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humo de escape blanco

La contaminación del aire y las partículas en suspensión: Estas son y así afectan a tu salud

Ahora que los humos y las emisiones están de moda, aprovecharemos para preguntarnos de qué se componen los humos de escape y cómo nos afectan a nivel físico cuando lo respiramos. Ya os adelanto que no es algo sencillo, y que muchos de los gases del escape son altamente nocivos para el ser humano. Y no, el CO2 no es el peor, ni de lejos. De hecho, ya adelantamos que el CO2 es un gas de efecto invernadero y que no vamos a entrar en detalle aquí, porque nos interesa más saber cómo nos mata el resto de componentes.

No hay un tema con más impacto en los últimos meses como el escándalo VAG de las emisiones trucadas, el dieselgate. Sin duda puede decirse que es el tema del año y posiblemente de la década porque se trata de un engaño consciente, y por supuesto, porque dinamita la confianza de aquéllos conductores que se subieron al carro ecológico de Volkswagen con ilusión.

Si bien es cierto que el perjuicio de la marca y el perjuicio económico es real para todos, para quienes de manera sincera creían estar apoyando al medio ambiente, el daño moral es incalculable.

De hecho no dejo de recordar aquél tiempo en el que Volkswagen y Greenpeace nos daban lecciones en cuanto a medio ambiente (no tengo nada en contra de Greenpeace). ¿Justicia poética? ¿Karma?

Componentes del humo de escape que son cancerígenos

En realidad, la enorme mayoría de los componentes del humo de escape perjudican a la salud de una manera o de otra, pero para alguno de ellos, además, está comprobado que su inhalación prolongada provoca cáncer. En el humo de los coches tenemos varios gases y también partículas, que no son otra cosa que pedacitos de tamaño infinitesimal de metales y hollín. Esos pedacitos los respiramos y se alojan en nuestros pulmones, siendo las partículas uno de los elementos más nocivos del humo. Veamos en detalle cada componente.

Aquí vamos a mezclar, en pocas palabras, los coches de gasolina y los diésel, porque en lo básico comparten gases, aunque las proporciones varían bastante. En los casos que sean exclusivos, lo comentaremos, pero ya os adelanto que el peor humo es el diésel, como ya sabemos:

Partículas en suspensión ¿Qué son?

Solemos hablar de “partículas”, sin más, y debería preocuparnos mucho qué se entiende por esto. Estas partículas son fundamentalmente hollín (el hollín es el producto de la combustión incompleta de un material. Sería como la ceniza, pero mas oscuro y prácticamente compuesto por carbono pulverizado y otros elementos), y partículas diminutas de diversos metales. Cuanto más pequeñas son las partículas, más nocivas para la salud porque más profundo penetran en nuestros pulmones.

La composición del hollín incluye a menudo cientos de elementos químicos, incluyendo sulfatos, amonio, nitratos, carbono elemental, compuestos orgánicos condensados, e incluso compuestos cancerígenos y metales pesados tales como arsénico, selenio, cadmio y zinc.

Los vehículos diésel son los que más contribuyen a emitir partículas, y solo en los Estados Unidos (donde se la tienen jurada al diésel) estiman que dos tercios de las partículas en la atmósfera se deben a este tipo de motor. En los coches diésel tenemos el filtro de partículas, que con cada iteración de la norma Euro anticontaminación, son cada vez más eficaces, pero siempre dejan pasar algo. Y ese algo nos perjudica seriamente.

La presencia de partículas da al humo de escape la consistencia, textura y color de la niebla.

Hemos de tener en cuenta que todo esto lo explicamos para coches ‘sanos’, es decir, sin problemas mecánicos. El quid de la cuestión es que en España hay muchos coches que necesitan una resurrección mecánica que contaminan más de lo normal. Echa un vistazo a los problemas de motor que se leen en el humo de escape.

El problema de las partículas no se refiere solo a estas, las que se emiten directamente, sino que se extiende a las partículas que se crean en la atmósfera, a partir de los humos. Los motores diésel contribuyen al problema también mediante la emisión de óxidos de nitrógeno y óxidos de azufre, que se transforman en partículas “secundarias” en la atmósfera.

