El gigante alemán Volkswagen ha puesto sobre la mesa un plan de recortes que apunta a reducir costes en torno a un 20% en todas sus marcas antes de 2028. No es un ajuste cosmético, es más bien una limpieza a fondo muy necesaria y ojo a esto porque cuando un gigante multinacional habla de “optimización de costes”, realmente nos está diciendo “preparaos que vienen curvas”:
Volkswagen quiere adelgazar (y rápido)
Según la información publicada en varios medios, la dirección del grupo, con Oliver Blume al mando, ya habría presentado internamente esta hoja de ruta a comienzos de año. El objetivo es claro, tienen que recortar gastos de forma agresiva en un momento en el que los márgenes están bajo mucha presión.
El problema es que no se trata solo de ahorrar en papel o apagar las luces luces en la oficina. En la industria del automóvil, cuando se habla de tijera, se habla de plantas, empleos y producción. Y eso duele a nivel reputacional y a nivel gubernamental.
A finales de 2024, Volkswagen ya anunció más de 35.000 despidos en Alemania en un periodo que se prolongaría durante 6 años hasta el 2030.
Además, por aquel entonces se confirmó el cierre de la conocida “Transparent Factory” y el traslado de la producción del Golf a México. Es decir, el plan de ajustes y recortes ya empezó y ahora parece que va tomando velocidad.
El coche eléctrico no está tirando como esperaban
Uno de los grandes dolores de cabeza de Volkswagen es el coche eléctrico. El grupo apostó fuerte por la electrificación, pero la demanda no está creciendo al ritmo que habían proyectado y esto es un problema muy grave sobre todo para un fabricante que va líder en Europa con la electrificación.
Esto no significa que los eléctricos no interesen, pero sí que el mercado va más lento de lo que a Wolfsburg le gustaría. El resultado es que las gigantescas inversiones tardan más en recuperarse y el ciclo comercial y de vida de los productos se va agotando.
A eso se suman problemas de software y plataformas, que han retrasado lanzamientos y encarecido el desarrollo. En un sector donde cada mes cuenta, esos fallos son como una losa.
Aranceles, China y márgenes en caída libre
El contexto tampoco ayuda. Entre tensiones geopolíticas y aranceles el grupo ha visto cómo sus cuentas se resentían. Solo en la primera mitad de 2025, los aranceles le costaron unos 1.500 millones de dólares.
Por si fuera poco, China, que durante años fue la gallina de los huevos de oro, ya no garantiza el mismo crecimiento. La competencia local aprieta y los fabricantes europeos están perdiendo terreno.
El resultado es contundente: el beneficio operativo del grupo cayó un 33% en ese periodo. Un golpe serio para una compañía de este tamaño.
¿Se avecinan cierres de fábricas?
Aquí viene la parte incómoda. Aunque Volkswagen no ha confirmado detalles concretos, todo apunta a que los cierres de plantas podrían estar sobre la mesa.
Algunos recortes anteriores en fábricas como Wolfsburg, Emden o Zwickau no lograron los resultados esperados, lo que deja margen para medidas más drásticas. Cuando los ajustes más suaves no funcionan, llega el turno de la cirugía a vida o muerte.
Desde la compañía aseguran que las medidas ya implementadas han generado ahorros de “decenas de miles de millones de euros”, pero parece que no es suficiente para capear el temporal.
Un cambio de era para Volkswagen
Lo que está pasando en Volkswagen no es un caso aislado. Es el reflejo de una industria en plena transformación. La electrificación, la digitalización, las nuevas reglas del comercio global y el auge de una competencia feroz son el nuevo campo de batalla.
El problema es que todo eso cuesta dinero. Mucho dinero. Y cuando los ingresos no acompañan, no queda otra que apretarse el cinturón.Volkswagen quiere ser más ágil, más eficiente y menos pesada, algo que ha visto que funciona muy bien en las marcas Chinas. El principal problema es que ese proceso, como suele ocurrir, no será indoloro.
