Batallas en pista menos artificiales aunque todavía basadas en gestionar. Siete abandonos, el primer podio de Lewis Hamilton con Ferrari y la primera victoria, la que más ilusión hace y jamás se olvida, de Kimi Antonelli en Fórmula 1. Son ingredientes que siguen sin convencer con este reglamento pero que dieron vidilla a la carrera en China y, como mínimo, la hicieron entretenida. El italiano dominó de principio a fin y está aprovechando el cohete que le ha dado Mercedes para romper récords de precocidad. Para sorpresa de nadie, la primera fila fue de Mercedes y la segunda, de Ferrari, que regaló una lucha preciosa entre sus pilotos. Carlos Sainz obró un milagro terminando noveno con su defectuoso Williams mientras que Fernando Alonso sigue sometido al drama que es Aston Martin, incapaz de terminar una carrera.
Cuatro coches no tomaron la salida. El Audi de Gabriel Bortoleto, el Williams de Alex Albon y los McLaren de Oscar Piastri y Lando Norris trataron de hacerlo desde el pit lane pero no pudieron arreglar sus respectivos problemas a tiempo. En caso de Albon, se trató de un problema hidráulico. Desastre absoluto para el equipo campeón, que se fue con un doble cero de China y, en caso del piloto australiano, ni ha podido completar una vuelta esta temporada. La imagen del campeón Norris viendo la carrera en monitores desde el garaje no es agradable para nadie.
La salida, con 18 coches, tuvo de todo y hubo luchas en todas las zonas de la parrilla. De esos momentos que uno no sabe hacia donde mirar. Si al trompo que hizo Isack Hadjar sin ningún contacto, si a los Alpine quinto y sexto de forma sorprendente, si a otro espejismo de los españoles, que ganaron unas cuantas posiciones. Pese a que el ritmo de carrera de Fernando Alonso y Carlos Sainz es el que es, por desgracia, por lo menos en las primeras vueltas de carrera se pueden divertir. Una alegría efímera ver al asturiano, décimo, pelear con el madrileño, justo detrás, y con Max Verstappen, que volvió a sufrir cuando se apagaron los semáforos. El neerlandés sigue muy incómodo con su coche y ni terminó la prueba: abandonó en la vuelta 47.
Alonso sufre con las vibraciones
En la parte delantera, lo de siempre. Los Ferrari vuelan con su pequeño turbo y se comen a los Mercedes. Hamilton y Leclerc partieron mejor y se pusieron primeros, con el británico líder comiéndole la tostada a Antonelli y Russell. El ritmo del mejor coche de la parrilla no tardó en imponerse y el italiano recuperó el liderato en la segunda vuelta. Todo volvió a su orden natural cuando Russell se colocó segundo, detrás de su compañero. Con el curso de las vueltas, Alonso fue cayendo posiciones enseguida, como era de esperar, y se estancó al fondo de la tabla junto a los Cadillac. «No me des los tiempos del resto, estamos en otra carrera», llegó a decir por radio hasta que se retiró en la vuelta 33 por incomodidad y problemas con las vibraciones.
Su compañero Lance Stroll tampoco terminó la prueba. Solo once vueltas en pista antes de sufrir problemas en la batería de su Aston Martin y verse obligado a pararse en la curva dos. El canadiense tuvo que retirarse y provocó que saliera el coche de seguridad. El equipo de Silverstone sigue sin terminar un Gran Premio con ninguno de sus coches. El que más tajada sacó de la resalida fue Antonelli, que cogió aire escoltado por Colapinto y Ocon, que hicieron de tapón con Hamilton y Russell. El neumático duro despertó a los Ferrari, segundo y tercero, mientras Russell arrastraba problemas para pasar a Ocon. Fue un espejismo aquellas primeras vueltas de stint donde Ferrari fue más rápido.
Pasaron las vueltas y, con veinte restantes, todo volvió a su aburrido curso y los Mercedes se metieron primero y segundo, delante de los coches rojos. Hamilton y Leclerc regalaron una lucha eterna rueda a rueda durante toda la carrera. Al límite y con limpieza siempre. Fue lo mejor de la cita, dentro de estas luchas modernas basadas en la gestión de la energía. Estuvieron a punto de tocarse cuando se pasaron y repasaron casi en cada zona del circuito, hasta en las más insospechadas. Su batalla no fue demasiado artificial, dentro de este reglamento. El monegasco, hasta se divirtió peleando por el podio con el británico: «Está siendo una lucha divertida».





