OMODA ya no es una promesa exótica de Chery que aterriza con precios agresivos. Es una marca que empieza a construir una gama coherente y con ambición. Tras la buena acogida del OMODA 9 SHS en el segmento D, ahora llega el OMODA 7 SHS para situarse en el corazón del mercado.
Con 4,66 metros de largo y una batalla de 2,72 metros, no estamos ante un compacto disfrazado de SUV. Es un modelo grande, con presencia y proporciones equilibradas. Y lo más interesante es que no viene a rellenar hueco en la gama, viene a convertirse en uno de los pilares de la misma.
El planteamiento de OMODA con este modelo es claro, llega con un diseño llamativo, mucha tecnología y un sistema híbrido enchufable serio, con cifras que sobre el papel asustan a más de un rival europeo.
Diseño exterior: mucha personalidad propia
Tengo que decirlo claro, el diseño del OMODA 7 SHS es de esos que te obligan a mirarlo dos veces. No porque sea raro, ni porque busque llamar la atención a base de exageraciones, sino porque está tan bien proporcionado que automáticamente empiezas a jugar al “¿a qué me recuerda?”. Y eso, en el mundo SUV actual, es casi un cumplido.
El frontal tiene carácter. La parrilla paramétrica sin marco, con ese patrón geométrico bien integrado, no parece un pegote. Está trabajada. La firma lumínica LED, afilada y tecnológica, tiene ese punto sofisticado que te hace pensar en Lexus. No por copia, sino por ambición estética. Es un frontal que quiere parecer caro, y lo consigue.
De perfil es donde más me ha sorprendido. La caída del techo tipo fastback está muy bien medida, ni exagerada ni forzada. Aquí es inevitable que se te vaya la cabeza a Land Rover, incluso a ciertos Range Rover Sport por proporciones y limpieza de superficies. La línea lateral es limpia, tensa, sin pliegues innecesarios. ç
Las manetas semiocultas, el tratamiento del pilar C, el contraste de colores en el techo… todo suma. No hay un elemento que grite más que otro. El conjunto está equilibrado, y eso es justo lo que suelen hacer bien las marcas premium y aquí hay mucha coherencia visual.
La trasera sigue esa misma filosofía. Pilotos LED horizontales, bien integrados, con una firma lumínica muy característica que por la noche tiene mucha presencia. No es una copia de nadie, pero sí es ese tipo de diseño que te hace pensar: “esto podría llevar perfectamente un logo europeo de los caros y nadie se escandalizaría”.
Y eso es lo interesante. No es un SUV chino intentando ser extravagante para destacar. Es un SUV que juega en la liga del diseño serio, trabajado y aspiracional. Es tan correcto, tan equilibrado, que instintivamente buscas referencias en modelos de Lexus, en Land Rover o incluso en algunas propuestas alemanas.
Personalmente, me parece uno de los mayores aciertos del coche. Porque en este segmento, donde casi todos los SUV empiezan a parecer clones con parrillas gigantes y líneas recargadas, el OMODA 7 SHS apuesta por una estética moderna pero limpia. Tiene presencia sin ser ostentoso. Y eso, sinceramente, es más difícil de conseguir de lo que parece.
Interior: digital y muy tecnológico
Si por fuera el OMODA 7 SHS juega a parecer premium, por dentro directamente se lo toma en serio. No hay sensación de experimento ni de “vamos a ver qué tal sale esto”. Aquí hay intención clara de posicionamiento.
Lo primero que notas al sentarte es que el diseño no está saturado. No hay 200 líneas cruzándose, ni molduras cromadas sin sentido. El salpicadero tiene una arquitectura horizontal muy limpia, que visualmente ensancha el habitáculo y transmite orden. Esa sensación de amplitud no es casual, está buscada.
Nos encontramos con un doble display, una dedicada a la instrumentación y otra al sistema multimedia. La resolución es alta, con gráficos nítidos, buena profundidad de color y animaciones fluidas que no dan sensación de producto low-cost. La información del cuadro es clara, bien estructurada y fácil de interpretar incluso con mucha luz exterior, algo que no siempre ocurre en este tipo de configuraciones tan “pantallizadas”. No es el sistema más personalizable del mercado, pero sí está bien resuelto y transmite modernidad.
