El sensor de lluvia, junto con el de luces, así como el sistema de asistencia al aparcamiento que incluye sensores delanteros y traseros así como cámara trasera, forman parte del interesante equipamiento de nuestro Mazda CX-5. Por último, el nuevo sistema de sonido envolvente Bose proporciona una intensa experiencia acústica de música “en directo” (de serie en el acabado Luxury). Entre lo más destacado, hay que hablar del innovador amplificador Bose. Con solo 675 gramos, pesa menos de la mitad que los amplificadores de los sistemas Bose de otros Mazda.
Motorización:
Bajo el capó del Mazda CX-5 se esconde un motor diésel de cuatro cilindros de alta eficiencia, asociado a una transmisión de seis velocidades automática, con tracción a las cuatro ruedas (4WD). En concreto se trata de un 2.2 que en este caso rinde 175 CV en lugar de los 150 que ya habíamos probado.
La primera pregunta que nos hacemos es, por lo tanto, ¿ese incremento de 25 CV es verdaderamente significativo? En momentos muy puntuales ese aumento de potencia se puede notar, pero en líneas generales debo decir que apenas es perceptible, más que nada porque el motor de 150 CV es lo suficientemente bueno como para mover con soltura el peso del CX-5. Bien es verdad que el peso de esta unidad de prueba (1.540 kg) era aproximadamente 100 kg superior a la de la anterior, por lo que la mayor potencia se compensaba en parte con esta circunstancia.
Como podéis observar en alguna de las fotografías, al relentí en caliente el motor se queda por debajo de las 1.000 revoluciones. Al acelerar, obtenemos una suave y precisa reacción, por lo que podríamos decir que el propulsor se caracteriza fundamentalmente por su progresividad. Nos ha gustado porque no pega tirones ni tampoco desfallece en ningún momento.
Causa directa de estas buenas sensaciones es la caja de cambios automática que monta el CX-5. Como única pega apuntaría que en velocidades cortas el freno motor actúa muy poco y apenas retiene el vehículo, por lo que en ocasiones lo ponía en modo manual para aprovechar en este sentido la segunda y tercera marcha.
En materia de consumos todo son factores en contra para este CX-5: cambio automático, tracción a las cuatro ruedas, neumáticos de perfil bajo, llantas de 19”, etc. Aun así la marca nipona oficializa unos consumos de 5,5 litros a los cien kilómetros en un trazado combinado para este motor. Sin embargo durante nuestra prueba obtuvimos unos registros algo más elevados, siempre entre los seis litros y los seis y medio, en función de las circunstancias.
En cuanto a la tracción 4WD, tuvimos ocasión de probarla en una serie de caminos de tierra ligeramente bacheados, con alguna que otra pendiente pronunciada. El resultado obtenido fue muy satisfactorio, en especial en lo que se refiere al confort a bordo del vehículo. Incluso por campo, el CX-5 destaca por su suavidad, y en ningún momento nos hizo un mal gesto ni un renuncio. Bien es verdad que tampoco le exigimos en exceso, pero recordemos que el hábitat natural de un SUV son los caminos y la carretera, no el campo propiamente dicho, pues no es un todoterreno.
Conclusión y precio:
En definitiva, como ya ocurriese en la anterior prueba del CX-5, hemos acabado muy satisfechos con el coche. La cuestión que nos debemos plantear es si merece la pena el incremento de 25 CV, la tracción 4WD y el cambio automático. Pues bien, la mayor potencia ya hemos visto que no repercute de forma significativa en el rendimiento del coche. El tipo de tracción dependerá básicamente de nuestras necesidades, pero en ocasiones podría valernos con el 2WD si no vamos a hacer un uso excesivo de caminos, pues con la altura quizá sea suficiente (ya probamos el tracción delantera por la nieve). Por último, en relación con la transmisión automática o manual, es cuestión de gustos. La caja automática que monta el CX-5 rinde bien, pero lo cierto es que encarece bastante el coche.
Hablando de precios, el coste final del Mazda CX-5 2.2 L. 175 CV 4WD Auto Luxury es de 38.560 euros, casi 10.000 euros más que el CX-5 2.2 L. 150 CV 2WD MT Style. En mi opinión, haciendo balance de la relación calidad precio, optaría por comprarme el manual, y luego ya vería si necesito o no la tracción a las 4 ruedas.
















































