Hace apenas diez años, se comenzaban a ver los primeros coches eléctricos en las carreteras de España, pero eran una auténtica rareza. Se veía como algo del futuro, solo al alcance de las grandes fortunas o de personas muy peculiares que realmente se preocupaban por el medio ambiente o que, simplemente, querían llamar la atención con un vehículo exclusivo y diferente. Por aquel entonces, sólo se matriculaban 14 modelos de coches eléctricos, y la apuesta por esta tecnología por parte de la industria era residual.
Diez años después, el escenario ha cambiado mucho, la oferta ha aumentado mucho, hasta cifras impensables, pero la demanda sigue dejando mucho que desear, ya que la tecnología, aunque ha evolucionado, no acaba de convencer a un conductor que sigue apostando por la combustión tradicional como eje de la circulación.
De 14 a 200 coches eléctricos.
El crecimiento de los coches eléctricos en España, de las alternativas de mercado, es enorme, pasando de los 14 modelos que existían en 2015, a lo 198 que había cuando terminó el 2025. Es el reflejo de una industria que está cambiando, o mejor dicho, que está obligada a cambiar, por la presión europea y las normativas que aplican los países comunitarios, cada vez más restrictivas con la combustión interna.
Lo raro es que no haya una marca que no comercialice, al menos, un coche eléctrico. Marcas como Volkswagen, Mercedes-Benz o Ford, por ejemplo, pese a ser gigantes de la industria, tardaron algo más que la competencia, pero ahora ya no hay lugar a hacer otra cosa. A los principales fabricantes se han sumado nuevos actores, sobre todo las marcas chinas como BYD y otras tantas, que han llegado con mucha fuerza dado que esta tecnología ha elevado exponencialmente los precios de los vehículos, pero estas firmas del gigante asiático tienen modelos mucho más baratos pese a la igualdad de prestaciones.
El tipo de vehículo también ha cambiado, ya que antes las opciones eléctricas estaban pensadas únicamente para coches pequeños, compactos o utilitarios, pero ahora se suman los SUV, como no, y las berlinas premium (las berlinas tradicionales han perdido mucho peso en el mercado, eso es otra historia). También han llegado a los deportivos, pero en este tipo de vehículos, la tecnología debe jugar un papel clave, ya que las prestaciones siguen estando muy lejos de las opciones de gasolina, pero poco a poco empiezan a convencer.
En la actualidad, modelos como el Tesla Model Y, el Hyundai Ioniq 5, el Kia EV6 o el Volkswagen ID.4 están más que instaurados en el colectivo, aunque aún les queda mucho camino por recorrer, son la demostración de que esta tecnología va para adelante.
Sin embargo, que haya más opciones, se traduce en una competencia enrome entre marcas, pero no necesariamente en que se aceleren las ventas de los coches eléctricos, es más, la preocupación por el avance a cuenta gotas es máximo.
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Probar El BoxUn mercado que avanza más lento de lo esperado
Porque por mucho que desde la política se ha fomentado el coche eléctrico, está demostrado que sin ayudas o sin un empujón fuerte, el coche eléctrico se sigue vendiendo a cuenta gotas. En el año 2025 se vendieron 115.062 coches eléctricos puros, un 75,7% más que el año anterior, un crecimiento elevado, pero solo representa el 8,39% del mercado. La cifra aumenta con los híbridos enchufables, se matricularon 225.616, lo que supone solo el 19,6% del mercado. Por tanto, solo 1 de cada 5 coches que se venden en España tienen algo eléctrico, muy por debajo de lo que se podía esperar en un primer momento. Por tanto, el vehículo híbrido sigue siendo la opción preferible para la transición, es decir, seguir contando con la gasolina, que sigue siendo lo que más gusta.
Las barreras de los coches eléctricos
El principal problema que tiene el coche eléctrico es que su tecnología sigue estando muy alejada de los vehículos de combustión interna en muchos aspectos, todo ellos relacionados, sobre todo, con las baterías y las autonomías. Las baterías elevan considerablemente el precio, son muy caras de producir. A día de hoy, estas baterías ofrecen una autonomía de media mucho más baja que los coches de combustión de toda la vida, algo que no sería un problema si recargarlas fuera rápido y sencillo. Pero primero, el consumidor se enfrenta a que tiene que instalar un punto de carga en casa, que igual no puede ponerlo, para tener un coche eléctrico, porque, a día de hoy, no se puede depender de luna infraestructura pública muy limitada, con muy pocos puntos de carga disponible. Y si a todo esto le sumamos que recargar un coche eléctrico puede durar entre 20 y 30 minutos en el mejor de los casos, hace que, por ejemplo, viajar con ellos sea impensable.
Por otro lado, aunque es menos importante, los coches eléctricos no ofrecen las sensaciones ni las potencias de los vehículos de combustible, algo que no importa tanto a todos los conductores, pero influye, pero muchos dejarían pasar este aspecto si pudieran recorrer 1.000 kilómetros con la batería llena y que cargarla llevara un tiempo de 5 minutos.
El coche eléctrico es una realidad que no termina de despegar, las obligaciones políticas empujan a cambiar a una tecnología a la que le quedan años de progreso para que termine de convencer a la gente. Ahora hay muchas más opciones que hace diez años, pero como está montado todo no ayuda.





