasera. Ambos con etiqueta de la DGT ECO, algo clave en el mercado actual.
Más allá de la potencia, el planteamiento de Mazda no está que su modelo sea un deportivo, sino que es una apuesta clara por la práctica. Este propulsor es notable por su suavidad, por su entrega de par (hasta 450 Nm en versiones iniciales) y, sobre todo, por su eficiencia. Consume 5 l/100 kilómetros según la homologación, una cifra que en condiciones reales sorprende por su accesibilidad para su consecución.
El motor funciona con una caja de cambios automática de ocho velocidades cn convertidor de par, y tiene el objetivo de que las sensaciones en carretera puedan ser de máximo confort. La autonomía alcanza los 1.000 kilómetros.
Eficiencia y precio del Mazda CX-60
Al ser un motor diésel, abarata los costes, y esto puede ser determinante al moverse en un segmento dominado por marcas premium, porque el precio, la diferencia económica, es muy significativa. El precio de salida es de 47.000 euros, unos 20.000 euros menos que algunas de las alternativas de la competencia. La financiación que ofrece Mazda también es muy atractiva.
En cuanto a equipamiento, el CX-60 también incluye elementos tales como llantas de 20 pulgadas, faros LED, instrumentación digital de 12,3 pulgadas, una pantalla central del mismo tamaño, climatizador bizona, control de crucero y asistentes de aparcamiento.
La conjunción de coste, tecnología y eficiencia, da como resultado un modelo muy atractivo para quienes buscan un SUV que les permita hacer largos viajes, pero no quieren depender de la infraestructura de recarga eléctrica, que sigue siendo muy limitada e insuficiente en España.
Por otro lado, el planteamiento sigue siendo ideal para muchos conductores, ya que permite grandes recorridos por carretera con el diésel, un combustible ideal en relación al consumo y autonomía.
BMW X3 como rival más parecido
Si tuviéramos que encontrar al competidor más directo y parecido del Mazda CX-60, ese sería el BMW X3. Este SUV alemán también tiene tecnología mild-hybrid con diésel y etiqueta ECO. Pero las diferencias son grandes, ya que la firma alemana apuesta por cuatro cilindros, 2.0 litros, con 208 CV y 330 Nm de par. En aceleración es mejor, pero tiene menos cilindros, mayor presión sobre el turbo y un consumo más elevado, en torno a los 6,9 l/100 km.
El sistema de tracción integral xDrive está presente en la versión de serie de la versión alemana, mientras que en la de Mazda está disponible en la variante superior. A nivel dinámico, ambos coches ofrecen un altísimo nivel del confort, pero el seis cilindros japonés destaca por un mayor nivel de suavidad de funcionamiento.
El precio es la diferencia más notable, ya que el BMW X3 se mueve en velocidades en torno a los 67.000 euros, y esto le sitúa muy por encima de Mazda, unos 20.000 euros. Aquí entra en juego un factor importante, que es el prestigio de la marca. BMW sigue siendo una de las firmas con más músculo del planeta, y muchos prefieren pagar esa diferencia de precio, aunque las prestaciones sean peores.
En definitiva, Mazda sigue siendo fiel a su filosofía, y el CX-60 es el claro ejemplo de ello. Aportar por el motor diésel en los tiempos que corren es, al menos, sorprendente, pero, por otro lado, otra manera de desmarcarse de las tendencias actuales. EL diésel, la combustión interna, no está acabada, aún le queda recorrido, y la firma japonesa quiere explotar esta alternativa.





