El automovilismo de primer nivel suele devorar a sus protagonistas con una rapidez asombrosa, pero el caso de Fernando Alonso desafía cualquier lógica temporal. A punto de cumplir un cuarto de siglo desde su debut en la Fórmula 1, el bicampeón mundial afronta el mundial de 2026 con una reconfiguración mental profunda sobre lo que significa ganar.
La llegada del primer monoplaza nacido del ingenio de Adrian Newey bajo el sello de Aston Martin coincide con un momento vital donde el asturiano ha decidido sustituir la inercia del triunfo por una gestión consciente de la gloria.
Claro que la trayectoria de Alonso en la categoría reina ha sido un ejercicio de resistencia y evolución constante. Tras participar en 22 temporadas, el piloto ha comprendido que la percepción del éxito es, en realidad, una trampa psicológica. Durante sus años de dominio absoluto con Renault, la victoria se procesaba como una condición natural, casi como un destino inevitable.
«Incluso llegas a pensar que ganar carreras será a partir de ese momento la normalidad, ganar campeonatos, que ese es tu destino», reflexiona ahora el piloto sobre aquella etapa en la que la inmediatez impedía saborear el presente. En 2006, mientras celebraba su segunda corona mundial, su mente ya se había transportado al futuro inmediato: «Gané el campeonato y pensaba: vale, ahora voy a McLaren en 2007, así que tengo que adaptarme», señalaba Fernando Alonso en una entrevista para Aston Martin.
Fernando Alonso y el sacrificio constante como motor de la grandeza
Ese estado de ánimo constante, donde el éxito se desvanece apenas una semana después de producirse, es lo que ahora el piloto identifica como un aprendizaje clave de la madurez. Existe la creencia de que los momentos de esplendor durarán para siempre, pero la realidad muestra que el sentimiento de plenitud es apenas un subidón momentáneo. «Permanecerá para siempre en los libros, pero el sentimiento personal se reducirá drásticamente», admite Alonso. Por ello, su enfoque para 2026 es distinto: «Ahora, cuando tenga éxito, disfrutaré más de ese momento porque sé que a la semana siguiente se desvanecerá».
«Puedes ser una persona mucho más completa y un piloto mucho más completo si amplías un poco la visión fuera de la F1»
La búsqueda de la excelencia plantea uns gran pregunta: ¿es posible alcanzar la grandeza si uno se detiene demasiado tiempo a celebrar? En el entorno de Alonso existe la convicción de que para lograr algo extraordinario es imperativo mantener un estado de ánimo de sacrificio constante. «La grandeza sólo se puede alcanzar si buscas constantemente el siguiente éxito», afirma con rotundidad. Para el asturiano, marcar la diferencia implica hacer algo que probablemente nunca se haya hecho antes, lo cual exige «sacrificarlo todo por el siguiente triunfo», una disciplina extremadamente difícil de mantener a lo largo de décadas.
Esta etapa de su carrera le ha permitido comprender que la Fórmula 1, a pesar de su magnitud global, es solo una parte de lo que el automovilismo le puede ofrecer. «Puedes ser una persona mucho más completa y un piloto mucho más completo si amplías un poco la visión fuera de la F1«, explica sobre su necesidad de evolucionar. La grandeza, para el hombre que arrancó su andadura en 2001, consiste ahora en ser «la mejor versión de ti mismo en ese momento y nunca dejar de buscar algo mejor».
Fernando Alonso y Aston Martin, la última oportunidad
Esta temporada 2026 no es una más para el español. Representa la culminación de un proyecto donde la figura de Adrian Newey actúa como el gran catalizador de esperanzas. Para Alonso, este ejercicio supone la oportunidad de aplicar toda la madurez adquirida en un entorno técnico privilegiado. La lección aprendida tras casi 25 años es clara: «Entiendes que las cosas son para ese momento y que no durarán para siempre». Esa evidencia es la que le impulsa a valorar el camino tanto como el trofeo final, aconsejando a su entorno que «tienes que disfrutar del camino».
En el paddock se comenta que esta versión actual de Fernando Alonso es la más peligrosa para sus rivales, al al actuar ahora con una libertad y una templanza que antes no tenía. Si antaño la victoria era una obligación, hoy es una meta que se afronta con la serenidad de quien ya ha entendido las reglas del juego. El éxito en 2026 se medirá en los puntos dictados por el rendimiento del coche diseñado en Silverstone, pero también en la capacidad del piloto para detener el reloj y disfrutar de un triunfo que no será tratado como una simple normalidad, sino como el fruto excepcional de una vida dedicada por entero a la competición.





