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Cajas negras en coches: ¿En qué nos afectaría su uso?

Las cajas negras son uno de los elementos más polémicos de toda la historia de la automoción. Como concepto, la caja negra ha servido desde hace décadas para mantener un registro continuo de los diferentes “signos vitales” en los aviones, y en caso de accidente ayudaban a esclarecer sus causas. Estas cajas negras (que no son negras, sino de color naranja para poder encontrarlas fácilmente entre los restos de un accidente) registraban conversaciones, velocidad del aire, estado del motor y, en general, todo lo relevante y lo que se producía en cabina.

Las cajas negras en los coches también tiene su sentido porque en ellas podríamos registrar muchos datos, como por ejemplo la velocidad media en cierto período de tiempo, datos de aceleración y frenada, temperaturas de todos los líquidos del coche, y todas las mediciones que se nos ocurran, además de un registro de las horas de funcionamiento del motor, el tiempo atmosférico, la ubicación… y es entonces cuando nos paramos a pensar y decimos: “¿La ubicación?“.

Las razones de nuestro inicial rechazo a las cajas negras

En cuanto a las personas se nos menciona algo que nos hace pensar en control o espionaje, nos cerramos en banda completamente. Solo el hecho de pensar en que quede registrada nuestra actividad como, por ejemplo, salir de casa de noche para ir a dar una vuelta con el coche, saber exactamente la velocidad media que llevamos, la máxima, por dónde hemos pasado… nos hace pensar en que eso se va a utilizar en nuestra contra. Por tanto, en ese sentido las cajas negras no nos gustan.

Son un elemento impuesto desde fuera. Aunque no está demasiado claro aún que llegue a imponerse en España, sí son habituales en los Estados Unidos, y en el Reino Unido hay intenciones de obligar a los fabricantes de coches a que las incluyan de fábrica. Se impone desde las aseguradoras, que amenazan con elevar las primas de los seguros todo lo que haga falta para convencer a los conductores, y por tanto forzar a los fabricantes a que instalen estos elementos.

caja negra

Cualquier cosa impuesta está claro que va a chocar con nosotros, porque aunque objetivamente podamos pensar que una caja negra, e incluso una cámara integrada como la que nos provee diariamente de vídeos de rusos haciendo “rusadas”. Puede ser interesante para esclarecer accidentes, e incluso denunciar conductas irresponsables y peligrosas, en el fondo nos parece que los límites están muy difusos. ¿Quién puede acceder a esos datos? ¿En qué circunstancias? ¿Dónde está la frontera entre un uso razonable de los datos recogidos, y el abuso por parte de aseguradoras y autoridades?

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Veamos lo siguiente, se sabe que los conductores con cámara instalada en su coche (hablamos de otros países) son más prudentes que los que no la llevan. Que la siniestralidad asociada disminuye y que su comportamiento en general mejora, con respecto a quienes no tienen esa cámara. ¿Por qué será? Por la sensación de control sobre sus actos. Saben que si pasa algo se va a examinar el registro de la caja negra, y se va a saber si el conductor tuvo culpa o responsabilidad en el suceso, y por tanto van con más cuidado.

Las principales razones para odiar las cajas negras son el síndrome del Gran Hermano, esa idea que tenemos en nuestras mentes de que, si les dejasen hacer, estaríamos espiados, controlados y sometidos sin posibilidad alguna de escapar de ello. Para muchas personas, colocar una caja negra en su coche es el equivalente a tener un policía vigilando sus pasos a diario, cada hora.

car recorder

Si no tienes caja negra, pagas más seguro, o directamente no lo tienes

La tendencia en el Reino Unido es esta: o bien aceptas la caja negra, la instalas y pagas un seguro a precio normal (ahora se estila la bonificación para captar usuarios con caja negra), o bien pagarás todo lo que la aseguradora quiera cobrarte por no llevarla. Aquí, desde el punto de vista de las aseguradoras, es lícito porque esgrimen el argumento de que “si no llevas caja negra no tendremos pruebas de quién fue responsable“.

Lo que está claro es que el paso de no tener cajas negras, a que todo el mundo las tenga, no será muy rápido. Habrá que ir convenciendo poco a poco a los conductores, y seguro que a quien más le va a costar dar el paso será a los conductores más desconfiados por la razón que sea.

Es obvio que las razones pueden ser desde simple desconfianza sobre la privacidad de esos datos (quién tiene acceso y quién los examinará), pasando por el rechazo a las normas impuestas y llegando al extremo de que los conductores más irresponsables no van a querer ese control.

Podemos estar seguros de una cosa, y es que para una compañía aseguradora esto es ideal, una utopía que se va a hacer realidad: conseguir cobrar a los conductores según el riesgo real que suponen, y además podrían cambiar casi en tiempo real los precios de las cuotas del seguro según vayan examinando los datos recogidos. Si este semestre aumentaste tus riesgos por tu comportamiento, pagas más. Y se terminó eso de calcular las cuotas un poco “a ojo de buen cubero”. ¿Qué os parece esta perspectiva?

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