El nuevo Audi RS 5 llega con una carta de presentación poco habitual en la división más radical de la marca: es el primer híbrido enchufable firmado por Audi Sport. No es un simple cambio de etiqueta. Aquí hay un replanteamiento técnico profundo que afecta a la manera en la que entrega la potencia, cómo la gestiona y, sobre todo, cómo la pone en el asfalto.
Hablamos de 470 kW (639 CV), 825 Nm de par y hasta 84 km en modo eléctrico. Cifras que ya dicen bastante, pero que no explican lo realmente interesante: la arquitectura mecánica que hay detrás.
Un sistema híbrido pensado para rendir, no para cumplir
Audi no ha metido un motor eléctrico para rebajar emisiones y ya está. El esquema del RS 5 está diseñado como un conjunto de alto rendimiento desde el minuto uno.
La base es un V6 2.9 TFSI biturbo de 510 CV, revisado en profundidad. Trabaja con un ciclo Miller modificado, lo que permite mejorar la eficiencia en carga parcial sin sacrificar respuesta. Aquí no hay lag que valga: los dos turbocompresores de geometría variable y un sistema de admisión más corto hacen que el motor responda casi de inmediato.
A eso se suma un motor eléctrico de 130 kW (177 CV) y 460 Nm, integrado en la caja de cambios. No actúa solo como apoyo, sino como parte estructural del rendimiento: entrega par instantáneo, rellena cualquier vacío del térmico y además elimina la necesidad de motor de arranque convencional.
El resultado es una entrega combinada de 639 CV con una respuesta mucho más inmediata que en un RS tradicional. El 0 a 100 en 3,6 segundos es casi anecdótico; lo relevante es cómo empuja desde cualquier régimen.
La batería, de 25,9 kWh, permite circular en eléctrico con solvencia, pero también está pensada para alimentar los sistemas dinámicos.
El punto clave: un quattro completamente nuevo
Aquí está el núcleo de la jugada. El RS 5 estrena un sistema de tracción que cambia las reglas.
Por un lado, un diferencial central con precarga permanente. Esto significa que siempre hay un cierto grado de bloqueo, incluso sin carga. El coche mantiene tensión entre ejes, lo que mejora la entrada en curva y reduce el subviraje cuando levantas el pie.
Pero lo realmente interesante está detrás.
El eje trasero incorpora un sistema de vectorización de par electromecánico. No es un diferencial autoblocante convencional ni un sistema basado en frenos. Aquí hay un motor eléctrico dedicado, engranajes específicos y un diferencial capaz de repartir el par entre ruedas de forma activa.
La centralita recalcula el reparto cada 5 milisegundos (200 Hz). Y puede aplicar diferencias de hasta 2.000 Nm entre las ruedas traseras en apenas 15 milisegundos.
Eso permite algo que antes era complicado en un coche de producción: ajustar el comportamiento del coche en plena curva con precisión casi quirúrgica.
- Al entrar: estabiliza y evita movimientos bruscos
- En apoyo: mantiene la trayectoria con más precisión
- Al salir: manda más par a la rueda exterior para ayudar a girar
En la práctica, el coche gira mejor, tracciona más y se siente más ligero de lo que realmente es.
Cambio tiptronic y gestión del par
El RS 5 sigue utilizando una caja tiptronic de ocho velocidades con convertidor de par, pero aquí hay trabajo fino.
Las relaciones están muy juntas para mantener el motor en la zona óptima. Además, se han reducido inercias internas para mejorar la rapidez de cambio. No es una doble embrague, pero la respuesta está afinada para ser directa y consistente incluso bajo carga.
El reparto de par entre ejes puede variar desde un 70/30 hasta un 15/85. Es decir, puede comportarse como un tracción trasera en muchas situaciones sin perder la seguridad de la tracción total.
Suspensión y chasis: control fino
El chasis acompaña el planteamiento mecánico. No se trata de hacer un coche duro, sino preciso.
La suspensión RS utiliza amortiguadores de doble válvula. Esto permite controlar compresión y extensión de forma independiente. Resultado: menos balanceo, menos cabeceo y una respuesta mucho más rápida a cambios de carga.
El eje trasero ha sido rediseñado completamente para trabajar con la vectorización de par. La elastocinética (cómo se deforman los elementos bajo carga) está optimizada para mantener contacto constante con el asfalto.
A esto se suma una carrocería un 10% más rígida, dirección más directa (13:1) y frenos que pueden ser carbocerámicos, capaces de parar el coche desde 100 km/h en 30,6 metros.
El papel de la electrificación en la dinámica
La electrificación aquí no solo sirve para ir en silencio por ciudad.
El sistema eléctrico participa en varios niveles:
- Aporta par inmediato en aceleración
- Alimenta el sistema de vectorización trasera
- Permite mantener reservas de energía para modos deportivos
De hecho, en los modos más agresivos el sistema mantiene la batería por encima del 90% para asegurar que toda la parte eléctrica está disponible cuando hace falta.
Incluso la frenada está integrada en esta lógica, con un sistema brake-by-wire que combina regeneración y fricción de forma coordinada.
Modos de conducción: del silencio al derrape
El RS 5 puede funcionar como un híbrido tranquilo o como un coche claramente orientado al eje trasero.
El modo RS torque rear, por ejemplo, envía la mayor parte del par atrás y permite deslizamientos controlados en circuito. Aquí la vectorización trabaja para provocar el giro, no solo para corregirlo.
El modo RS sport, en cambio, busca máxima tracción y estabilidad lateral, manteniendo un comportamiento más neutro pero igual de rápido.
Y si necesitas un extra puntual, el modo boost libera toda la potencia durante diez segundos, ajustando automáticamente la transmisión para dar la máxima aceleración.












































































