Lewis Hamilton vive su mejor momento desde que viste de rojo. El británico viene de subir al podio con Ferrari en la última carrera tras 26 de sequía. A sus 41 años, su contrato termina esta temporada y su rendimiento ha crecido hasta tutear a Charles Leclerc.
Sin embargo, lo que parece una buena noticia se ha convertido en un problema de gestión para Maranello. Renovar a la leyenda implica, casi con total seguridad, decir adiós a Oliver Bearman, la perla de su cantera que ya brilla en la parrilla.
El escenario es complejo. Hamilton ha tardado en adaptarse, pero lo cierto es que estas nuevas reglas, con coches más manejables, le han ayudado. Tanto, que se amoldan muy bien a su conducción. El problema es que, mientras él recupera su mejor versión, por detrás empuja un joven de 20 años que está rompiendo todos los moldes. Bearman pilota un Haas y marcha quinto en el mundial. Su compañero, el francés Esteban Ocon, ni siquiera ha puntuado con el mismo monoplaza. La diferencia entre ambos evidencia que el chaval está para retos mayores.
Esta situación guarda un parecido razonable con lo que vivió Yamaha en MotoGP hace seis años. En plena pandemia, la marca japonesa tuvo que decidir entre mantener a Valentino Rossi en el equipo oficial o subir a un Fabio Quartararo que volaba en el equipo satélite. Rossi no quería retirarse, pero su rendimiento ya no era el de antes. Yamaha cortó por lo sano y convenció a la leyenda para bajar al equipo satélite y así retener al joven francés.
Las ofertas de Red Bull y McLaren amenazan la continuidad de Bearman en Ferrari
En la F1, esa jugada es imposible. Hamilton no va a aceptar correr en un Haas o un Cadillac para cerrar su trayectoria. En Maranello saben que si firman la renovación del siete veces campeón, el asiento oficial quedará bloqueado. Y Bearman no va a esperar un tercer año en un equipo de la zona baja. Con el mercado de fichajes en plena ebullición, al joven inglés no le van a faltar ofertas de escuderías como Red Bull, Aston Martin o incluso McLaren, las cuales ya han mostrado interés en Oli.
El podio de ‘Sir Lewis’ llega en el momento más inoportuno para los despachos. Si el británico estuviera lejos de los puntos, la decisión sería sencilla. Pero ahora mismo rueda al ritmo de Leclerc. Despedir a un piloto que acaba de demostrar que puede subir al cajón es un movimiento arriesgado. Sin embargo, los resultados de los jóvenes de la academia obligan a tomar una decisión más pronto que tarde.
El joven de Haas ha demostrado madurez. Más allá de algún error puntual típico de la edad, su consistencia con el VF-26 es asombrosa. Ya lo hizo en su primer año cuando mojó consistente a a su compañero Ocon, e incluso cuando el equipo rojo le dio la oportunidad en Arabia Saudí en 2024, sustituyendo a Sainz por apendicitis, donde llegó a sumar puntos.
Ahora, está llevando a un coche limitado a posiciones que no le corresponden por presupuesto. En Italia tienen en sus manos a un diamante en bruto, pero si no le da el volante oficial el año que viene, el mercado se lo llevará. En Maranello saben que ver a su mejor canterano ganando con un rival directo sería un error histórico que nadie quiere explicar.
El contrato de Hamilton en Ferrari vence al final de la temporada
El contrato de Hamilton con Ferrari es multianual, con un salario de 49 millones de euros por temporada y está previsto que expire a finales de este 2026. Se desconoce si existe alguna cláusula que podría ampliar automáticamente el contrato hasta 2027, como varios medios así lo especularon, pero para ellos, no es el caso. Esto obliga a Hamilton y a su grupo de representación a sentarse a negociar.
La decisión marcará el futuro de la parrilla a corto plazo. El equipo debe elegir entre la experiencia y el marketing global que supone Hamilton, o la apuesta por un proyecto de diez años con Bearman. En la Fórmula 1 actual, la fidelidad cuenta poco cuando hay talento de por medio. Si Ferrari duda, Bearman firmará por otro equipo antes de que termine el verano.

Hamilton no tiene intención de retirarse. Se siente rápido y el podio le ha dado la energía que le faltaba tras un 2025 que le puso al filo de tomar esa decisión. «La Scuderia necesita al verdadero Lewis. Es la primera vez que le vemos tan débil y desmoralizado», decían desde ‘La Gazzetta dello Sport a finales de año. Pero todo eso ha cambiado. Se ve (y se nota) un Lewis motivado, en sinfonía con su nuevo coche y con ganas de volver a estar en lo alto.
De todos modos, Ferrari tiene que mirar más allá de la próxima carrera. La pregunta en Maranello ya no es si Hamilton merece seguir, sino si ese año extra compensa perder para siempre al que muchos ven como el próximo dominador de la categoría.
Otro punto clave es la convivencia. Leclerc es el ojo derecho de la directiva, pero la presión de Hamilton es real. Subir a Bearman supondría establecer una posición mucho más clara, con un veterano joven y una promesa en aprendizaje. Con el siete veces campeón, el box es un polvorín de egos donde cuenta cada décima. El equipo rojo necesita estabilidad para pelear por el mundial de constructores, y la gestión de dos gallos de pelea siempre es más difícil que la de un maestro y un joven.
El tiempo se agota. El contrato de Hamilton vence y las llamadas de otros equipos al entorno de Bearman son constantes. La marca de ‘Il Cavallino’ tiene que ejecutar un plan rápido. O apuesta por la nostalgia y el carisma del piloto más laureado de la historia, o abre paso a la nueva generación para no arrepentirse durante la próxima década. En este deporte, quedarse quieto es la forma más rápida de perder.





