El matrimonio entre Honda y Aston Martin ya ha echado a rodar con el estreno este jueves en Barcelona bajo una nube de dudas que los aficionados españoles no pueden ignorar. Fernando Alonso encara el que parece ser su último gran desafío en la Fórmula 1, pero lo hace atado a un socio que, históricamente, ha necesitado años de errores antes de encontrar el camino del éxito.
La historia no miente: Honda nunca ha ganado a la primera, y para un piloto que lleva midiendo su carrera en meses y no en décadas, este patrón es una señal de alarma difícil de ignorar.
Los recientes comunicados de la marca japonesa solo han servido para alimentar la incertidumbre. Mientras rivales directos como Ferrari y Mercedes acumulan cientos de vueltas en los primeros días de pretemporada, el nuevo socio de Aston Martin ha empezado a hablar de posibles problemas en la cámara de combustión interna. «La parte eléctrica progresa según lo previsto», explicaron a Motorsport. «Sin embargo, eso no ocurre con el motor de combustión interna».
Estas declaraciones de Koji Watanabe, presidente de Honda Racing Corporation, resuenan con un eco familiar para quienes recuerdan los tropiezos anteriores de la marca. El fabricante de Sakura tiene la costumbre de empezar sus proyectos a contrapié, obsesionada con sus propias ideas de diseño antes que con las necesidades reales de los equipos en la pista.
La tradición de Honda: años de roturas antes de alcanzar la gloria
Si echamos la vista atrás, el patrón del motorista del equipo de Fernando Alonso es casi matemático y siempre se ha basado en un aprendizaje lento y doloroso. En su regreso a los circuitos en los años 80, su unión con el equipo Spirit fue un desastre absoluto de fiabilidad. Cuando saltaron a Williams un año después, los ingenieros británicos sufrieron una pesadilla constante con los pistones y la temperatura del motor. Los japoneses enviaban piezas sin instrucciones claras, bajo la premisa de que el socio debía adaptarse a su motor y no al revés. Aunque ese ciclo terminó en un dominio legendario, el precio fueron tres temporadas de frustraciones que Alonso no se puede permitir a estas alturas de su vida profesional.
La cultura empresarial de Honda es rígida y, a menudo, choca con la velocidad que exige la Fórmula 1 moderna. Los nipones prefieren diseñar desde cero, ignorando a veces las soluciones que ya funcionan en otros motores para intentar imponer sus propios conceptos experimentales. Esta ‘cabezonería’ es lo que les ha dado victorias históricas, pero también lo que les ha llevado a perder años enteros en desarrollos que nacieron muertos. Para Fernando Alonso, la esperanza de que 2026 sea un año de victorias inmediatas choca frontalmente con esta realidad de un ADN que necesita tiempo para madurar.
La pesadilla con McLaren todavía escuece: cuando Honda subestimó la Fórmula 1
Es imposible hablar de esta nueva alianza sin recordar el fracaso estrepitoso de 2015. En aquel momento, antes de su exitosa relación con Red Bull, Honda subestimó la tecnología híbrida y entró en la competición con un motor que no estaba a la altura. El error no fue solo de potencia, sino de concepto. Decidieron diseñar una unidad de potencia sin considerar la experiencia previa de sus rivales, lo que provocó una ausencia total de competitividad que duró tres años y terminó en un divorcio traumático con McLaren. Aquella herida todavía está presente en la memoria del asturiano, que ahora vuelve a ponerse en manos de quienes le obligaron a rodar en el fondo de la parrilla durante temporadas decepcionantes.
Incluso cuando Honda ha logrado fabricar un motor ganador, su cúpula directiva ha demostrado una volubilidad peligrosa. En 2008, en plena crisis financiera, los ejecutivos nipones cerraron su equipo de un día para otro, justo cuando habían diseñado un coche capaz de ser campeón. Aquel monoplaza terminó ganando el mundial como Brawn GP con motores Mercedes, demostrando que Honda no siempre sabe gestionar sus propios éxitos ni tiene la paciencia necesaria para recoger lo que siembra. Esa inestabilidad en los despachos de Tokio es otro factor de riesgo para un proyecto que, como el de Aston Martin, necesita una calma que la historia de Honda rara vez ha ofrecido.
El factor tiempo es el principal enemigo de Fernando Alonso
Red Bull llegó a ganar porque recogió los frutos de años de múltiples experimentos y errores que Honda pagó previamente con otros equipos. Sin embargo, para el nuevo reglamento de 2026, la marca ha tenido que reconstruir parte de su estructura tras un anuncio de retirada que luego decidieron cancelar. Esta falta de continuidad operativa es lo que ha provocado los retrasos que ya se comentan en el paddock. Si el motor de combustión y la parte eléctrica no nacen bien sincronizados desde el primer día, el proceso de ajuste llevará temporadas enteras, un tiempo que el cronómetro vital de Fernando Alonso no puede conceder.
Alonso es plenamente consciente de que el cronómetro no perdona. En una de sus reflexiones más sinceras al cierre de 2023, admitió que el final está cerca: «Sé que no me quedan diez años, sé que estoy en el último capítulo de mi carrera deportiva. Por eso, cada carrera y cada año cuentan mucho más ahora». Esta urgencia es el gran escollo del proyecto con Honda. Mientras los ingenieros japoneses suelen pedir ciclos de calma para que sus diseños maduren, el asturiano ha dejado claro que no tiene tiempo para esperar a que otros aprendan. Para él, el éxito en 2026 tiene que ser inmediato -o casi- o no será.
A pivotal moment.
Marking the start of our works partnership with @HondaRacingF1 in Tokyo. pic.twitter.com/8Pdx6WpCCP
— Aston Martin Aramco F1 Team (@AstonMartinF1) January 22, 2026
La llegada de Adrian Newey a las filas de Aston Martin es el único argumento sólido para mantener la esperanza, pero ni siquiera el mejor ingeniero del mundo puede ganar carreras si el motor que lleva detrás es frágil o carece de la potencia necesaria. El pasado de Honda nos enseña que su éxito es un maratón de largo aliento, nunca un sprint. Para un piloto que está en los últimos metros de su carrera, confiar en que esta vez los japoneses rompan su tradición y ganen desde el primer momento es una apuesta de alto riesgo. El peligro real no es que Honda no gane nunca, sino que logre ser competitiva cuando Fernando Alonso ya no esté sentado en ese cockpit.
El proyecto de Aston Martin y Honda nace con una ambición desmedida, pero la realidad de los circuitos suele ser mucho más terca que los deseos de los patrocinadores. Si en las pruebas de pretemporada el motor vuelve a dar señales de fragilidad o falta de rodaje, se confirmará que los nipones siguen atrapados en su propio ciclo de inicios tardíos. El éxito de Alonso está condicionado a que Honda rompa su propia historia. En 40 años, la marca rara vez ha dado con la tecla a la primera, y el asturiano no tiene margen para esperar a que los japoneses aprendan de sus errores.
Los nipones tendrán un papel importante. Quiere resultados rápidos. Su relación pasada con Alonso fue complicada, aunque ahora las partes dicen mirar hacia adelante. En esas, el fabricante japonés sabe que Fernando Alonso sigue siendo la pieza central de un proyecto en el que su experiencia en el desarrollo de unidades híbridas es uno de los grandes atractivos de la nueva alianza. Quizá esta vez…





