La conducción eficiente es un tema de moda. Ya sea porque nuestros bolsillos están resentidos o porque ser ‘ecofriendly’ mola mucho, lo cierto es que cada vez más usuarios hablan y buscan sobre ello. Es más, incluso las autoescuelas llevan ya algunos años inculcando y valorando la eficiencia en la conducción de los aspirantes a conductores…
Es innegable que la conducción eficiente tiene grandes ventajas sobre el ahorro de combustible y el mantenimiento de la mecánica. Sin embargo, debes tener claro que también se trata de un arma de doble filo. Si aplicas al extremo los consejos de conducción eficiente, esto puede pasarte factura en forma de averías que echarán por tierra todos tus esfuerzos por ahorrar en combustible.
La conducción eficiente debe ser una conducción lógica. Dicho de otra forma, circular en el régimen al que está más cómodo el coche. La clave está en no maltratar la mecánica y otros componentes ni con “cortes de inyección”, ni con muerte por ahogamiento a demasiado bajas revoluciones. Ni tanto ni tampoco, que ya decía tu madre que los extremos no son buenos.
Tomando como base los 20 consejos básicos de la conducción eficiente que te dimos en su momento, vamos a añadir un punto de profundidad y ver cuáles de ellos pueden perjudicar a nuestro coche cuando los llevamos al extremo.
Mantén el régimen del motor adecuado
Cada coche es un mundo y es importante conocerlo. No es habitual cambiar con frecuencia de vehículo, por lo que la mayoría de los propietarios conocemos nuestro vehículo prácticamente de la misma forma que conocemos a nuestra mascota o a nuestra pareja. Ahí está la clave. Los coches son diversos y la forma de practicar una conducción eficiente en cada uno de ellos, también.
¿A qué régimen debemos conducir? ¿Qué significa eso de que el coche vaya «cómodo» o «desahogado»? Cada vehículo tiene su tamaño, su peso, su relación de cambio, su cilindrada… Sin embargo, hay algunos puntos comunes en todos ellos para practicar una conducción eficiente sin meter la pata. Veamos en qué regímenes podemos operar:
- Bajo régimen: el coche no puede “ratear”, ni vibrar en exceso. Si vibra estamos forzando al motor y, una de dos, o está a punto de calarse, o el exceso de vibraciones nos perjudicará a largo plazo, tanto al motor como a otras piezas aledañas.
- Alto régimen: si debemos apretar el acelerador más de dos tercios de su recorrido, malo. En este caso estaremos gastando combustible en exceso, sobrecalentando diversas partes del motor y, probablemente, no estaremos consiguiendo nada útil más que mucho ruido… y pocas nueces.
La clave es que el motor debe permanecer ágil. Esto significa que no debe ir al límite, como si condujésemos con el espíritu vivo del WRC; ni a punto de “colapsar”, como si fuésemos una tortuga milenaria. El régimen más adecuado es el segmento de revoluciones que coinciden con el máximo del par motor.
Como sabes, éste es diferente en cada coche. Por lo tanto, tener una mínima idea de cuál es el régimen al que el coche se siente cómodo es una buena forma de practicar una conducción eficiente sin forzar los componentes del vehículo. Otra opción es seguir los consejos para subir o bajar de marcha que ya nos dan muchos de los vehículos actuales en la instrumentación.
Conducción eficiente: equilibrio tiempo-consumo
No podemos confundir conducción eficiente con “el único modo de conducir”. La conducción eficiente es la que para un trayecto concreto, a una hora concreta, con condiciones de tráfico y de tiempo atmosférico determinadas y un montón más de variables que no conocemos, pero que están, conseguimos consumir el mínimo posible (en esas condiciones) y tardamos lo menos posible.
Muchas veces necesitamos que los desplazamientos sean óptimos en tiempo, más que en consumos. Es fácil conseguir consumos irrisorios por autovía si conducimos en sexta a 90 km/h de media. Sin embargo, es poco probable que quieras que un viaje Gijón-Cádiz dure más que el Camino de Santiago a pie. Debemos equilibrar el ahorro en combustible y la pérdida de tiempo.
En esencia, no hay que volverse loco con la conducción eficiente. Podemos ir a velocidad normal consumiendo poco combustible (dentro de las posibilidades del coche que llevamos, claro). Nuestro consejo es que la anticipación es una aliada impagable de la conducción eficiente. Con un poco de planificación y de sentido común puedes hacer tus viajes muy equilibrados.
Por ejemplo, aprovecha las inercias; no salgas en las horas de más tráfico; intenta que la climatología no sea la peor de la semana; no adelantes en una cuesta arriba si puedes hacerlo en llano o cuesta abajo; no necesitas bajar cuatro marchas para adelantar rápido si esperas a que no venga ningún coche por detrás… Conducción lógica, sin necesidad de forzar el vehículo en sus extremos.
Las averías de una conducción eficiente llevada al extremo
Como te decíamos, practicar mal la conducción eficiente puede acarrear importantes averías. Estas son especialmente notables en los vehículos diésel, ya que están pensados para recorrer mucho kilómetros por carretera. Si los machacamos con una conducción mayoritariamente en ciudad, a baja velocidad y forzando el motor a bajo régimen, el resultado puede ser fatal.
En los diésel, las averías más comunes derivadas de llevar el motor siempre a bajo régimen son las que se derivan de la acumulación de suciedad: hollín, carbonilla… Esta suciedad no se puede evacuar bien en estas circunstancias. Se quedará acumulada y nos provocará averías en las válvulas EGR, el catalizador, los turbos y los sistemas anticontaminación, entre otros.
Todo ello está provocado por el diésel no consumido. Se puede evitar o corregir subiendo de vueltas el motor cuando corresponde. Por ejemplo, al incorporarse a las autovías. Esto nos permite subir hasta las 3.000 o 3.500 rpm sin problema, un régimen más que suficiente para quitar las telarañas del motor y desprender ese hollín que puede acabar costándonos muy caro.
No se recomienda, lógicamente, ir siempre por encima de 3.000 rpm, sino llegar a un equilibrio. En ciudad podemos circular sin muchas pretensiones, manteniendo las rpm en buena zona y, cuando debamos acelerar, hacerlo sin miedo y estirando algo las marchas. Eso te lo agradecerá tu bolsillo, pero sobre todo, tu coche.
Ya sabéis, conducción eficiente sí, pero no conducción extremadamente ineficiente, que es la que conseguimos cuando nos dejamos llevar por extremismos como los de los hypermilers o los nempimaníacos. Y si quieres saber más para seguir ahorrando, descubre nuestros consejos sobre cómo gastar menos combustible practicando la conducción eficiente.



