La electrificación no es una solución universal, y el Volvo EX90 es un buen ejemplo de ello. Sobre el papel, estamos hablando de un gran SUV familiar que parece encajar con la suavidad y el silencio de un coche eléctrico, pero cuando entran en juego factores como el peso, el tamaño y el consumo real, la ecuación empieza a mostrar fisuras. Un vehículo de más de cinco metros de largo, cerca de tres toneladas y con un uso habitual en carretera y viajes largos quizá no sea el mejor candidato para prescindir por completo de un motor térmico eficiente, como podría ser un buen diésel moderno.
Volvo, aun así, ha decidido apostar fuerte y convertir al EX90 en su nuevo buque insignia eléctrico.
No es un XC90 electrificado, sino un modelo concebido desde cero como eléctrico, cargado de tecnología, con un enfoque obsesivo por la seguridad y un nivel de confort muy elevado.
Hemos probado la versión Twin Motor Performance de 517 CV y, tras convivir con ella varios días, la conclusión es clara: no es un coche perfecto ni especialmente eficiente para su tamaño, pero sí uno de los SUV más confortables y satisfactorios que se pueden conducir hoy, siempre que se asuman sus limitaciones inherentes a esta tecnología.
Diseño exterior: sobriedad, tecnología y personalidad Volvo
A nivel estético, el EX90 no busca provocar. Es un coche grande, elegante y sobrio, fiel al ADN Volvo. Las superficies limpias, los volúmenes bien proporcionados y la ausencia de estridencias encajan perfectamente con su posicionamiento como SUV premium eléctrico.
El frontal está claramente definido por los faros LED con firma “martillo de Thor”, pero aquí Volvo introduce una solución técnica tan curiosa como llamativa: las luces diurnas se abren mecánicamente para dejar al descubierto los proyectores de cruce y carretera. El resultado visual es espectacular y, además, la capacidad de iluminación es sobresaliente, tanto en alcance como en uniformidad. Este sistema tiene una pequeña contrapartida: si somos de dar ráfagas con las largas, el mecanismo necesita activarse para liberar las luces de cruce y carretera, lo que introduce un ligero retardo de unos milisegundos que resta inmediatez frente a sistemas más convencionales, igual de efectivos y seguramente, mucho más económicos.
En el perfil llaman la atención los tiradores enrasados, las grandes llantas aerodinámicas y una silueta muy limpia. En el techo aparece el ya conocido sensor LiDAR, perfectamente visible, que deja claro que aquí la tecnología y la seguridad están por encima de cualquier concesión estética. Hay que destacar que este sistema se va a eliminar para las unidades que vengan en el futuro por lo que despídete de la joroba en el techo.
En el perfil lateral también se aprecia claramente el trabajo aerodinámico realizado por Volvo. El EX90 estrena llantas de diseño aerodinámico de 21 y 22 pulgadas. Las llanatas junto a los tiradores enrasados, son soluciones cada vez más habituales en los eléctricos, pero aquí están bien integradas y contribuyen a un coeficiente aerodinámico de solo 0,29, una cifra destacable teniendo en cuenta el tamaño y la altura del coche.
En la zaga se mantienen los característicos pilotos en forma de “C” abrazando el portón, mientras que sobre el parabrisas destaca el gran sensor LiDAR, pieza clave de un ecosistema formado por 8 cámaras, 5 radares, 12 sensores ultrasónicos y 2 cámaras interiores, con el que Volvo persigue un objetivo muy claro: convertir al EX90 en el coche más seguro jamás fabricado por la marca.
Interior: lujo sostenible y ergonomía discutible
El habitáculo del EX90 transmite calma nada más abrir la puerta. Hay mucha luz, materiales agradables al tacto y una sensación de espacio muy lograda. Volvo apuesta por un lujo distinto, más silencioso y menos ostentoso.
En términos de calidad percibida, el Volvo EX90 transmite una sensación claramente premium desde el primer contacto. Al tacto, la mayoría de superficies que quedan al alcance de las manos están bien resueltas, con materiales blandos, tapicerías agradables y molduras bien integradas. El enfoque de Volvo hacia un lujo más sereno y sostenible se percibe en detalles como las inserciones de madera natural, los tejidos de lana o el material Nordico, que ofrecen una textura cálida y diferente a la habitual piel tradicional. No hay crujidos ni desajustes, y el ensamblaje general es sólido, algo que refuerza la sensación de estar ante un producto bien construido.
