El Gran Premio de China ha puesto sobre la mesa una realidad que pocos imaginaban al empezar este 2026. Se puede diseñar un motor de F1 desde cero y ser rápido de inmediato, como han demostrado Red Bull y Audi, pero también es posible tener problemas graves como le ocurre a la unión entre Aston Martin y Honda. Y en ellos se fijan.
Mientras los primeros celebran sus buenos resultados, los segundos trabajan mucho para que el coche no se pare. Red Bull-Ford y Audi han debutado con sus propias unidades de potencia logrando datos muy buenos, con Verstappen y Bortoleto sumando puntos desde las primeras carreras. Ahora, en Shanghái, esa diferencia entre los nuevos motores que funcionan y los problemas de Honda es más clara… todavía.
La historia de Red Bull es muy llamativa. Todo empezó en 2020, cuando Honda decidió dejar el proyecto. Christian Horner no se quedó parado y levantó de la nada una fábrica de motores. Tras años usando la tecnología japonesa con permiso, el reto real era el de este año: poner en pista una unidad de potencia propia. Y el resultado es muy bueno, especialmente por cómo recupera y usa la energía.
Laurent Mekies, responsable del equipo de las bebidas energéticas, destaca el trabajo realizado: «Para empezar hay que dar crédito a la fábrica de Milton Keynes. Hace tres o cuatro años era una parcela al lado del equipo de carreras, ahora tienen todas las operaciones de la unidad de potencia. Fuimos a Melbourne y casi no hablamos del motor, es un buen síntoma». Que la mecánica no sea noticia es la mejor información posible: «Es fácil olvidar que era la primera vez que rodábamos con la unidad de potencia de Red Bull-Ford. Así que es un hito increíble. El hecho de que se nos olvide es un buen síntoma. Sin duda es histórico».
Audi celebra su buen estreno pero matiza: «Es una tecnología de una complejidad enorme»
Lo de Audi en la F1 tiene mucho valor -más aún-, ya que empiezan desde cero en la competición. Han ganado muchas veces en Le Mans con motores diésel o híbridos, y también vencieron en el Dakar con electricidad, pero la F1 es diferente. Jonathan Wheatley, jefe del equipo, señala el gran esfuerzo de su gente: “Entrar en la F1 no es solo una elección de la marca, tenía el desafío de convertirse en fabricante de chasis y motor. Es increíble lo que hemos conseguido, y lo que la fábrica de Neuburg ha logrado en tan poco tiempo en cuanto a cantidad de trabajo, esfuerzo y energía”.
A diferencia de otros, la marca de los cuatro aros solo tiene dos coches en la pista para obtener datos. Igual que Aston Martin. Wheatley reconoce que esto les hace aprender más despacio que rivales como Mercedes: “Nos queda mucho camino antes de ser capaces de suministrar a un cliente, pero debemos ser realistas. Si ves el kilometraje del motor Mercedes en los test, multiplica por cuatro lo que nosotros hemos sido capaces de hacer. Pero estamos en el inicio del proyecto. Estas unidades de potencia son increíblemente complicadas. Hacer una unidad de potencia moderna en la F1 es realmente desafiante y emocionante”.
Alonso y el problema de las vibraciones
En el otro lado está la situación de Fernando Alonso. El asturiano terminó en el puesto 19 de la clasificación y las noticias no son buenas para su Aston Martin Honda. El fallo principal son unas vibraciones constantes que vienen del motor. Este problema hace que el coche pierda fuerza de forma descontrolada y que la batería se quede sin carga sin avisar. Lo más preocupante es que estos movimientos son tan bruscos que afectan a la salud de los pilotos dentro del coche.
En el garaje ya se comenta que la relación con el fabricante japonés es difícil. El propio Adrian Newey dijo con claridad que, de haber sabido esto antes, no habrían firmado el contrato. Alonso, por su parte, intenta aprovechar el tiempo en pista para mejorar: «Ha sido una crono corta, solo dos vueltas. En los entrenamientos de esta mañana intentamos aprender algo en la parte del chasis. Mientras el motor es lo que es intentamos mejorar la parte del chasis», dijo el asturiano este viernes.

Una carrera para intentar acabar
Los problemas no son solo de velocidad, también de piezas. En Shanghái el equipo tiene muy pocos recambios para las baterías tras los fallos en Australia. Fernando ya sabe que no puede ir al límite si quiere terminar la carrera. Su única forma de medir el rendimiento ahora es compararse con los equipos del final: “Creo que Williams estaba a 8 décimas por delante nuestro en Australia y aquí han estado como a 3 décimas. Así que hemos hecho algún pasito adelante, pero estando tan lejos se ve muy poco”.
Con Carlos Sainz también sufriendo atrás con su Williams (17º), el resumen del fin de semana para los pilotos españoles es de resistencia. Red Bull y Audi ya están en otra liga, así que el objetivo de Alonso y Sainz es que la mecánica aguante hasta el final de la carrera. En estas primeras carreras, unos pocos pelean por ganar y el resto solo intenta llegar al final.





