- El padre del iPhone dice sin rodeos que las pantallas táctiles en los coches son "la tecnología equivocada", y cuando lo afirma el tipo que popularizó el invento, el argumento de las marcas se tambalea de golpe.
- Lo que muchos sospechaban ahora tiene nombre y apellidos: los fabricantes no montan pantallas gigantes porque sean mejores, sino porque son baratas y les ahorran cientos de euros en botones y módulos específicos.
- Si alguna vez has ido a 120 km/h buscando en un submenú cómo desempañar la luneta, esto te toca de lleno, porque alguien con autoridad acaba de poner palabras exactas a tu frustración.
- El nuevo Ferrari que ha diseñado junto a Ive es la prueba de que hay otra forma de hacerlo, y su planteamiento merece una lectura con calma.
Si alguien tiene autoridad para hablar de pantallas táctiles, ese es Jony Ive. El tipo que diseñó el iPhone, el iPad y media vida digital moderna. Pues bien, resulta que el mismo hombre que nos enseñó a tocarlo todo con el dedo piensa que llenar los coches de pantallas es, básicamente, una mala idea.
Y no lo dice un hater de la tecnología ni un nostálgico de los botones, lo dice el creador del invento que provocó esta moda.
“Nunca habría usado una pantalla táctil para controlar un coche”
Así, sin rodeos. Ive ha explicado que la pantalla táctil nació para resolver un problema muy concreto en el iPhone, el de sustituir decenas de botones por una interfaz flexible que pudiera ser muchas cosas a la vez. En un coche, el problema es otro muy distinto.
Conducir no es scrollear. Conducir exige no apartar la vista de la carretera. Y una pantalla táctil, por muy bonita que sea, te obliga justo a eso, a mirar.
Por eso, según Ive, usar el tacto como interfaz principal en un coche es “la tecnología equivocada”. No porque sea mala, sino porque no encaja con el contexto.
De solución inteligente a moda absurda
Ive cree que las pantallas en los coches no se han impuesto por ser mejores, sino por ser modernas. Primero un poco de touch “porque queda futurista”. Luego una más grande. Luego otra aún mayor, hasta convertir el salpicadero en un cine en formato panorámico.
El resultado son coches que quedan espectaculares en las fotos y un poco desesperantes en el día a día. Menús infinitos para subir el volumen, climatizadores escondidos y conductores jugando al “a ver dónde estaba esto” mientras circulas a 120 km/h. Y ojo, porque cuando ya te sabes la ruta que hay que seguir en los menús para desempañar la luneta, llega una actualización y ¡zas!, a volver a empezar.
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El nuevo Ferrari Luce, diseñado con la participación de Ive, es justo lo contrario de esa tendencia. Sí, tiene pantalla. Pero una. Y bien pensada. El resto son botones físicos, interruptores con personalidad y mandos que puedes usarse sin mirar.
Cada control se siente diferente. Literalmente. La idea es que tus dedos sepan lo que están haciendo aunque tus ojos estén donde deben estar. No es romanticismo analógico. Es ergonomía básica.
Cuando el creador del problema señala la solución
Lo interesante de todo esto no es solo lo que dice Jony Ive, sino quién lo dice. Muchas marcas justifican sus pantallas gigantes hablando de innovación. Pero cuando el diseñador que popularizó el tacto afirma que en los coches se ha aplicado sin pensar, el argumento empieza a perder el equilibrio.
Yo por ejemplo pienso que las pantallas han llegado para quedarse pero que la gente no las termina de ver tampoco Personalmente creo que los fabricantes las montan porque son baratas y universales ahorrándose cientos de euros en botonerías y módulos específicos para cada coche.
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