La transición hacia la movilidad sostenible supone un auténtico dilema para las grandes marcas, por un lado, obligado a ofrecer alternativas en un mercado que no acaba de arrancar, que no acaba de tener la fuerza que se previa, mucho menos en el momento que las ayudas gubernamentales se frenar o se retrasan, y por otro lado, sabiendo que los gigantes de China no dudan, siguen lanzando modelos y modelos, y mucho más competitivos económicamente de que pueden hacer ellos. Por eso, cada vez gana fuerza que el fin de los motores de combustión retrasen su fecha límite de 2035, y un gigante como Mercedes es uno de los que más presiona.
Mercedes y el coche eléctrico
Ola Källenius, consejero delegado de Mercedes Benz, ha reconocido que las previsiones previstas por el gigante alemán han fallado, y por mucho más de lo esperado. “La demanda de coches eléctricos no es ni de lejos tan alta como creían los políticos”. Se refiere a unas declaraciones de 2022, alineadas con lo que se hablaban desde los gobiernos, y la previsión era la de que la mitad de los coches vendidos por la compañía fueran eléctricos para el 2025. También se aventuraron a que sería CERO emisiones para el 2030, pero a 4 años de que llegue esa fecha, ya se han dado cuenta que eso va a ser completamente imposible.
Obviamente, el mercado no ha respondido, ni de lejos, ni a las previsiones de Mercedes ni a las más optimistas de nadie, porque las personas aún confían en la combustión interna, y porque se ha entrometido un actor que nadie podía esperar por aquel entonces, el mercado chino, gracias a sus precios competitivos principalmente, lo que ha convertido la electrificación, más en una amenaza que en una alternativa real de futuro.
Mercedes y el colapso industrial
Källenius, en el medio de Der Spiegel, se ha mostrado optimista ante la opción de que la Unión Europea quiera flexibilizar la normativa que pone fin a la venta de vehículos de combustión interna en 2035. Dado que los avances tecnológicos permiten que los vehículos con esta combustión puedan contaminar aún menos, la opción de alargar la vida es ahora una opción real que no tiene por qué perjudicar al medio ambiente.
Ha insistido en que sí, que la movilidad eléctrica sigue siendo el futuro y debe ser el objetivo de todos, pero ha pedido que no se imponga un único camino hasta llegar a este propósito. “Dictar lo que los consumidores deben pensar y querer no genera crecimiento, reduce el mercado”. Ve clave que la decisión que se tome no sea solo desde un marco político, y que las grandes empresas del sector puedan también tener voz al respecto.
Mercedes insiste en que el problema en sí no es la descarbonización, sino el método impuesto para llevar este objetivo a cabo. Mercedes ha invertido casi más que nadie en reducir dichas emisiones, pero una regulación tan rígida, al final lo que está consiguiendo es debilitar la competitividad frente al mercado chino.
El aviso de Mercedes a Europa
Mercedes, por ejemplo, denuncia una de las propuestas de la Comisión Europa, que insta las empresas a que la flota de vehículos sean eléctricos antes de 2030, pero Källenius avisa que esto podría saturar le mercado de segunda mano, ya que las empresas renuevan la flota cada año. Y esto supondría una caída muy fuerte de los valores residuales, un elevado stock y una demanda desplomada de vehículos nuevos. “Esto tiene consecuencias drásticas para la industria”
El objetivo de Mercedes es que la Comisión Europea rebaje las exigencias marcadas, con tienen como finalidad la venta de coches de combustión para 2035. El futuro es la electrificación, pero el método elegido lo único que hacer es debilitar el sector en Europa y, por tanto, a largo plazo, perjudicar la economía local.