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Hidrocarburos: el problema del ozono

Otro de los componentes principales del humo de escape son los hidrocarburos, como es lógico. Estos hidrocarburos reaccionan con los óxidos de nitrógeno en presencia de luz solar. La reacción química que se produce da lugar a moléculas de ozono. Esto, que puede ser visto como algo bueno, no es tal: el ozono es beneficioso para el medio ambiente cuando se encuentra en las capas altas de la atmósfera, porque su presencia en la estratosfera sirve para absorber entre el 97% y el 99% de la radiación ultravioleta (sin ozono nos freiríamos, literalmente, en cuestión de minutos).

A ras de suelo, altas concentraciones de ozono son perjudiciales para la salud porque es un gas irritante. Sí, existen terapias de ozono, pero ni de lejos llegan a las concentraciones que producen picores. El ozono generado por la contaminación causa tos, sensación de ahogo y compromete nuestra capacidad respitatoria.

NOx, CO y SO2: asesinos silenciosos

Los óxidos de nitrógeno (NOx) irritan los pulmones y son responsables de bajar nuestras defensas ante infecciones respiratorias (neumonía, gripe…). Como vimos, reaccionan con los hidrocarburos para formar ozono a nivel del suelo, con lo cual irritan dos veces. El monóxido de carbono es un gas que no percibimos mediante nuestros sentidos, pero que es altamente venenoso. Cuando se produce una combustión se libera al aire, y además esto pasa con cualquier combustión: una hoguera, tu chimenea, ese brasero de picón… Por eso la ventilación es impresincible para cualquier situación en la que hagamos fuego.

Pero sin desviarnos demasiado, dentro de tu motor también hay combustión, y por tanto se produce CO, tanto en gasolina como en diésel. Ese monóxido de carbono se libera a la atmósfera en grandes cantidades y, aunque en el aire no es mortal como podría serlo en una habitación cerrada en la que tenemos un fuego, tiene efectos negativos para los mecanismos de absorción del oxígeno, fundamental como intuirás para estar bien vivo, y sobre todo afecta a las personas que tienen enfermedades crónicas (y a los ancianos), a los bebés y a los fetos.

En cuanto al dióxido de azufre (SO2), la combustión del diésel lo crea a espuertas. De nuevo este gas es de los que producen “cosas” en la atmósfera, y por ejemplo puede reaccionar con otros gases para producir partículas diminutas. Es un factor de riesgo importante para niños pequeños y para personas asmáticas.

Los bencenos y el cáncer

Otros contaminantes del aire peligrosos y muy tóxicos están formados por bencenos. Estos compuestos están relacionados con los problemas congénitos (problemas físicos que se desarrollan durante la gestación), y por supuesto están relacionados directamente con el cáncer y otras enfermedades graves.

En los Estados Unidos estiman que los bencenos están relacionados con el 50% de los casos de cáncer que, a su vez, están provocados por la polución del ambiente. Muy peligrosos y algo que no se puede evitar tras las combustiones de hidrocarburos.

Las restricciones al tráfico en Madrid, una necesidad de salud

trafico

Este año se han producido varias situaciones de alta contaminación en Madrid que han puesto en marcha los protocolos anticontaminación para tratar de reducir los altos niveles de gases en la atmósfera de la capital. Nuestro compañero Álvaro nos detallaba en qué consisten esos protocolos con todo detalle, y no vamos a repetirlo aquí, pero sí que hay que decir una cosa: a la contaminación se la combate con menos tráfico rodado. El cómo se consiga eso, es otro tema.

Reducir las partículas en suspensión y reducir la cantidad de NO2 que se emite a la atmósfera, se puede conseguir reduciendo la velocidad de los coches porque así reducimos el consumo. Reduciendo el consumo se reducen las emisiones, yo creo que eso no se le escapa a nadie, pero ¿qué pasa con el número de coches?

Supongamos que tenemos 100 coches por kilómetro en la M-30 (es una suposición sin ninguna base) que pasan de una velocidad de 90 km/h en un día normal, a 70 km/h en día de protocolo “alerta roja”. Esos 100 coches tardarán un día normal, sin retenciones, 40 segundos en recorrer un kilómetro (90 km/h son 25 metros por segundo).

Con reducción de velocidad, tardarán algo más de 51 segundos, es decir, once segundos más por kilómetro, si no hay retención. Si hay atasco ya estarán contaminando lo mismo que un día normal, porque la velocidad media será igual que un día normal (la velocidad de un atasco). Así que es dudoso que sea una medida muy buena para prevenir la contaminación, aunque lo cierto es que todo ayuda.

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