La nueva Fórmula 1 no gusta, algo que desde Autonoción llevamos denunciando desde que comenzó el Mundial, pero que ahora, gracias al estudio realizado por Víctor Abad, podemos confirmarlo con datos reales, con datos de todo el mundo, de todos los países.
La nueva normativa de la F1, la electrificación, la gestión de energía, no gusta, se ha perdido la esencia del automovilismo, los propios pilotos denuncian que adelantan por inercia, ni si quiera saben cuando pueden o no rebasar al piloto que llevan delante. Todo ello, además, se suma a que ha quedado demostrado que la nueva normativa supone un riesgo añadido para la integridad de los pilotos, que va mucho más allá del propio riesgo que supone ponerse al volante de un monoplaza. La FIA debe mover ficha cuanto antes, porque quienes aman este deporte, seguirán consumiendo el producto, pero el aficionado medio, puede bajarse del barco si no hay una reacción.
La nueva F1 suspende para los aficionados
Víctor Abad ha presentado un estudio global que recoge la opinión de aficionados de todo el mundo, con un total de 41.000 respuestas. La nota media de todos los que han votado es de 3,15 para la nueva F1, y el motivo es el nuevo reglamento, que pocos lo entienden, y la experiencia que generan en el usuario.
El público más crítico es el fan causal, aquel que le gusta el deporte, pero no cambia sus planes para no perderse una carrera. Este público puntúa con un 2,75, mientras que el público más habitual, en fan incondicional, puntúa la nueva era con un 3,20. Estos datos lo que evidencian es que, el público que debe generar más audiencia, el importante digamos, podría dejar de consumir el producto.
Datos demoledores
Uno de los datos más demoledores del estudio tiene que ver con el disfrute del aficionado. Solo el 4,7% afirma disfrutar viendo la clasificación, y solo el 8,7% disfruta viendo las carreras. La mayoría de los aficionados cataloga la experiencia de ver la F1 actual como “terrible”, o con “no me gustan”. La lectura de estos datos es que sentarse delante de la televisión para ver la F1 no genera emoción, algo básico en carreras de coches.
El gran problema, según los encuestados, es que la mayoría no entiende lo que está consumiendo: no entiende cómo funciona el nuevo reglamento, por qué unos coches en un momento dado tienen energía y por qué otros pierden tanta velocidad. Tampoco entienden que pueda haber tanta diferencia entre las velocidades de un monoplaza con la energía eléctrica al máximo y otro que esté vacío.
En cifras, los que dicen entender el reglamento, puntúan la nueva F1 con 3,45 de media, y los que no entienden lo que ocurre en pista, bajan la nota a 2,70.
Conceptos como el Super clipping, el OTM vs Boost, o el Overtake Mode, son completamente desconocidos para la mayoría de encuestados.
Una F1 artificial
La FIA o los medios que ofrecen la F1, como es comprensible por otro lado, dicen estar contentos con el producto y argumentan que los aficionados están satisfechos porque ahora vuelve a haber adelantamientos en las carreras. Sin embargo, la opinión de los encuestados no dice eso. Creen que la nueva F1 es más artificial, y el público ya se ha dado cuenta de ello. El 79,2% de los encuestado no considera que estos adelantamientos sean sinónimo de emoción. Lamentan que el poco protagonismo que ya tenían los pilotos con el reglamento, por ejemplo, del año, pasado, se ha perdido por completo.
Poca confianza en la FIA
La mayoría de los encuestado no confían ni en la FIA ni en la F1, también con datos demoledores que hablan de un producto manipulado. El 88,8% cree que se ocultan radios onboards, el 67,2% cree que la F1 controla la narrativa y el 62% cree que no se escuchan a los fans.
Según la F1 y las encuestas oficiales, el 94% de los aficionados creen que seguirán consumiendo el producto, pero en esta macroencuesta independiente, el porcentaje se reduce a solo el 59,2%. España es el país más crítico con la nueva F1, la nota es de 2,67, mientras que, a nivel global, la nota aumenta ligeramente hasta el 3,15, y en América al 3,57
La F1 ha cambiado con el objetivo de convertirse en un producto más espectacular, pero esto parece haberlo transformado en una experiencia arcade y se ha perdido la esencia de las carreras de coches. Se ha perdido la emoción, no se comprende el reglamento, y, en líneas generales, es un deporte que gusta menos. El producto no está en peligro en líneas generales, la F1 sigue siendo la categoría reina del automovilismo y seguirá siéndolo, pero corre el riesgo de perder al público casual, el que se mueve solo por entretenimiento o el que se mueve por tener al piloto que le gusta en la parrilla, pero ese público, al fin y al cabo, es el que marca las diferencias con las audiencias. La FIA tiene que hacérselo mirar.





