Max Verstappen y Fernando Alonso encabezan el malestar por la normativa actual de la F1. Tanto, que sus retiradas están en el aire. El accidente de Oliver Bearman en Suzuka ha puesto el foco en unas reglas que priorizan la gestión de la electricidad sobre el talento al volante.
Los monoplazas dependen de un sistema donde la mitad de la potencia proviene de la batería. Esta configuración obliga a los equipos a centrar sus esfuerzos en estrategias de recarga constantes. El uso de la energía marca ahora la posición en cada Gran Premio y el orden de la parrilla de salida.
Así, los veteranos rechazan un mundial donde las manos del piloto cuentan menos. El diseño de los coches solo busca estirar el uso de los motores eléctricos, un escenario que empuja a las estrellas a estudiar su salida más pronta del campeonato. Los golpes en Japón han devuelto el miedo a los pilotos y equipos por la falta de seguridad. Los protagonistas exigen soluciones para volver a conducir de verdad.
Max Verstappen y Fernando Alonso quieren conducir de verdad
Max Verstappen duda del rumbo de la F1. El neerlandés prefiere pegarse al asfalto y el desgaste físico de antes. A sus 28 años, el campeón ya mira opciones fuera del paddock.
De hecho, Verstappen parece disfrutar más en las carreras de resistencia. Su paso por Nürburgring con el Mercedes GT3 antes y después de ir a Japón, donde su equipo ganó en pista aunque luego los descalificaran, deja claro que su motivación se está moviendo hacia otros tipos de competición. El neerlandés busca sensaciones que la F1 actual ya no le transmite.
El cuatro veces campeón siente que los números de la batería han matado la intuición del piloto. Verstappen busca que su manejo decida las carreras.
A su lado también está Fernando Alonso, quien apunta a lo que ocurre en las carreras. El asturiano puntualiza que las curvas rápidas ya no sirven para marcar diferencias. «Hasta el chef podría conducir este coche», ha señalado el piloto en varias ocasiones para explicar la pérdida de exigencia. Ahora esos tramos son simples zonas para levantar el pie y acumular energía.
Pregúntale a El Box, el asesor de coches con IA de Autonoción. Te ayuda a comparar, elegir y decidir.
Probar El BoxEl paso por curvas rápidas, como la 130R donde antes se decidía el orden de los mejores, queda supeditado al rendimiento de las baterías. Alonso, atareado con un doloroso Aston Martin, nota que la informática tiene más peso que sus propias manos. La dependencia de los sistemas deja sus decisiones al volante por detrás de las órdenes que llegan desde el muro. Los años que lleva el asturiano en la élite cuentan menos que la configuración del coche. Es ahí que el bicampeón insiste en recuperar el verdadero mando del monoplaza para que el resultado dependa de quién conduce y no de cómo se gestiona la energía.
Carlos Sainz, como Max Verstappen y Fernando Alonso, aporta datos concretos para explicar su postura sobre la seguridad. El uso de la potencia extra genera cambios de ritmo de 50 km/h entre los coches en las rectas. El madrileño afirma que el choque de Bearman era previsible por esta circunstancia del reglamento. Un piloto que usa toda su energía coincide con otro que está en fase de ahorro de energía. Esta diferencia de velocidad es peligrosa en trazados con muros cercanos y poca visibilidad.
Los pilotos piden revisar las normas para evitar situaciones de riesgo. La seguridad de los corredores va por delante de cualquier plan de cambio en los motores. Sainz defiende una competición donde el peligro se gestione con sentido común. Quienes trabajan en el mundial coinciden en la necesidad de escuchar a los que se suben al coche cada fin de semana. El reglamento debe adaptarse a lo que ocurre de verdad en el circuito.

El impacto de Aston Martin y Honda en la audiencia mundial
Asimismo, el crecimiento del campeonato depende de la conexión directa con el público. Los aficionados siguen a sus ídolos por la capacidad de ofrecer momentos únicos en carrera. Si Verstappen abandona la competición y Alonso decide retirarse, el interés de millones de personas bajará de forma drástica.
El carisma de los campeones sostiene la estructura económica de la categoría reina, al tiempo que los nuevos mercados buscan figuras reconocibles y duelos directos entre los mejores pilotos del mundo.
La FIA estudia ahora cómo ajustar las normas de las próximas temporadas. El trabajo se centra en evitar que el funcionamiento de los motores de batería acabe por estropear el espectáculo de las carreras. Los pilotos ya han transmitido sus quejas y esperan que el reglamento cambie de verdad en los despachos. La Fórmula 1 busca retener a sus nombres más conocidos -Max Verstappen, Fernando Alonso, Charles Leclerc, Lando Norris o Lewis Hamilton, entre otros-, para que el mundial no pierda fuerza frente a otras competiciones.
Durante los próximos meses se sabrá si los corredores con más peso en la parrilla deciden seguir en sus asientos o si optan por marcharse al no estar de acuerdo con las reglas actuales. Todo el campeonato queda pendiente de que quien conduce vuelva a ser el protagonista principal.





