El coche eléctrico gana en lo que a titulares se refiere, pero el diésel sigue ganando en la vida real. Esa es la foto sin filtros del parque automovilístico en España. Mientras el discurso público gira en torno a la electrificación, los datos cuentan otra historia mucho más terrenal, el país se mueve, sobre todo, con motores de combustión, y especialmente con diésel.
En total, en España circulan más de 31,7 millones de vehículos. De ellos, la inmensa mayoría son turismos, casi 26,8 millones, seguidos por 4,2 millones de vehículos comerciales ligeros, algo más de 620.000 camiones y apenas 64.000 autobuses. Es decir, el coche privado sigue siendo el rey absoluto de la movilidad.
Pero lo relevante no es solo cuántos vehículos hay, sino qué llevan bajo el capó.
Un país de diésel
El dato es contundente: el 57,1% del parque es diésel, con más de 18 millones de vehículos. La gasolina, con 10,5 millones de unidades, se queda en un 33,2%. Entre ambos suman más del 90% del total.
El mensaje es claro y contundente, España sigue siendo un país de combustión, pese a años de presión en la normativa y de mensajes institucionales que van totalmente en contra del gasóleo.
El diésel ha sido durante décadas la opción más eficiente para quien hace muchos kilómetros. Empresas, profesionales y particulares lo han convertido en la columna vertebral del parque y cambiar esto, aunque muy necesario, no va a ser inmediato.
La electrificación: en crecimiento contínuo pero desde muy abajo
Frente a ese bloque tradicional, las tecnologías alternativas avanzan, pero con muchos hándicaps.
Los híbridos convencionales ya alcanzan los 2 millones de unidades, un 6,6% del total, consolidándose como la puerta de entrada a la electrificación. Sin embargo, cuando se habla de coches enchufables, la cifra se reduce mucho.
Los vehículos electrificados (eléctricos puros e híbridos enchufables) suman 746.510 unidades, apenas un 2,4% del parque. Dentro de ese grupo, los eléctricos puros rondan los 348.000.
El coche eléctrico sigue siendo minoritario. Muy visible, sí, pero todavía lejos de ser dominante.
Un parque envejece y contamina
Otro dato que ayuda a entender la situación es el reparto por etiquetas medioambientales. Aunque esto del etiquetado es cosa de España y dentro de la UE no existe cosa igual, el reparto queda así:
- Etiqueta C: 37,7%
- Etiqueta B: 28,2%
- Sin etiqueta: 24,5%
- ECO: 7,3%
- CERO: 2,3%
Aunque los vehículos más antiguos (sin etiqueta) ya son menos de una cuarta parte, siguen representando millones de unidades en circulación. Y los vehículos con etiqueta CERO, los menos contaminantes –o eso nos cuentan-, apenas son testimoniales.
La brecha entre el discurso político y la realidad
Mientras las políticas públicas empujan hacia la electrificación, el mercado avanza a otro ritmo. El coste de los vehículos eléctricos, la infraestructura de recarga y la incertidumbre tecnológica siguen siendo barreras.