Sin embargo, no todo está al nivel que cabría esperar en un SUV de este precio. En zonas bajas del habitáculo y en algunos paneles secundarios aparecen plásticos duros que, si bien están bien ajustados, restan algo de empaque al conjunto. Además, la sobriedad extrema del diseño interior puede transmitir una percepción de simplicidad excesiva frente a rivales alemanes más exuberantes en acabados. El EX90 apuesta por una calidad más discreta y racional, pero quienes busquen un interior visualmente más elaborado o con mayor presencia de materiales nobles pueden echar en falta ese punto extra de sofisticación que históricamente también ha sabido ofrecer Volvo.
Llegados a este punto, el minimalismo extremo vuelve a ser un arma de doble filo. El sistema de infoentretenimiento del Volvo EX90 se articula en torno a una gran pantalla central vertical de 14,5 pulgadas, que actúa como auténtico cerebro del vehículo.
Funciona bajo Android Automotive OS, con los servicios de Google totalmente integrados de forma nativa, incluyendo Google Maps, Google Assistant y Google Play. La interfaz es limpia, bien estructurada y visualmente agradable, con menús claros y una lógica de funcionamiento bastante intuitiva una vez superado el periodo de adaptación. La respuesta táctil es rápida, las transiciones son fluidas y el sistema se apoya en una potente arquitectura electrónica que evita ralentizaciones, incluso cuando se gestionan múltiples funciones a la vez. Además, cuenta con actualizaciones remotas OTA, lo que permite mejorar funcionalidades y corregir errores sin necesidad de pasar por el concesionario.
Ahora bien, el planteamiento de Volvo tiene una cara menos amable. La apuesta por centralizar prácticamente todas las funciones del coche en la pantalla implica renunciar casi por completo a los botones físicos, algo que no siempre juega a favor de la ergonomía. Ajustes tan habituales como los retrovisores, el volante, la apertura de la guantera o determinadas funciones del climatizador obligan a interactuar con la pantalla, lo que puede resultar poco práctico en marcha.
La compatibilidad con Apple CarPlay inalámbrico está presente, pero su integración no es total, ya que algunas funciones avanzadas del vehículo siguen dependiendo del sistema nativo. En definitiva, el infoentretenimiento del EX90 es tecnológicamente muy avanzado y visualmente impecable, pero su excesiva dependencia de la pantalla puede no convencer a quienes valoren una interacción más directa y tradicional.
El cuadro de instrumentos es pequeño, pero muy claro, y cumple perfectamente su función.
Uno de los grandes puntos fuertes del Volvo EX90 está, sin ningún género de duda, en los asientos delanteros. Me han encantado. Probablemente podemos afirmar que Volvo monta los asientos más cómodos del mercado, y no es una exageración ni una frase hecha: es un hecho contrastable tras muchas horas al volante.
La ergonomía es excelente, el mullido está muy bien equilibrado y el cuerpo queda perfectamente recogido sin sensación de fatiga. Las funciones de masaje, calefacción y ventilación elevan aún más la experiencia y convierten cada trayecto largo en algo realmente placentero. Es uno de esos extras que, una vez los pruebas, cuesta renunciar a ellos.
En contraste, hay decisiones difíciles de entender: resulta innecesario que los respaldos de la segunda fila sean eléctricos cuando, sin embargo, los reposacabezas no lo son.
El acceso a la tercera fila no es tan malo como cabría esperar por tamaño, y un adulto puede viajar de forma ocasional con relativa comodidad, pero me parece difícilmente justificable que un SUV familiar de 7 plazas solo disponga de dos anclajes ISOFIX y, más aún, que la tercera fila no cuente con ISOFIX, algo que penaliza claramente su enfoque familiar. Un Renault Clio o un Volkswagen ID.3 son coches compactos y tienen tres ISOFIX –uno delante y dos detrás-.
El apartado de audio es uno de los grandes argumentos del Volvo EX90, especialmente cuando equipa el Bosé, opcional en los niveles más altos de acabado. Se trata de un equipo con una configuración envolvente que incluye altavoces integrados incluso en los reposacabezas delanteros. El sistema ofrece diferentes perfiles acústicos y modos de escucha.