La pantalla central responde con bastante agilidad gracias al procesador Qualcomm Snapdragon 8155, un chip que ya es referencia en muchos modelos de nueva generación por su capacidad de cálculo y estabilidad. Se nota en la rapidez al abrir aplicaciones, en la fluidez al cambiar entre menús y en la ausencia de bloqueos o tiempos muertos. El sistema es rápido, sólido y visualmente atractivo.
Ahora bien, no todo es perfecto. Personalmente echo en falta más botones físicos y menos dependencia casi absoluta de la pantalla para funciones básicas. Hay acciones que deberían poder resolverse con un gesto instintivo sin apartar la vista de la carretera, y aquí obligan a navegar por menús. El control por voz intenta compensarlo, pero no termina de convencer ya que no siempre interpreta bien las órdenes y exige una formulación demasiado concreta. En un coche que presume de músculo tecnológico y en el que el hardware está a la altura, lo cierto es que la ergonomía digital todavía puede afinarse.
En cuanto a materiales, aquí es donde el coche da un paso interesante. No estamos ante cuero artesanal ni madera, pero sí hay abundancia de superficies blandas en el salpicadero y en las zonas altas de las puertas. El tacto es agradable, la sensación visual es buena y, lo más importante, no hay ese efecto “plástico hueco” que todavía arrastran algunos modelos asiáticos.
Las molduras decorativas están bien escogidas. No abusan del negro piano (algo que agradezco), y cuando lo usan no se convierte en un festival de huellas insoportable. Hay un equilibrio entre modernidad y sobriedad que, personalmente, me parece un acierto.
La consola central también transmite solidez. No flexa, no cruje, no da sensación de fragilidad. Los ajustes están bien rematados y el conjunto tiene una coherencia que da confianza. Sí que he percibido algunos ruidos raros en carreteras muy rotas y estos ruidos están localizados en las puertas delanteras. Es como si las puertas tuvieran algo de holgura, una cosa rara.
Los asientos delanteros merecen mención aparte. Son cómodos, con buen mullido y un diseño que mezcla deportividad y confort. No son exageradamente duros ni excesivamente blandos; encuentran ese punto intermedio que te permite hacer kilómetros sin terminar cansado. Además, visualmente elevan el conjunto gracias a los reposacabezas integrados con ajuste vertical.
En la parte trasera la sensación sigue siendo positiva. El diseño mantiene coherencia y no parece que hayan recortado presupuesto en la segunda fila. Las plazas son generosas en espacio para piernas y cabeza, y la sensación de calidad se mantiene.
¿Es perfecto? No. Hay detalles mejorables, pequeños ajustes que podrían afinarse para dar un salto definitivo a territorio premium real. Pero lo importante es que el conjunto ya no se siente como una alternativa “correcta por precio”. Se siente como un producto trabajado.
Y eso, viniendo de donde viene la marca hace apenas unos años, es probablemente uno de los mayores avances.
Espacio y confort
Si algo tiene claro el OMODA 7 SHS es que quiere convencer a familias, y para eso no basta con diseño bonito y pantallas grandes. Necesita espacio real y confort de verdad. Y aquí, sinceramente, cumple mejor de lo que muchos esperarían.
Empezando por las plazas delanteras, la sensación de amplitud es inmediata. Hay buena distancia lateral entre conductor y pasajero, la consola central no invade y el salpicadero no te cae encima. Todo está colocado a una distancia lógica, sin obligarte a estirarte ni a encogerte. La posición de conducción es cómoda, relativamente elevada, con buena visibilidad frontal gracias a una superficie acristalada generosa.
El asiento del conductor permite encontrar una postura natural con facilidad. El respaldo recoge bien la espalda y el apoyo lumbar hace su trabajo. No es un asiento deportivo radical, pero tampoco es un sofá blando sin forma. Está pensado para viajar, y eso se nota cuando acumulas kilómetros. El aislamiento acústico ayuda a que el confort general suba un peldaño más y a ritmos legales, el habitáculo se mantiene bastante silencioso.
En la segunda fila es donde realmente se mide a un SUV de este tamaño. Y aquí tenemos muy buenas noticias. El espacio para las piernas es generoso, incluso para adultos de talla alta. No tienes esa sensación de ir “encajonado” que sí aparece en algunos SUV de corte más estilizado. La altura libre al techo también es correcta, y el suelo relativamente plano en la zona central facilita que tres pasajeros puedan viajar sin sufrir demasiado.
