El pasado año 2025 se pude catalogar como el primero donde la transición ambiental de los vehículos ha cogido gran impulso, así lo demuestran las cifras de ventas, donde los híbridos enchufables ya se han posicionado como la opción preferida de los consumidores. El mundo de los eléctricos va cogiendo más fuerza a medida que pasa el tiempo, ganando terreno a la combustión tradicional, pero también a un rival que se presentó en su día para plantar batalla, pero que no acaba de arrancar. Ese es el nitrógeno.
La gran similitud que ofrecía el hidrógeno respecto a la gasolina y el diésel, hizo pensar a muchos que sería la alternativa más viable. Además del rendimiento parecido, los coches eléctricos planteaban un problema importante, el de la autonomía de sus vehículos. Sin embargo, mientras que los últimos han ido evolucionando, los primeros han ido quedándose rezagados. Uno de los problemas que se presentaba con el hidrógeno, era los elevados costes para la producción del combustible válido para los vehículos, pero con el tiempo se ha sabido que esta tecnología, no es del todo favorable para el medio ambiente y su impacto en el clima es mayor de los esperado.
La contaminación del hidrógeno
El motivo de la transición ecológica en la automoción es la contaminación ambiental y los niveles de CO2, las emisiones. En ese sentido, el vehículo híbrido es igual de eficiente que los coches eléctricos enchufables. El problema no viene en el resultado final, se produce durante la producción de los vehículos y las pilas de batería. El Consejo Internacional de Transporte Limpio ha sido claro en un informe publicado que ha evaluado las emisiones totales de un coche desde que comienza su fabricación hasta que acaba reciclado cuando ha llegado al fin de su vida. En este sentido, lo eléctricos de batería son los más respetuosos con el medio ambiente, los que menos CO2 emiten de principio a fin. En el caso de los vehículos de hidrógeno, se sitúan a niveles de loe vehículos híbridos, y los motivos, el combustible que se usa. La producción de hidrógeno, además de ser muy caro a día de hoy, genera grandes emisiones a la atmósfera.
El hidrógeno pierde fuerza
Aunque marcas como BMW, Toyota, y sobre todo Hyundai, no han cerrado las puertas de forma definitiva al hidrógeno, la fuerza inicial de esta tecnología se ha evaporado casi por completo. Además de los problemas ambientales, la infraestructura para el repostaje es escasa en toda Europa. La inversión para una estación de hidrógeno es muy elevada, y los beneficios que se pueden obtener en la actualidad son muy bajos. Además, requiere de medidas de seguridad complejas.
Todo ello supone un círculo vicioso difícil de romper, y aunque alguien se aventure a ello, deberá contar con un respaldo que supone un riesgo que pocos están dispuestos a asumir. Si no hay estaciones, nadie compra coches que no pueda repostar, y si nadie compara los coches, nadie abrirá estaciones. Los modelos a la venta son escasos y muy caros. Todo ello, sumando a las mejoras de los coches eléctricos, han dejado a esta opción en una situación muy complicada.
El futuro del automóvil
Pero no hay que descartar que todo pueda cambiar en los próximos años. A medida que se acerque el fin del diésel y la gasolina, que aún le quedan muchos años de vida, podría ser el momento en comenzar a explotar realmente esta nueva forma de combustible. Como hemos mencionado, estos vehículos son los que más se parecen a los coches de toda la vida, siguen siendo los preferidos de una sociedad que se ha visto obligada a cambiar a tendencias más limpias. Pero llegado el momento, poder volver a este tipo de vehículos, podría ser un gran atractivo para un público que, en estos momentos, no tiene muchas más opciones.