En la práctica, la experiencia sonora es sobresaliente, especialmente gracias al excelente aislamiento acústico del habitáculo, que permite disfrutar de la música sin interferencias externas incluso a velocidades elevadas. Los graves son profundos pero controlados, los medios muy definidos y los agudos precisos, sin estridencias. A volúmenes altos no aparecen distorsiones y la escena sonora se mantiene equilibrada en cualquier plaza. Es un extra caro, pero coherente con el posicionamiento del EX90 y uno de esos elementos que marcan la diferencia en viajes largos, reforzando esa sensación de lujo silencioso que Volvo busca transmitir en su nuevo buque insignia eléctrico.
Mecánica: potencia sobrada, pero con dos personalidades
La versión Twin Motor Performance desarrolla 517 CV, y las cifras impresionan sobre el papel. El 0 a 100 km/h se completa en menos de 5 segundos, y el empuje es muy contundente… siempre que selecciones el modo Performance.
En modos normales, el coche prioriza un solo motor y aparece un ligero retardo hasta que entra toda la potencia disponible. No es peligroso ni incómodo, pero sí rompe un poco la inmediatez que se espera de un eléctrico de este nivel de potencia y precio.
En carretera, el EX90 es una auténtica alfombra voladora. El silencio a bordo es impresionante, la suspensión filtra muy bien las irregularidades y el coche invita constantemente a viajar relajado.
El tacto del freno es sorprendentemente natural para un eléctrico, y la conducción con un solo pedal, con retención automática adaptativa al tráfico, funciona tan bien que no se echan en falta levas aunque sí que podríamos pedir un nivel aún más “a vela”.
Los asistentes a la conducción trabajan con mucha suavidad, apoyados por el LiDAR, y transmiten una gran sensación de seguridad.
En cuanto al consumo, el EX90 muestra dos caras bastante diferenciadas. En uso urbano, sorprende muy positivamente: hemos registrado cifras cercanas a los 16 kWh/100 km, un dato realmente bajo para un SUV de este tamaño y peso, que demuestra lo bien afinado que está el sistema eléctrico en entornos urbanos. En autopista, sin embargo, la realidad es distinta. A 120 km/h es difícil bajar de los 21 kWh/100 km, y lo más habitual durante la prueba ha sido ver consumos en torno a los 25 kWh/100 km en el ordenador de a bordo, cifras coherentes para la envergadura pero que condicionan la autonomía real.
El Volvo EX90 utiliza una batería de iones de litio de gran capacidad, diseñada para mover con solvencia un SUV de este tamaño y peso. En la versión Twin Motor Performance, la batería tiene una capacidad bruta de 111 kWh, con aproximadamente 107 kWh utilizables, lo que le permite homologar hasta 619 km de autonomía WLTP. Funciona con una arquitectura eléctrica de 400 voltios, admite cargas rápidas en corriente continua de hasta 250 kW y soporta carga en alterna de hasta 11 kW. Además, está integrada en la estructura del vehículo, lo que contribuye a un centro de gravedad muy bajo, mejora la rigidez del conjunto y ayuda a contener balanceos en marcha, aunque también es responsable de gran parte del elevado peso total del EX90.
En el apartado de recarga, el Volvo EX90 demuestra que puede recuperar energía con bastante rapidez si se conecta a un punto potente. En nuestro caso, recargamos en un Tesla Supercharger, donde en solo 15 minutos el coche absorbió 46,50 kWh, con un precio de 0,55 €/kWh, lo que se tradujo en un coste total de 25,57 euros. Esto supone una potencia media de carga de aproximadamente 186 kW, una cifra muy elevada y coherente con las capacidades de carga rápida del modelo. En la práctica, esta velocidad permite recuperar una cantidad significativa de autonomía en muy poco tiempo, haciendo los viajes largos mucho más llevaderos, aunque el coste por kWh en este tipo de infraestructuras rápidas sigue siendo un factor a tener en cuenta.
En marcha, el Volvo EX90 sorprende por su capacidad para disimular el tamaño y el peso. La suspensión está claramente orientada al confort y filtra muy bien las irregularidades del asfalto, incluso en firmes deteriorados, manteniendo siempre un elevado nivel de aislamiento. A pesar de sus dimensiones y de unas inercias inevitables, el coche se mueve con una soltura mayor de la esperada, especialmente en vías rápidas y carreteras amplias. El bajo centro de gravedad, consecuencia directa de la batería ubicada en el suelo, se nota de forma clara: el balanceo está bien contenido y la sensación de aplomo es constante, transmitiendo mucha seguridad al conductor incluso a ritmos elevados.
