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La DGT vuelve a liarla: esta es la estafa que llega a las carreteras por culpa de la baliza V-16

Jorge Majdalani

Por: Jorge Majdalani

Publicado el 19.01.2026 15:00

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La conectividad de las nuevas balizas V-16 de la DGT ha abierto una puerta a los delincuentes en las carreteras españolas. Porque la implementación obligatoria de la baliza V-16 conectada, diseñada para sustituir a los tradicionales triángulos de emergencia, ha generado un nuevo ecosistema donde los estafadores pueden llegar a operar de manera casi sencilla.

¿Cómo funciona la estafa de las grúas pirata con la baliza V-16?

El problema reside en la emisión de la señal de geolocalización. Cuando un usuario activa su dispositivo tras una avería o accidente, la baliza envía automáticamente las coordenadas a la plataforma DGT 3.0. Esta información, que debería ser exclusivamente para los servicios de emergencia y auxilio en carretera, está siendo interceptada por redes organizadas de grúas pirata que monitorizan las frecuencias de auxilio.

Así, los delincuentes operan con una velocidad superior a la de las compañías de asistencia legítimas. Al captar la ubicación exacta del vehículo detenido, desplazan unidades de remolque sin licencia que llegan al lugar en cuestión de minutos. El conductor, en un estado de nerviosismo y vulnerabilidad tras el incidente, asume que la grúa que aparece es la que ha enviado su seguro o los servicios oficiales. Esta confianza es el motor de una estafa que termina con el coche secuestrado en talleres clandestinos o con el cobro de facturas desorbitadas por servicios nunca solicitados.

El engaño es directo y no admite errores de ejecución por parte de las mafias. Una vez que la grúa pirata llega al punto de la avería, el operario utiliza un lenguaje profesional y tranquilizador para convencer a la víctima. Afirman que han sido enviados por la central de emergencias tras detectar la señal de la baliza V-16. En muchos casos, incluso conocen detalles sobre el modelo del coche gracias a la información que el propio dispositivo vuelca en la red. El objetivo es enganchar el coche lo antes posible para sacarlo de la vía pública antes de que aparezca la patrulla de la Guardia Civil o la asistencia real.

Una vez que el coche está sobre la plataforma de la grúa ilegal, el escenario cambia drásticamente. Los estafadores suelen informar al conductor de que el taller oficial está cerrado o que existe un problema con su póliza, desviando el vehículo a naves industriales situadas en polígonos alejados. Allí, se exige el pago inmediato de tasas de remolque y custodia que pueden superar los 500 euros, siempre bajo la amenaza de retener el vehículo indefinidamente. O lo que es lo mismo; la tecnología que debía proteger al conductor se convierte así en el faro que guía a los delincuentes hasta su presa.

La responsabilidad de la DGT ante la inseguridad de los datos

La Dirección General de Tráfico se enfrenta a una encrucijada de gran calibre debido a la naturaleza de esta estafa. La obligatoriedad de usar dispositivos conectados implica que el Estado debe garantizar la blindaje de esa comunicación. Sin embargo, la realidad de las carreteras españolas demuestra que el sistema es permeable. Las autoridades han detectado que estas mafias utilizan escáneres de frecuencia avanzados para «barrer» las zonas de mayor siniestralidad, esperando el destello amarillo de la baliza para iniciar su despliegue.

No se trata de un fallo mecánico del dispositivo V-16, sino de una explotación del protocolo de comunicación inalámbrica. El flujo de datos entre la baliza, el operador de telefonía y la plataforma central tiene fisuras que los piratas de carretera conocen a la perfección. Esta situación obliga a los conductores a ser mucho más precavidos con la tecnología que con los antiguos métodos manuales. La rapidez de la respuesta oficial se ha vuelto irónicamente un factor en contra del usuario, ya que la premura por despejar la vía facilita que los delincuentes operen con impunidad ante la mirada de otros conductores que no sospechan del fraude.

Cómo verificar la asistencia legal en plena carretera

La única forma de detener esta oleada de estafas es mediante la verificación estricta de cada paso del proceso de auxilio. Un conductor que activa su baliza V-16 nunca debe entregar las llaves de su vehículo a una grúa que no aporte una orden de servicio digital o física verificable. Las compañías de seguros tienen la obligación de enviar un mensaje de confirmación al teléfono móvil del titular con los datos del operario y la matrícula del vehículo de asistencia. Si la grúa que llega no coincide con esos datos, se trata de una unidad pirata.

Es fundamental mantener la calma y contactar directamente con el número de asistencia del seguro o con el 112 para confirmar la identidad del vehículo que ha llegado al lugar. Las grúas oficiales siempre van rotuladas con los logotipos de las compañías o de las redes de asistencia autorizadas por la DGT. La desconfianza es ahora la mejor herramienta de seguridad vial. El sistema V-16 se vio como un avance para evitar atropellos en el arcén, pero su mal uso por parte de terceros obliga a una vigilancia constante para que la tecnología no se convierta en el aliado perfecto del fraude en carretera.

Jorge Majdalani

Jorge Majdalani

Jorge es periodista y SEO formado en la UAM, de los que se adaptan a todo y siempre están a varios frentes. Creció con la inspiración de Fernando Alonso y con la constancia que le inculcó su padre, y desde entonces no ha dejado de buscar nuevos retos. Inició su trayectoria en medios locales de la provincia de Granada y, con el tiempo, ha pasado por distintos proyectos y cabeceras en España. Ha trabajado como redactor en portales, revistas y periódicos, con especial foco en información deportiva y del motor. En Motornoción cubre la actualidad del motor y, especialmente, la Fórmula 1.
Contacto: info@autonocion.com