El mercado de coches de ocasión en España cerró 2025 cumpliendo previsiones y superando un nuevo hito: 2.218.824 unidades vendidas, lo que representa un crecimiento del 4,2% interanual, según los datos publicados por GANVAM y Faconauto. Esta cifra consolida al vehículo usado como el auténtico motor de la movilidad privada en España: por cada turismo nuevo se vendieron casi 2 de ocasión -1,9 para ser exactos-.
Solo en el mes de diciembre, las operaciones alcanzaron las 217.332 unidades, con un incremento del 2,1%, confirmando la fortaleza estructural del mercado de ocasión frente a la debilidad persistente del canal de nuevos.
El gran problema estructural: un parque envejecido
El crecimiento del mercado no oculta una realidad que personalmente creo que es bastante preocupante: la renovación del parque automovilístico sigue siendo una asignatura pendiente. Aunque las ventas de vehículos de entre tres y cinco años crecieron a un ritmo notable (+8,8%), los modelos de más de diez años continúan dominando el mercado, concentrando el 57,3% de las operaciones.
Este desequilibrio explica que la edad media del coche usado vendido en España se sitúe en los 11 años, superando incluso los 15 años en las operaciones entre particulares, una cifra muy alejada de los estándares de los principales países europeos.
Achatarramiento y ayudas: una demanda histórica del sector
Ante este escenario, GANVAM y Faconauto insisten en la necesidad de activar una estrategia eficaz de incentivo al achatarramiento, orientada a retirar de la circulación los vehículos más antiguos y contaminantes. Las patronales reclaman que las ayudas a la compra de vehículos electrificados se completen con el plan nacional de renovación previsto en la Ley de Movilidad Sostenible, incluyendo el respaldo a modelos Euro 6d.
El sector coincide en que hacer más rentable achatarrar que revender es un pilar estratégico para acelerar la renovación del parque, reducir emisiones y avanzar hacia los objetivos de descarbonización comprometidos por España.
Importaciones y empresas, los canales más dinámicos
Por canales, las importaciones, que representaron el 6% del mercado, fueron las que más crecieron, con un aumento del 20,8% en 2025. Este fenómeno impulsó especialmente a los vehículos de entre cinco y diez años, que crecieron un 13,7%.
Las empresas también incrementaron sus ventas de usados un 6,2%, hasta las 326.075 unidades, mientras que renting y alquiladoras mantuvieron volúmenes estables, con 164.412 y 146.365 unidades, respectivamente.
Los coches electrificados usados despegan, aunque siguen siendo minoría
Por tipo de energía, el diésel continúa liderando el mercado de ocasión, pese a registrar un ligero descenso (-0,8%), con un 49% de cuota. La gasolina le sigue con un 36% y un crecimiento del 2,3%.
Los vehículos electrificados de segunda mano, aunque aún testimoniales, muestran un fuerte dinamismo. Los eléctricos puros, con solo un 1,3% de cuota, crecieron un 53,3%, mientras que los híbridos enchufables, que representaron el 2%, aumentaron sus ventas un 43,7%. El mercado de ocasión se consolida así como la principal vía para democratizar el acceso a la movilidad cero emisiones.
¿Somos un país pobre o un país con un problema grave de movilidad?
La edad media del parque automovilístico español no es un accidente, ni una anomalía puntual del mercado: es el reflejo de un problema estructural de renta, fiscalidad y políticas públicas fallidas.
España no es un país pobre en términos macroeconómicos, pero sí es un país con una clase media cada vez más tensionada, incapaz de asumir el coste real de la movilidad moderna. Los precios del vehículo nuevo —especialmente tras la electrificación forzada y la inflación regulatoria— han expulsado a millones de conductores hacia un mercado de segunda mano cada vez más envejecido.
Cuando más del 57% de las operaciones se realizan con coches de más de diez años, no estamos ante lo que la gente quiere, sino ante una decisión defensiva: comprar lo único que se puede pagar.
La movilidad en España se ha convertido en un bien de primera necesidad tratado como un lujo, especialmente fuera de las grandes ciudades, donde el transporte público no es una alternativa real.
El resultado es un círculo vicioso: coches viejos, más contaminantes, menos seguros, que permanecen en circulación porque no existe un plan coherente de renovación, sino ayudas fragmentadas, intermitentes y mal diseñadas. Penalizamos al coche antiguo, pero no ofrecemos una salida económicamente viable al ciudadano medio.
España no tiene solo un problema de emisiones; tiene un problema serio de movilidad social y territorial. Mientras no se aborde con realismo —incentivando el achatarramiento, estabilizando ayudas y aceptando que la transición debe ser gradual— seguiremos siendo un país donde se habla mucho de sostenibilidad, pero se circula cada vez con coches más viejos.