Donde el EX90 deja margen de mejora es en el apartado de frenada. Sin haber realizado mediciones específicas, la sensación al volante es la de un sistema de frenos que cumple, pero no destaca, especialmente teniendo en cuenta el peso del conjunto. El tacto del pedal es correcto, pero en frenadas más exigentes se echa en falta un mayor mordiente inicial y una capacidad de deceleración más contundente. No resulta preocupante ni inseguro, pero sí es uno de esos aspectos en los que un SUV de este tamaño y precio debería ofrecer un plus, especialmente si se conduce cargado o en descensos prolongados.
Precios
- Volvo EX90 Core Single Motor desde 83.926 euros
- Volvo EX90 Plus Single Motor desde 88.343 euros
- Volvo EX90 Plus Twin Motor desde 94.211 euros
- Volvo EX90 Plus Twin Motor Performance desde 99.220 euros
- Volvo EX90 Ultra Twin Motor desde 103.347 euros
- Volvo EX90 Ultra Twin Motor Performance desde 108.356 euros
El Volvo EX90 es un coche pensado para viajar, para disfrutar del silencio, del confort y de una calidad de rodadura excepcional. Los asientos delanteros son una referencia absoluta, la insonorización es sobresaliente y el enfoque general está muy bien alineado
No es perfecto, pero sí uno de los SUV eléctricos más agradables, cómodos y satisfactorios que se pueden comprar hoy. Y eso, en un coche de este tipo, es mucho decir.
Diseño/Estética
Calidad de acabado
Equipamiento de serie
Equipamiento opcional
Habitabilidad
Maletero
Motor/Refinamiento
Prestaciones
Consumos
Dirección
Frenos y neumáticos
Comportamiento
Calidad de rodadura
Relación valor-precio
8.1
El Volvo EX90 es un gran SUV eléctrico que destaca por su confort de marcha, su excelente aislamiento y unos asientos delanteros que probablemente se sitúan entre los mejores del mercado. Ofrece un despliegue tecnológico y de seguridad de primer nivel, con sistemas avanzados de asistencia y un interior amplio y bien resuelto para viajar en familia. En ciudad sorprende por su suavidad y consumos contenidos, pero en autopista el peso y el tamaño pasan factura, con cifras de consumo elevadas que limitan la autonomía real. El exceso de minimalismo interior y la dependencia casi total de la pantalla restan ergonomía, y el sistema de frenado podría ser más contundente. Tampoco convence del todo su enfoque familiar por la escasez de anclajes ISOFIX.
Lo bueno
- Confort de marcha sobresaliente: la suspensión filtra muy bien las irregularidades y el aislamiento acústico es excelente, convirtiéndolo en un coche ideal para viajar largas distancias.
- Asientos delanteros de referencia: probablemente los más cómodos del mercado, con una ergonomía excelente y funciones de masaje, ventilación y calefacción muy bien ejecutadas.
- Nivel tecnológico y de seguridad muy avanzado: destaca el sistema LiDAR, la monitorización del conductor y la detección de niños o mascotas, situándolo a la vanguardia del segmento.
- Calidad interior y sistema de sonido: materiales bien ajustados, ambiente premium y un equipo Bosé muy digno.
Lo mejorable
- Consumo y peso elevados: especialmente en autopista, donde el consumo es alto para un uso viajero, penalizando la autonomía real.
- Ergonomía discutible por exceso de minimalismo: demasiadas funciones dependen de la pantalla central, con ausencia de botones físicos para acciones básicas.
- Sistema de frenado mejorable: cumple, pero se queda corto en mordiente y sensación de contundencia para un SUV tan grande y pesado.
- Enfoque familiar con carencias: solo dos anclajes ISOFIX y ausencia de ISOFIX en la tercera fila, difícil de justificar en un SUV de 7 plazas.



















































































