El grupo Volkswagen vive un momento de cambios internos profundos para adaptarse a la situación de Europa. Esta reorganización ha provocado el cierre de plantas en Alemania y la revisión de muchos planes que ya estaban sobre la mesa. En España, Seat ha conseguido evitar hasta ahora las medidas más duras, pero no ha quedado fuera de los ajustes del grupo.
La noticia más destacada es que la multinacional ha decidido parar la llegada de una segunda fase de coches eléctricos a la fábrica de Barcelona. Aunque Martorell ya se prepara para fabricar modelos como el Cupra Raval y el Volkswagen ID.Polo, el grupo no quiere dar el siguiente paso todavía.
La planta de Martorell se encuentra hoy a un nivel de trabajo muy alto. El buen funcionamiento del Cupra Formentor y las ventas mantenidas de modelos como el Ibiza y el León han llenado las líneas de montaje.
Esta situación da mucha tranquilidad a los trabajadores, ya que la actividad está asegurada hasta que termine la década. Sin embargo, el plan inicial era sumar un nuevo modelo eléctrico para asegurar el futuro más allá de esos años. Tras las últimas reuniones entre la dirección y los representantes de los empleados, se ha confirmado que esa decisión no se tomará durante este año 2026. La empresa prefiere analizar con calma cómo evoluciona la compra de coches eléctricos antes de comprometer más dinero y máquinas.
El plan de Volkswagen para reducir los cargos directivos en sus marcas
Junto al freno en los proyectos eléctricos, Volkswagen ha puesto en marcha un plan para adelgazar su estructura de mando. El objetivo es que las marcas que venden más volumen de coches, como Seat, Cupra o Skoda, funcionen de una manera más ágil. Para lograrlo, el grupo quiere reducir en un 30% los puestos en los consejos de dirección y otros cargos altos.
La idea es que algunas áreas, como las de compras o fabricación, se compartan entre varias marcas en lugar de tener un jefe para cada una. De esta forma, se busca que las decisiones se tomen más rápido y se ahorren costes innecesarios en las oficinas.
Esta nueva organización divide el trabajo por regiones. Por ejemplo, la fabricación en España y Portugal ahora depende de una dirección conjunta que supervisa tanto la planta de Martorell como las de Navarra y Palmela. Seat defiende que este sistema les permite ser más rápidos y aprovechar mejor las herramientas que tienen en común con Volkswagen.

El máximo responsable de estas marcas ha confirmado que estos cambios en la dirección se irán aplicando poco a poco en todos los niveles. No se busca un plan de despidos masivo, sino más bien una forma de trabajar donde se eliminen puestos duplicados y se reorganicen las funciones de los que se quedan.
Los sindicatos temen que Seat pierda capacidad de decisión propia
Los representantes de los trabajadores siguen muy de cerca estos movimientos y han mostrado sus primeras preocupaciones. Aunque el trabajo en las líneas de montaje no corre peligro inmediato, los sindicatos temen que Seat pierda capacidad de decisión propia dentro del gran grupo alemán. Recuerdan que en los últimos tiempos ya se han pactado salidas de personal y que la plantilla ha cumplido con su parte para que la empresa sea rentable. Por eso, han dejado claro que no dejarán de pedir que lleguen más modelos eléctricos a la fábrica de Barcelona para que el empleo sea estable a muy largo plazo.
Por su parte, la compañía asegura que estos cambios sirven para que todas sus marcas sean más fuertes y sostenibles. Insisten en que, aunque se compartan jefes y estrategias, Seat y Cupra mantendrán su propia identidad y su forma de vender coches. El sector vive una etapa de mucha presión por las nuevas normas y la competencia de otros países, lo que obliga a Volkswagen a ser mucho más cuidadoso con cada paso que da. De momento, Martorell seguirá funcionando a pleno rendimiento con sus coches de gasolina e híbridos, mientras espera que el grupo decida cuándo es el momento de apostar con más fuerza por la electricidad.