Eso sí, como casi siempre, la plaza central es la menos cómoda por anchura y por la forma del respaldo, pero no es un castigo. Para trayectos medios se puede usar sin ser un drama.
El confort en marcha también se traslada atrás. La suspensión está orientada a filtrar irregularidades y eso beneficia directamente a los pasajeros posteriores. No es una alfombra mágica, pero tampoco transmite sequedad excesiva. En ciudad absorbe resaltos con dignidad y en carretera mantiene una pisada estable que evita balanceos incómodos.
Otro punto a favor es la sensación de luminosidad interior. La superficie acristalada y el diseño horizontal del salpicadero ayudan a que el coche no se sienta cerrado ni agobiante. En cuanto a capacidad de carga, el maletero declara 537 litros, ampliables a 1.294 litros con los asientos abatidos.
Además, el aislamiento acústico está bien trabajado. Cristales de doble capa y sistema de cancelación de ruido ayudan a que los viajes largos sean más agradables.
Tecnología: un músculo digital que nos ha gustado
Si algo define al OMODA 7 SHS no es solo su diseño, sino su apuesta descarada por el entorno digital. Este coche no intenta disimular que pertenece a una nueva generación de SUV donde la tecnología ya no es un extra atractivo sino el eje central de la experiencia.
Desde el primer momento, el protagonismo lo asume el ecosistema de pantallas. La instrumentación digital y la pantalla central forman un conjunto visualmente muy potente, con buena resolución y gráficos modernos. No estamos ante un sistema básico que simplemente cumple; hay intención estética y sensación de producto actual. Los menús tienen una presentación limpia, con animaciones suaves y un diseño que busca parecerse más a un dispositivo tecnológico que a un coche tradicional.
La instrumentación ofrece información clara y legible. Velocidad, estado del sistema híbrido, consumos, flujos de energía, asistentes activos… todo aparece representado de forma comprensible. No necesitas un máster para entender lo que está pasando bajo el capó.
La pantalla central, por su parte, concentra prácticamente todas las funciones del vehículo. Multimedia, climatización, ajustes del coche, configuración de asistentes, modos de conducción… aquí vive todo. La respuesta táctil es más que buena y la fluidez está a buen nivel, aunque en algunos accesos profundos puede requerir un segundo extra de paciencia.
La conectividad está muy bien resuelta. La integración con smartphone es rápida y estable, permitiendo replicar aplicaciones y servicios con facilidad. Además, el sistema incorpora control por voz, que intenta simplificar tareas como ajustar temperatura, cambiar emisoras o iniciar navegación aunque este no es su fuerte. Funciona razonablemente bien, aunque en ocasiones exige comandos claros y específicos para interpretar correctamente la orden.
En materia de asistentes a la conducción, el OMODA 7 SHS viene bien equipado. Dispone de un amplio paquete de ADAS que incluye control de crucero adaptativo, mantenimiento activo de carril, detector de ángulo muerto, alerta de tráfico cruzado, frenada automática de emergencia y reconocimiento de señales, entre otros. El coche no solo vigila lo que ocurre delante, sino también lo que sucede en laterales y zona trasera, generando un entorno de seguridad bastante completo.
Ahora bien, como ocurre en muchos modelos actuales, el nivel de intervención puede resultar algo intrusivo. Alertas sonoras, avisos visuales y pequeñas correcciones de dirección forman parte de la experiencia diaria. Se pueden configurar, pero el proceso no siempre es inmediato y exige navegar por distintos menús.
En cuanto al apartado de cámaras y visualización, el sistema ofrece una perspectiva clara en maniobras, con muy buena definición y múltiples ángulos. Además del sistema de cámaras el modelo cuenta con un sistema de aparcamiento autónomo que hemos visto que funciona muy bien en una demostración. Para un SUV de este tamaño, esto no es un capricho, es una herramienta útil que reduce estrés en aparcamientos estrechos y entornos urbanos complicados.
El conjunto digital se completa con iluminación ambiental configurable, información energética detallada del sistema híbrido y gráficos que refuerzan esa sensación de coche tecnológico. Todo está diseñado para que el conductor tenga la impresión de estar gestionando una máquina avanzada, no simplemente conduciendo un SUV más.
