Habitabilidad
Una de las virtudes del renovado i40 está en su espacioso habitáculo en el que cuatro adultos viajarán con holgura y un quinto invitado no irá tan apretado como en otras berlinas de la categoría. Todo esto acompañado de un maletero con una capacidad que arranca en los 505 litros, un dato más que correcto.
En las plazas delanteras la sensación de desahogo es generosa gracias a una anchura muy buena y una altura libre al techo amplia. El puesto de conducción resulta cómodo, todos los mandos quedan muy a mano y tanto el asiento como el volante disfrutan de múltiples regulaciones para poder encontrar una postura al volante cómoda en pocos segundos.
En las posteriores lo mejor es la cota longitudinal que hará que los adultos más altos no rocen con las rodillas en los respaldos delanteros. Estos ocupantes disfrutan de salidas de aire independientes, apoyabrazos central y cristales tintados que reducen la entrada de sol en días calurosos. El mullido de la banqueta es cómodo.
Motor
La actual gama de motores del i40 es bastante limitada. En gasolina tan sólo se puede adquirir con el 1.6 GDI de 135 CV que hace un papel correcto como acceso pero que se queda un tanto escaso de potencia en cuanto se aprovecha su espacioso habitáculo. Además los consumos son muy sensibles al tipo de conducción, no resultando frugal si se busca un poco de alegría en aceleraciones.
En diésel el escalón de acceso es el conocido 1.7 CRDI de 115 CV que en combinación con la caja de cambios manual de seis velocidades tiene un andar suficiente gastando poco combustibles. Es una alternativa atractiva cuando el factor precio tiene mucha importancia pero, si es posible, es mejor dar el salto al renovado 1.7 CRDI con 141 CV que por 1.200 € adicionales presenta un andar más vivo.
Precisamente el diésel más potente es el que he podido probar a fondo y lo cierto es que desde el primer minuto destaca por la suavidad de funcionamiento, sin vibraciones ni el clásico sonido a “diésel” que hasta hace no mucho presentaban los motores de la marca. Con la actualización parecen haber trabajado en estos aspectos y han conseguido un elevado refinamiento mecánico.
Si en parado apenas se percibe, en marcha ocurre lo mismo a lo que hay que sumar una excelente calidad de rodadura que deja a muchas firmas Premium en evidencia. Ni los neumáticos, ni los espejos o el propio viento generan ruidos que puedan molestar en el habitáculo y a esto se suma un motor prácticamente imperceptible en todo momento. Ni apurando las marchas a un régimen elevado resulta molesto.
A pesar del aumento de potencia de este bloque (ha pasado de los 136 a los 141 CV), el i40 sigue estando algo escaso de energía cuando se aprovechan sus buenas posibilidades de carga. No destaca ni por aceleraciones ni a la hora de adelantar y eso que aquí, en esta unidad con la caja de doble embrague, reduce de manera muy rápida tantas velocidades como sean necesarias para sacar el máximo partido al motor.
Es una pena que Hyundai no haya pensado en introducir el estupendo bloque 2.0 CRDi que llevan los Tucson con 184 CV y que situarían al i40 entre las berlinas más equilibradas e incluso, si no se quiere tan arriba en potencia, el mismo 2.0 CRDI de 150 CV que equipan los Kia Sorento.
En lo relativo a los consumos no se pueden poner pegas, con unas cifras reales que rondan los 5,0-5,5 L/100 en un uso mixto. En carreteras secundarias por ejemplo es realmente fácil rebajar esa cifra y coquetear con los “cuatro y pico” mientras que en autovía a ritmos legales lo normal es obtener medias de 5,5 L/100. En ciudad no aumenta mucho el gasto y en el peor de los casos se acercará a los siete litros.




