Aunque su implementación va a un ritmo más lento de lo que se esperaba en un inicio, la apuesta por el vehículo eléctrico va ganando, poco a poco, terreno en la carretera. Las importantes ayudas y sobre todo, las ventajas económicas, impositivas y de mantenimiento con las que cuentan este tipo de vehículos están haciendo que la tecnología eléctrica gane poco a poco peso en el parque móvil.
Según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), en marzo de este año se matricularon en España un total de 123 turismos y todoterrenos eléctricos, lo que representó un incremento del 251,43% respecto a marzo del año anterior, en que se registraron tan sólo 35. Puede no parecer mucho, sin embargo, si lo enfocamos desde el punto de que se parte desde algo nuevo, lo cierto es que no está mal…
Pese a las ventajas más que evidentes, todavía hay algunos aspectos del vehículo eléctrico que se resisten. Pese a los esfuerzos de dotar las ciudades de estaciones y puntos de recarga rápidos, que en tan sólo 20 minutos llenan un 80% la batería, casi la totalidad de los automóviles eléctricos que demandan asistencia en carretera lo hacen por problemas relacionados con la autonomía, vamos, se quedan a 0. No, no estamos preparados y si se ha hecho una inversión, esta ha sido mínima o ni siquiera se ha tomado la molestia de mantener las infraestructuras que en su gran mayoría están averiadas, rotas, cerradas o simplemente ocupadas por otros vehículos que curiosamente, no son eléctricos.
Concretamente, de las 645 asistencias técnicas realizadas por AXA Assistance, un 93,64% correspondieron al remolcado del vehículo eléctrico por un fallo en la batería. De estos casos, un total de 45 se resolvieron al instante con el Servicio de Reparación in Situ, al tratarse tan sólo de una incidencia en la recarga -lo cierto es que las averías son mínimas en comparación con las de los coches convencionales-.
Otros de los percances más comunes que sufren los vehículos eléctricos en la carretera están relacionados con el arranque, los fallos mecánicos o de motor y pinchazos de rueda. Además, por las características del vehículo y el bajo grado de conocimiento acerca de, por ejemplo, dónde se encuentra el punto de recarga más cercano, se registró también en 2014 un auge en la demanda de información.
Hay que subrayar que quedarte sin carga puede suponer una multa de 200 euros, al igual que sucede en el caso de quedarse sin combustible en un coche convencional.
Fuente | AXA
