Habitabilidad
Una de las virtudes del Alltrack está en su espacioso habitáculo. No alcanza los niveles del Skoda Scout pero se queda muy cerca, siendo uno de los compactos familiares más amplios disponibles en la actualidad.
En las plazas delanteras la sensación de desahogo es buena tanto por la anchura como por el espacio libre para las cabezas incluso cuando están equipados con el techo solar panorámico. Todos los mandos quedan muy a mano y los asientos resultan confortables.
En el asiento posterior el espacio para las piernas es correcto y personas de 1,85 metros de altura no rozarán con las rodillas de los respaldos delanteros. También la cota de altura es suficiente para que las cabezas no rocen el techo, siendo el ancho disponible el único perjudicado al no permitir que tres adultos viajen con holgura. Ese tercer pasajero deberá lidiar con un asiento más duro y sobre-elevado, el túnel de transmisión y las salidas de aire.
La capacidad de maletero es sin embargo excepcional. Parte de los 605 litros que pueden ampliarse hasta los 1.620 retirando la bandeja y los respaldos traseros, dejando además una superficie completamente plana. El borde de carga está algo más elevado que en el Variant convencional, algo lógico al contar con mayor altura libre al suelo.
Hay detalles de calidad en la zona del maletero que se agradecerán en el día a día, como los ganchos y argollas para sujetar la carga, una cortinilla retráctil por raíles y una toma de corriente de 12v (opcionalmente puede tener una de 230v). La terminación está cuidada, sin chapa ni tornillos a la vista.
Mecánica
La oferta actual del Alltrack está formada por una mecánica de gasolina 1.8 TSI con 180 CV en combinación con el cambio DSG y, ya en diésel, arranca con el 1.6 TDI de 110 CV con seis velocidades que puede quedarse corto. En un escalón intermedio queda el 2.0 TDI de 150 CV con cambio manual y, como tope, el 2.0 TDI de 184 CV DSG. Todos incluyen de serie la tracción total 4Motion y el sistema Stop&Start.
Como bien sabes yo he probado la versión más potente y cara. Debo destacar que el 2.0 TDI de 184 CV me parece un motor muy bien afinado, con un bajo nivel de vibraciones y una sonoridad contenida. Si la semana anterior el 2.0 TDI de 150 CV del Beetle Cabrio –leer prueba– me había dejado algo frío, en este caso ha sido toda una sorpresa resultando mucho más redondo en todo.
La combinación entre 2.0 TDI 184 y DSG me parece excepcional. Hacen del Golf Alltrack un vehículo realmente rápido y se consiguen disimular algunos defectillos que sí encontrarías en un hipotético manual (GTD por ejemplo), como la falta de chispa a bajas vueltas y el efecto “turbo” brusco. Aquí todo va suave, con transiciones entre velocidades muy limpias y con un empuje brutal.
Para que te hagas una idea de lo que anda este Golf, te diré que en la maniobra de adelantamiento de 80 a 120 km/h en “D” necesitó sólo 5,9 segundos. Es un dato excelente que no está a la altura de muchos vehículos. Además en cualquier momento basta pisar el acelerador para que rápidamente salga disparado, algo muy útil también en incorporaciones. Reamente va tan bien que el modo manual no me pareció necesario, dejando a la electrónica que hiciese su trabajo.
Los consumos obtenidos también se pueden considerar buenos, con una media total en la prueba de 6,2 L/100. En autovías a velocidades de marcador de 120-130 km/h la media lograda fue de 5,7 L/100. En carreteras secundarias a 90-100 km/h se redujo a unos escasos 5,0 L/100 mientras que en ciudad, a pesar del peso, es fácil quedarse en los 7,0 L/100. Por supuesto en conducción deportiva la cosa cambia pero no tanto como en un gasolina, con cifras que rondan los 10,0 L/100 (a ritmos de auténtico loco). Esto es extensible al uso off-road, con consumos algo altos si se abusa de marchas cortas.