Sistema híbrido enchufable SHS
El corazón del OMODA 7 SHS es su sistema híbrido enchufable que combina un motor 1.5 turbo de gasolina con 143 CV con un motor eléctrico principal de 204 CV. La potencia combinada alcanza los 279 CV y el par máximo es de 365 Nm.
El 0 a 100 km/h se completa en 8,4 segundos y la velocidad máxima es de 180 km/h. Son cifras más que suficientes para un SUV familiar de este tamaño.
La batería de 18,4 kWh de CATL permite hasta 92 km en modo 100% eléctrico. Esto cambia por completo el uso diario porque vemos que las cifras de consumo real pueden acercarse a esa cifra homologada.
La autonomía combinada supera los 1.200 km y el consumo homologado es de 2,3 l/100 km, aunque ya te adelanto que habrá que esperar a una prueba de larga duración para sacar conclusiones al respecto.
Lo bueno es que el modelo admite carga rápida en corriente continua hasta 40 kW, lo que permite recuperar del 30% al 80% en apenas 20 minutos. También ofrece función V2L para alimentar dispositivos externos hasta 3,3 kW.
Si hay un punto donde el OMODA 7 SHS deja de jugar a las apariencias y se pone técnico de verdad es en su sistema híbrido enchufable. Aquí no estamos ante un simple “motor eléctrico de apoyo” para conseguir etiqueta CERO y poco más. El planteamiento es bastante más ambicioso.
El sistema SHS (Super Hybrid System) combina un motor de combustión específicamente desarrollado para trabajar en entornos electrificados con uno o varios motores eléctricos y una batería de capacidad considerable. La arquitectura está pensada para maximizar el tiempo de funcionamiento en modo eléctrico y reducir la dependencia del motor térmico en condiciones urbanas y periurbanas.
En la práctica, el coche puede moverse durante buena parte del día como si fuese un eléctrico puro si se gestiona bien la carga. La transición entre funcionamiento eléctrico y térmico está bastante bien resuelta ya que no hay tirones bruscos ni cambios de carácter exagerados. El sistema decide automáticamente qué fuente de energía utilizar en función de la demanda de potencia, el nivel de batería y el tipo de conducción.
Uno de los puntos fuertes es la gestión energética. El SHS no se limita a alternar entre eléctrico y gasolina, sino que trabaja en varios esquemas: modo 100 % eléctrico, funcionamiento en serie (donde el motor térmico actúa como generador) y funcionamiento en paralelo (cuando ambos impulsan el vehículo). Esta versatilidad permite optimizar consumo o rendimiento según la situación sin que el conductor tenga que intervenir constantemente.
La batería juega un papel clave. Ofrece una autonomía eléctrica suficiente para cubrir trayectos diarios habituales sin consumir una sola gota de combustible si se parte con carga completa. Además, el sistema admite recarga externa, lo que marca la diferencia frente a un híbrido convencional.
En conducción urbana, el comportamiento es muy próximo al de un eléctrico, lo que viene siendo una salida suave, una respuesta inmediata y la ausencia de vibraciones. Es en ciudad donde el SHS brilla más, permitiendo una conducción silenciosa y eficiente. Incluso en vías rápidas, si no se exige mucha potencia, el motor eléctrico sigue teniendo protagonismo.
Cuando se solicita aceleración fuerte, el sistema combina ambos mundos y entrega una respuesta contundente. No es un coche deportivo en el sentido clásico, pero la sensación de empuje es superior a la que cabría esperar por cilindrada. La entrega no es explosiva, sino progresiva y constante.
El sistema también incorpora frenada regenerativa ajustable, lo que permite recuperar energía en deceleraciones y frenadas. No llega al nivel de retención de algunos eléctricos puros, pero sí ayuda a optimizar la eficiencia y mantener la batería dentro de un rango operativo adecuado.
Plataforma y dinámica
Más allá del sistema híbrido, hay un trabajo importante que no se ve pero se nota. El OMODA 7 SHS se apoya en una plataforma moderna de estructura monocasco en acero de alta resistencia, diseñada para soportar electrificación sin comprometer rigidez torsional ni seguridad. No es un simple chasis adaptado a posteriori: desde su concepción contempla la integración de baterías, cableado de alto voltaje y refuerzos estructurales específicos.
La colocación de la batería en la zona baja del vehículo ayuda a rebajar el centro de gravedad. Esto tiene un impacto directo en la estabilidad y en el control de balanceos. No se siente torpe ni excesivamente alto, algo que en este segmento no siempre ocurre.
