Durante años, el motor diésel 2.0 ha sido el comodín del grupo. Equilibrado, suficientemente potente y relativamente eficiente. Este modelo se convirtió en la base de furgonetas, monovolúmenes y turismos familiares. Pero ese estándar empieza a oler a viejo.
El relevo ya está aquí y es un diésel de mayor cilindrada, más optimizado y afinado.
El nuevo motor 2.2 toma el mando
Citroën lo deja claro con la renovación de sus SpaceTourer y Jumpy, modelos que viven en ese terreno donde el vehículo es herramienta y refugio: transporte de familias grandes, viajes largos, campers improvisadas y mucho más. Aquí no vale cualquier mecánica; se necesita empuje, fiabilidad y eficiencia real. Y el 2.0, aunque cumplía, empezaba a quedarse corto.
El nuevo bloque diésel de 2,2 litros llega con dos niveles de potencia: 150 y 180 CV. Sobre el papel, el salto puede parecer discreto, pero el cambio relevante está en cómo se entrega la potencia.
Según nos comenta, el motor de 150 CV ahora alcanza 370 Nm de par, 30 Nm más que antes, y lo hace desde 1.500 rpm en lugar de 2.000 rpm.
En la práctica, esto se traduce en una conducción más elástica. Ya no habrá que exprimir el motor para que responda ya que empuja antes y con más contundencia. En vehículos de gran volumen, esa entrega temprana de par es más valiosa que unos pocos caballos extra en la zona alta del cuentarrevoluciones.
En lo que respecta al motor de 180 CV, se mantienen sus 400 Nm de par, pero también adelanta su entrega a esas mismas 1.500 rpm. No hay aumento de potencia máxima, pero sí una mejora en la entrega de la misma.
Menos consumo y menos CO2 a pesar del aumento de cilindrada
Lo interesante es que este aumento de cilindrada no penaliza el consumo ni las emisiones, más bien al contrario. El 150 CV reduce hasta 21 g/km de CO₂, quedándose en 170 g/km con caja manual, y recorta el consumo en 0,8 l/100 km, hasta los 6,5 l/100 km en ciclo mixto WLTP. Con transmisión automática, la mejora también es tangible: 11 g/km menos de CO₂ y 0,4 l/100 km de ahorro.
El 180 CV sigue la misma línea, con una reducción de 9 g/km de CO₂ y 0,3 l/100 km de consumo.
Durante años, la estrategia fue reducir cilindrada y añadir turbos para mantener prestaciones. El famoso “downsizing”. Ahora, al menos en el diésel para vehículos pesados o polivalentes, se empieza a ver el movimiento contrario, lo que viene siendo más cilindrada, menor esfuerzo mecánico y una entrega de par más elástica.