El desembarco de Adrian Newey en Aston Martin no es una situación nueva para el ingeniero británico. Ya vivió un escenario de máxima tensión y expectativas hace más de dos décadas, cuando decidió abandonar la estructura de Williams para unirse a McLaren.
Aquella transición estuvo marcada por un litigio contractual que le obligó a mantenerse alejado de las mesas de diseño durante meses, un fenómeno conocido hoy en día en la F1 como ‘gardening leave’. Esta situación se ha repetido de forma casi idéntica tras su salida de Red Bull, donde ha tenido que esperar los tiempos legales antes de poder influir directamente en el monoplaza de Silverstone.
En aquella etapa dorada con el equipo de Woking, Newey logró lo que muchos consideraban imposible: llegar y vencer de inmediato. Diseñó el coche que hizo campeón a Mika Hakkinen en 1998, rompiendo el dominio de sus anteriores jefes. Ahora, el objetivo es calcar esa progresión con Fernando Alonso.
La capacidad de Adrian Newey para visualizar conceptos aerodinámicos durante su periodo de inactividad ha sido siempre su mayor ventaja competitiva. Mientras sus rivales evolucionan diseños existentes, él aprovecha el tiempo de espera para idear soluciones disruptivas que suelen cambiar el orden de la parrilla de un año para otro.
El método de trabajo de Newey frente a la pizarra de diseño
A diferencia de la mayoría de ingenieros modernos que dependen exclusivamente del diseño por ordenador, Adrian Newey sigue fiel a sus métodos tradicionales. El propio ingeniero reconoce que su proceso creativo se basa en el silencio y la concentración absoluta frente a la pizarra. Según sus propios datos, dedica aproximadamente el 25% de su tiempo a realizar dibujos de diseño general para resolver conflictos mecánicos y estructurales. El resto de su jornada laboral se vuelca exclusivamente en las formas aerodinámicas, el área donde realmente se ganan las décimas en la F1 actual.
Este enfoque artesanal es el que ha dado vida al AMR26, el monoplaza con el que Aston Martin pretende asaltar el liderato en 2026. Durante las primeras pruebas y exhibiciones, el coche ya ha sorprendido a todos por presentar soluciones visuales y técnicas muy alejadas de lo que han mostrado el resto de escuderías.
Newey tiene la habilidad de encontrar «agujeros» en el reglamento que otros pasan por alto. Su capacidad para gestionar el flujo de aire y minimizar la resistencia al avance es lo que ha convertido a sus coches en leyendas del asfalto, y es precisamente esa magia la que Fernando Alonso espera aprovechar en sus últimas temporadas al máximo nivel.
De hecho, cuando le preguntaron en Arabia Saudí por la idea principal del AMR26, el genio británico reconoció que dio con ella mientras cumplía su periodo de ‘gardening’ (el tiempo de espera obligatorio por contrato). «La filosofía surgió durante mi periodo de pausa en abril de 2024, cuando me fui de mi anterior equipo. Las reglas ya se conocían, así que me senté a pensar desde cero: ‘Vale, con estas normas, ¿cuál es la mejor solución?'».
Este tiempo a solas le sirvió para llegar a su nuevo puesto con los deberes hechos. En cuanto se incorporó a su cargo actual, compartió su visión con el grupo de ingenieros para poner el proyecto en marcha de inmediato. «Ideé una filosofía y, cuando empecé en el equipo el 2 de marzo, hablé de ella con los aerodinamicistas y diseñadores de Aston Martin. Todos estuvimos de acuerdo en que era una propuesta viable y eso es lo que hemos seguido desde entonces», concluyó.
El objetivo de ir de menos a más en el desarrollo del Aston Martin AMR26
El objetivo principal del equipo es seguir una progresión constante durante toda la temporada. Esta filosofía de ir de menos a más es una de las claves que siempre ha repetido Adrian Newey en sus diseños más exitosos y coincide plenamente con las palabras de Fernando Alonso durante su presentación. El piloto asturiano ya adelantó que el verdadero potencial del monoplaza se verá a medida que avance el campeonato, permitiendo que la fábrica de Silverstone introduzca mejoras basadas en los datos reales de la pista.

Alonso, consciente de que los cambios de reglamento suelen beneficiar a las mentes más brillantes, confía plenamente en este plan de su equipo. El piloto asturiano ha manifestado en diversas ocasiones que la llegada de Newey supone un salto de calidad que coloca a Aston Martin en una posición privilegiada frente a gigantes como Ferrari o Mercedes. La historia nos dice que cuando Newey cambia de aires tras un periodo de reflexión, el resultado suele ser un coche capaz de dominar la categoría. Si la historia se repite como en aquel 1998 con McLaren, el sueño de la tercera corona para el automovilismo español podría estar más cerca que nunca.
El nuevo reglamento de 2026 se adapta perfectamente a la mente de Adrian Newey
A sus 67 años, Adrian Newey afronta este reto en Aston Martin como la culminación de una carrera sin igual. Lejos de plantearse la jubilación, Newey eligió el proyecto de Silverstone para ejercer una autoridad total sobre la arquitectura del nuevo coche.
El control que Lawrence Stroll ha otorgado a Newey marca una diferencia fundamental respecto a las rígidas jerarquías de sus anteriores equipos, como Williams o McLaren. Esta capacidad para decidir cada detalle del monoplaza suele traducirse en un éxito rotundo, especialmente cuando el ingeniero cuenta con el apoyo total de la directiva.
El reto de 2026, con motores más electrificados y una aerodinámica activa, parece diseñado a medida para su mente. El ingeniero ha demostrado que sabe adaptarse a cualquier cambio normativo, por drástico que sea. Mientras el resto del paddock observa con recelo las formas del nuevo Aston Martin, Newey sigue trabajando en silencio, con su café y sus galletas, dibujando el futuro de una Fórmula 1 que, una vez más, parece destinada a bailar al ritmo de su lápiz. Esta repetición del plan maestro de los noventa sitúa a Fernando Alonso como el principal beneficiario, siempre que el rendimiento del coche convenza al piloto para seguir compitiendo al máximo nivel y aprovechar esta oportunidad, cuanto menos, histórica.
Del futuro cercano y lejano nadie sabe. Fernando Alonso ya ha dejado mensajes sobre un final si todo va como le gustaría, o que quizá la celebración real será en Yas Marina y no en Australia cuando cumpla 25 años en la F1. Pero no hay nada más que teorías, como las deportivas, donde el coche de Newey empezará a mostrarse en estos test oficiales en Bahréin. Así, el automovilismo aguarda con expectación el resultado de esta unión, la creación de un coche destinado a que el piloto español vuelva a sentirse el dueño absoluto de todo. Que así sea.