En cuanto a suspensiones, el esquema apuesta por soluciones independientes en el eje delantero y trasero, buscando un equilibrio entre confort y control. No pretende ser un coche deportivo, pero tampoco se limita a ser un electrodoméstico rodante. La puesta a punto prioriza la estabilidad lineal y la previsibilidad de reacciones, algo que se agradece en un modelo enfocado a un uso familiar.
En ciudad, el conjunto resulta cómodo. Absorbe irregularidades con bastante solvencia y filtra bien juntas de dilatación, resaltos y pavimento degradado. No es una suspensión blanda en exceso; mantiene cierta firmeza que evita movimientos parásitos de carrocería. En tramos urbanos con firme irregular se percibe algún rebote en el eje trasero, pero dentro de parámetros razonables.
En carretera secundaria, la dinámica es correcta y segura. El balanceo está contenido y la transición de apoyos es progresiva. No transmite una conexión especialmente intensa con el asfalto, pero sí una sensación de coche bien asentado. El chasis acompaña sin sustos incluso cuando se incrementa el ritmo.
La dirección, por su parte, está claramente orientada al confort pero han mejorado el peso y la dureza lo cual se agradece.
Uno de los puntos más interesantes es cómo se gestiona el peso añadido del sistema híbrido enchufable. El conjunto no transmite sensación de sobrecarga. La integración del paquete de baterías en el piso ayuda a mantener una buena distribución de masas y evita inercias excesivas en cambios rápidos de trayectoria.
En autopista, el coche se muestra estable y aplomado. El aislamiento acústico está bien trabajado y el rodar es consistente. Se percibe un nivel de refinamiento superior al que cabría esperar por posicionamiento de marca. La plataforma aporta una base sólida que permite viajar con sensación de coche “grande”.
En frenada, la transición entre regeneración y fricción está bien calibrada. No hay cambios bruscos en el tacto del pedal más allá de la ligera adaptación inicial habitual en vehículos electrificados.
¿Me lo compraría?
La respuesta corta es sí. Y no lo digo por quedar bien. Lo digo porque, si me siento a analizarlo con la cabeza fría, el OMODA 7 SHS tiene muchos argumentos racionales que pesan más que algunas pequeñas dudas emocionales.
Primero, el sistema híbrido enchufable es convincente. No es el típico PHEV que promete mucho en ficha técnica y luego en la vida real se queda a medias. Aquí hay autonomía eléctrica útil de verdad, potencia combinada más que suficiente y una gestión energética que, bien utilizada, puede reducir mucho el gasto diario. Si tienes punto de carga en casa o en el trabajo, este coche tiene todo el sentido del mundo.
Segundo, el nivel tecnológico. Pantallas grandes, buena conectividad, asistentes por todas partes, ambiente digital moderno… En ese apartado compite de tú a tú con marcas que tradicionalmente han sido referencia en tecnología. No da sensación de producto barato disfrazado; transmite ambición.
Tercero, el diseño. Es uno de esos coches que aparcas, te bajas y lo miras un segundo antes de cerrar. Y eso no me pasa con todos. Tiene presencia, tiene carácter y no parece una copia descarada de nadie, aunque juegue en una liga estética donde inevitablemente recuerdas a marcas premium. Si quieres algo que no sea el SUV de siempre, aquí tienes personalidad sin caer en lo extravagante.
Ahora bien, también hay puntos que me harían pensarlo dos veces. La marca aún está construyendo reputación en Europa. No hablamos de un fabricante con décadas de historial en nuestro mercado. Eso, para ciertos compradores, pesa. La red comercial está creciendo, sí, pero todavía no es tan extensa como la de un generalista tradicional.
Tampoco es un coche que enamore por dinámica pura. Es sólido, es cómodo, es estable… pero no transmite chispa. Si buscas sensaciones al volante, no es su territorio. Aquí manda la lógica, no la adrenalina.
Y luego está el precio. No es un coche barato en términos absolutos, aunque sí es competitivo para todo lo que ofrece. Si lo comparas con SUV híbridos enchufables de marcas consolidadas, sale bien parado. Pero sigue siendo una inversión importante y eso obliga a tener claras tus prioridades.
