Stellantis ha cerrado 2025 con números que duelen mucho tanto al grupo como a sus accionistas.
El grupo automovilístico ha confirmado unas pérdidas anuales por valor de 22.300 millones de euros, un golpe considerable para una compañía que, desde su creación en 2021, no había terminado un ejercicio en negativo.
La parte más cruda llegó en la segunda mitad del año: pérdidas netas de 20.100 millones y un resultado operativo también en rojo, con -1.400 millones. Aunque el margen operativo ajustado se situó en el -1,7%, dentro de lo previsto por la propia empresa, el mensaje es claro, las cuentas se han resentido por la toma de unas decisiones estratégicas que no han salido como se esperaba –la traducción es que apostaron todo a la electrificación y nadie ha comprado sus eléctricos-.
Detrás de este descalabro hay un ajuste masivo de valor —más de 25.000 millones— ligado principalmente a previsiones demasiado optimistas sobre la velocidad de adopción del vehículo eléctrico.
Stellantis ha tenido que recalibrar su hoja de ruta. Para empezar se han cancelado proyectos o se han retrasado. No vamos a ver la Ram eléctrica que nos prometieron ni tampoco más modelos eléctricos de Alfa Romeo –al menos por ahora-. También han sufrido con los recortes en la cadena de suministro y hasta por el tema de las garantías por sus ya conocidos problemas de calidad. A esto se suman unos 6.500 millones en pagos en efectivo que irán saliendo entre 2026 y los años siguientes.
Antonio Filosa, al mando de la compañía, ha empezado a deshacer parte de la estrategia heredada de su antecesor, Carlos Tavares. El enfoque ahora pasa por algo menos dogmático:, ofrecer una gama completa donde convivan eléctricos, híbridos y motores de combustión, en lugar de apostar todo a una sola carta.
Aun así, no todo son señales negativas. En la segunda mitad del año, los ingresos crecieron un 10% hasta los 79.200 millones de euros y las entregas subieron un 11%. Filosa habla de “primeros indicios” de mejora, apoyados en nuevos lanzamientos.
Geográficamente, el panorama es bastante raro. Europa se ha complicado con pérdidas operativas ajustadas de 660 millones, con el lastre añadido de campañas como la retirada de airbags defectuosos o los motores Puretech. Las ventas de marcas como Peugeot, Fiat u Opel apenas se movieron, y los márgenes siguieron en terreno negativo.
En Norteamérica, aunque también hay pérdidas (941 millones), la situación mejora respecto al año anterior. El margen negativo se ha reducido, señal de que algunos ajustes empiezan a surtir efecto. En paralelo, Stellantis ha reintroducido motores tradicionales como el Hemi V8 en pickups y SUV grandes.
El mercado, por ahora, se lo toma con calma. Tras el desplome del valor de sus acciones de cerca del 25% cuando se anunciaron los ajustes, la cotización se ha estabilizado. Los inversores ya daban por descontado el golpe.
El caso de Stellantis no es aislado. Buena parte de la industria ha sobreestimado la rapidez con la que los consumidores iban a pasarse al eléctrico. El resultado ha sido más que claro, miles de millones en recortes en fabricantes como General Motors, Ford, Honda o Porsche. El ajuste colectivo se acerca a los 50.000 millones.
De cara a 2026, la compañía espera volver a crecer aunque deberemos espera al 21 de mayo, cuando se produzca el encuentro con los inversores en Estados Unidos. En esa fecha Filosa dará más detalles de cómo piensa hacer que el grupo vuelva al lugar que ocupaba.