En plena fiebre por lo eléctrico, donde parece que si un coche no lleva enchufe está condenado al olvido, Mazda va a su bola –como siempre, que esto no es nada nuevo-.
En esta ocasión no es postureo y es que hablamos de un modelo como el MX-5, el roadster más vendido de la historia y un modelo que es demasiado importante como para convertirlo en otro electrodoméstico con ruedas.
La marca japonesa lo sabe, y por eso está buscando una salida que no mate su esencia. Su última idea suena casi a rebeldía: combustibles sintéticos para seguir usando motores de gasolina sin remordimientos.
El nuevo Miata se hace de rogar
El próximo MX-5, conocido como generación NE, no llegará mañana ni pasado. De hecho, desde Mazda ya avisan de que todavía falta bastante para conocerlo. No es que estén dormidos en los laureles, es que están en un lío bastante grande ya que no tienen claro qué motor montar.
El problema es el de siempre. Las normativas de emisiones aprietan cada vez más, sobre todo en Europa, y obligan a electrificar. Pero claro, electrificar un MX-5 es casi como meterle pesas a un atleta y hacerle subir puertos de montaña corriendo.
Si alguna vez has montado en uno sabes que el MX-5 no va de cifras ni de potencia bruta. Va de sensaciones. Y eso depende, en gran parte, de que el coche sea ligero. Para que te hagas una idea, un MX-5 de acceso de la generación ND ronda los 1000 kg.
Electrificar sí… pero sin cargarse el juguete
Mazda no descarta meter algo de electricidad en la ecuación. Sería lo más lógico para cumplir con las normativas. Pero tampoco están especialmente emocionados con la idea.
Incluso los sistemas híbridos suaves, que en otros coches pasan desapercibidos, aquí son un problema. Añaden peso, complejidad y, en cierto modo, diluyen esa conexión directa entre coche y conductor que define al MX-5.
La alternativa que suena a salvavidas: la gasolina sintética
Aquí es donde Mazda se saca un as de la manga. Su equipo de I+D en Europa plantea una solución que, sobre el papel, es perfecta: combustibles sintéticos neutros en CO₂.
La idea es bastante simple: seguir usando motores de combustión de toda la vida, pero alimentados con un combustible que no aumente las emisiones netas. Resultado: mismo sonido, misma respuesta, mismo peso… pero sin el castigo ambiental.
Para un coche como el Miata, que vive de su pureza mecánica, tiene todo el sentido del mundo. No hay baterías pesadas, no hay sistemas complicados, no hay filtros que estropeen la experiencia. Solo coche y carretera.
El problema, claro, es que esto ahora mismo es casi ciencia ficción. No hay infraestructura real para estos combustibles y señores, no la va a haber. Puedes tener la idea perfecta, pero si no hay dónde repostar, se queda en un bonito PowerPoint del departamento de ingeniería.
Europa ya ha obligado a Mazda a mover ficha
Mazda ya ha probado lo que significa enfrentarse a las normas europeas. Hace poco tuvo que retirar el motor 2.0 litros del Miata en el continente porque no cumplía con la normativa. Desde entonces, el modelo se ha quedado con el 1.5 litros que sinceramente, a mi es el motor que más me gusta y que más cuadra con la esencia del MX-5.
Mientras tanto, los ingenieros siguen afinando los motores actuales como si fueran relojes suizos, buscando exprimir cada gramo de eficiencia. Mejoras en la combustión, en el tratamiento de gases, en todo lo que pueda ayudar a que sobrevivan un poco más.
Porque sí, el motor atmosférico está en peligro de extinción, y Mazda lo sabe.
Más potencia no siempre es mejor (y Mazda lo tiene claro)
En algún momento se habló de montar un motor más grande, el nuevo Skyactiv de 2.5 litros. Sobre el papel suena bien ya que nos dá más potencia y más todo pero en la ecuación del MX-5, más no siempre significa mejor
Un motor más grande altera el equilibrio, afecta a la dirección y rompe esa sensación de coche ágil que ha definido al modelo durante décadas. Además, con la normativa Euro 7 asomando, meter un bloque mayor sería meterse en otro jardín de los grandes.
Mazda ha preferido no complicarse. El Miata no necesita ser más potente, necesita seguir siendo divertido.
El Miata del futuro seguirá siendo un Miata (o eso prometen)
A pesar de todas las dudas, hay algo que Mazda no quiere negociar. El próximo MX-5 mantendrá tracción trasera, cambio manual y un peso contenido. Es decir, seguirá siendo un coche para disfrutar conduciendo, no para presumir de tecnología.
El lanzamiento todavía queda lejos. Sin prototipos a la vista, lo lógico es pensar que faltan al menos un par de años para verlo, y alguno más para tenerlo en el concesionario.
Pero casi mejor así. Si algo funciona, no hay prisa por cambiarlo.