Si mi uso fuese mayoritariamente urbano y periurbano, con viajes frecuentes pero no extremos, y dispusiera de infraestructura de carga, sí me lo plantearía seriamente. Es un coche coherente, moderno y con una propuesta técnica muy bien armada. No intenta vender humo: ofrece tecnología, espacio, eficiencia y diseño con bastante consistencia.
No lo compraría por impulso. Lo compraría por cálculo. Y cuando un coche te convence más por argumentos sólidos que por promesas, suele ser una decisión que envejece mejor con el tiempo.
Precios
OMODA 7 SHS Pure
– Precio máximo recomendado (sin programa Auto+): 42.900 €
– Precio con descuento mínimo y programa Auto+: 36.150 €
OMODA 7 SHS Premium
– Precio máximo recomendado (sin programa Auto+): 45.900 €
– Precio con descuento mínimo y programa Auto+: 38.950 €
Campaña de lanzamiento
– OMODA 7 SHS Premium: 32.990 €
– Precio sin incluir programa Auto+ (–2.250 €)
Diseño/Estética
Calidad de acabado
Equipamiento de serie
Equipamiento opcional
Habitabilidad
Maletero
Motor/Refinamiento
Prestaciones
Consumos
Transmisión
Dirección
Frenos y neumáticos
Comportamiento
Calidad de rodadura
Relación valor-precio
8
El OMODA 7 SHS llega como uno de los SUV híbridos enchufables más ambiciosos del momento. Destaca por un diseño muy trabajado, con claras influencias de marcas premium. En el interior ofrece un ambiente tecnológico, con grandes pantallas y buenos acabados. El espacio es generoso, especialmente en plazas traseras y maletero. El sistema híbrido enchufable combina potencia y eficiencia con una conducción muy suave. Permite circular muchos kilómetros en modo eléctrico, ideal para el día a día. En carretera destaca por confort, aunque no es un coche especialmente deportivo. La tecnología es abundante, aunque con demasiada dependencia de la pantalla. El equipamiento es completo y el precio resulta competitivo con promociones. En conjunto, es un SUV muy equilibrado que apunta directamente a las marcas generalistas… y también a alguna premium.
Lo bueno
-
Diseño exterior muy conseguido, con presencia y guiños claros a marcas premium.
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Sistema híbrido enchufable potente y eficiente, con buena autonomía eléctrica.
-
Tecnología destacada: doble pantalla y procesador Snapdragon 8155 rápido y fluido.
-
Buen nivel de confort y aislamiento, con sensación de coche bien asentado en carretera.
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Relación precio/equipamiento competitiva frente a rivales europeos equivalentes.
Lo mejorable
-
Excesiva dependencia de la pantalla para funciones básicas.
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Control por voz poco natural y mejorable en reconocimiento.
-
Falta de botones físicos que simplifiquen el uso diario.
-
Algunos detalles de acabado que no alcanzan el nivel de los premium a los que se aproxima en diseño.
-
Ajuste fino de chasis y tacto dinámico aún con margen de mejora para quien busque más implicación al volante.
Diseño/Estética
9Calidad de acabado
8Equipamiento de serie
8.5Equipamiento opcional
6Habitabilidad
7.5Maletero
8.5Motor/Refinamiento
7.5Prestaciones
8Consumos
7.5Transmisión
8Dirección
7.5Frenos y neumáticos
8.5Comportamiento
8.5Calidad de rodadura
8Relación valor-precio
8.58
El OMODA 7 SHS llega como uno de los SUV híbridos enchufables más ambiciosos del momento. Destaca por un diseño muy trabajado, con claras influencias de marcas premium. En el interior ofrece un ambiente tecnológico, con grandes pantallas y buenos acabados. El espacio es generoso, especialmente en plazas traseras y maletero. El sistema híbrido enchufable combina potencia y eficiencia con una conducción muy suave. Permite circular muchos kilómetros en modo eléctrico, ideal para el día a día. En carretera destaca por confort, aunque no es un coche especialmente deportivo. La tecnología es abundante, aunque con demasiada dependencia de la pantalla. El equipamiento es completo y el precio resulta competitivo con promociones. En conjunto, es un SUV muy equilibrado que apunta directamente a las marcas generalistas… y también a alguna premium.






















































