- Alonso lleva un 39-0 aplastante contra Stroll en clasificación y aun así eso solo sirve para pelear por la penúltima plaza de la parrilla, lo que retrata el desastre de Aston Martin mejor que cualquier dato técnico.
- Que el equipo Cadillac, recién llegado a la F1, supere con solvencia al coche verde en el circuito propiedad de Honda debería hacer saltar todas las alarmas en Silverstone.
- Si estás entre quienes siguen creyendo que el proyecto Aston Martin tiene un plan a medio plazo, lo que ha pasado en Suzuka obliga a replantearse esa fe por completo.
- La nueva restricción de 8 megajulios de la FIA ha destapado un problema en la unidad de potencia Honda que va mucho más allá de este fin de semana.
En casa de Honda, la realidad es esta: Aston Martin ha tocado fondo en el circuito de Suzuka. Lo que debía ser el gran escaparate para el fabricante japonés en este 2026 se ha convertido en un crudo escenario -ya asimilado- con Fernando Alonso eliminado en Q1 y ocupando la penúltima posición de la parrilla de salida. El astur batió a Stroll en su último intento.
El proyecto de Silverstone, lejos de asomar la cabeza entre los grandes, se ha hundido por completo hasta confirmarse como el farolillo rojo de la Fórmula 1 en el trazado propiedad de su propio motorista.
Desde que se abrió el pit-lane, las sensaciones fueron nefastas. Mientras los Mercedes de Kimi Antonelli y George Russell rodaban en otra liga, los monoplazas verdes parecían anclados al asfalto. En su primer intento con neumáticos blandos, Fernando Alonso marcó un tiempo de 1:33.846, una cifra que le situaba a más de dos segundos de la cabeza. La falta de velocidad punta y una alarmante inestabilidad en las curvas rápidas dejaron al asturiano vendido ante la llegada de equipos teóricamente inferiores. El AMR26 se mostró incapaz de generar la carga aerodinámica necesaria para afrontar el primer sector con garantías, un lugar donde el talento de Alonso suele brillar pero que hoy le ha castigado con una falta de agarre inexplicable.
El desplome del Aston Martin de Fernando Alonso ante los ojos de Sakura y el factor Cadillac
La crisis de rendimiento es de tal magnitud que incluso los recién llegados, como el equipo Cadillac, han logrado superar con solvencia a los de Lawrence Stroll. En la fábrica de Sakura, los rostros eran de pura incredulidad al ver cómo el coche de Alonso cedía ocho décimas frente al crono de un Cadillac. Finalmente, cerró vuelta tres décimas por detrás. La gestión de la energía, limitada este fin de semana por la nueva normativa de la FIA a un máximo de 8 megajulios, ha golpeado con especial dureza a la unidad de potencia nipona. Esta restricción ha desnudado las carencias de un motor que sufre de vibraciones excesivas, comprometiendo no solo la fiabilidad, sino también la confianza del piloto en cada frenada fuerte de la zona del Triángulo.
A mitad de la Q1, tras un fugaz paso por el garaje para intentar un milagro de última hora que nunca llegó, Alonso regresó a la pista para un segundo intento desesperado. Aunque logró mejorar ligeramente su registro personal bajando al 1:32.689, la realidad fue un mazazo: 21º y penúltimo.
El bicampeón, acostumbrado a extraer petróleo de coches mediocres, se encontró esta vez con un muro insalvable. Esta vez volvió a tiranizar a Lance Stroll con un parcial de 39-0 en clasificación, una victoria pírrica en mitad del fango que supone ser el peor equipo de la parrilla en casa de Honda.
De nada sirve la vigencia del talento del asturiano cuando el AMR26 se hunde ante el empuje de debutantes como Cadillac, dejando al bicampeón en una penúltima posición que evidencia el colapso de un proyecto que no encuentra el rumbo en este 2026.
Un problema estructural que recuerda a los peores años
La situación de Aston Martin en este inicio de temporada empieza a recordar peligrosamente a los años más oscuros de Honda en su anterior etapa con McLaren. Las vibraciones y la falta de integración entre el motor y el chasis están lastrando un monoplaza que sufre incluso para superar el corte de la primera tanda. Mientras Ferrari y McLaren intentan seguir la estela de unos Mercedes inalcanzables, el equipo de Alonso pelea en el barro con Williams por evitar la última fila. La brecha con la cabeza es tan profunda que el asturiano cedió 2.4 segundos con respecto a las primeras referencias de la sesión.

Han pasado 15 días desde el Gran Premio de China, que se saldó con el segundo rosco de los dos AMR26. Entonces, Lance Stroll tuvo que detener su monoplaza en la novena vuelta y el asturiano lo hizo en la 32ª, cuando sus manos y pies estaban ya entumecidas por las vibraciones que transmitía el motor.
Suzuka, un circuito donde el talento del piloto suele compensar algunas décimas en las eses y en la mítica 130R, ha dictado una sentencia cruel. La dificultad para adelantar en este trazado hace que las esperanzas para la carrera del domingo sean nulas. El objetivo ahora no es puntuar, sino simplemente alcanzar la bandera de cuadros para recolectar datos que permitan entender por qué el proyecto ha nacido con tantas deficiencias. La fiabilidad es la prioridad absoluta para un equipo que necesita acumular kilómetros en condiciones reales para salir del pozo.
El Gran Premio de Japón se ha convertido en el examen definitivo que Aston Martin ha suspendido con estrépito. Con Fernando Alonso partiendo desde el fondo de la parrilla, la marca se enfrenta a una crisis de identidad que requiere medidas urgentes. En casa de su motorista, el equipo ha tocado suelo, y el camino de vuelta a la competitividad parece más largo y tortuoso que nunca. La relación entre Silverstone y Sakura afronta una bola de fuego en un escenario donde la estabilidad y la potencia son innegociables para sobrevivir.





